Por Ernesto Buenaventura
El dato más
significativo de las elecciones chilenas, para convencionales constituyentes,
gobernaciones a intendencias, es la derrota escandalosa de la coalición que
sostiene a Piñera, como así también la vieja Concertación. Estos, además de
haber perdido varias gobernaciones, no alcanzaron el tercio de votos necesarios
para poder vetar lo que finalmente se resuelva en la Convención Constituyente.
Sin embargo, el dato
más importante de todos, que es el que expresa la tendencia general dentro del
movimiento de masas, ha sido el avance fenomenal de las candidaturas “independientes”,
como las que se organizaron a través de la Lista del Pueblo, cuyos candidatos y
candidatas prometieron rechazar a los
partidos políticos y alcanzar un
Estado ambiental, igualitario y participativo. Ayer, 27 de sus representantes
–entre ellos, la “tía Pikachú”- consiguieron un cupo en la Convención,
posicionándose como una de las principales fuerzas de la nueva asamblea. (La
Tercera, Chile, 17 de mayo)
Este mismo medio
indicaba, que mientras en Chile Vamos se
comenzaba a calibrar la derrota, que compromete el escenario presidencial, el
Mandatario señaló que "no estamos sintonizando con las demandas de la
ciudadanía" y se declaró en estado de reflexión. Ahora en el oficialismo
se presiona por un cambio de rumbo que puede incluir un nuevo ajuste en el
gabinete. (La Tercera, Chile, 17 de mayo)
Más allá de la coherencia o no de las posiciones políticas de
los y las “independientes”, estos y estas conquistaron una gran cantidad de
adhesiones, porque de una u otra manera expresaron la bronca obrera y popular y
la necesidad de cambiar, en serio, la actual institucionalidad semi
pinochetista, que se cae a pedazos golpeada por la crisis y las luchas obreras,
como la última huelga de los portuarios.
La Convención Constitucional no resolverá nada, porque continuará gobernando quien perdió de manera escandalosa, y porque en ese espacio estarán representados partidos patronales de la oposición, como los que provienen del viejo PC, que pretenden
imponer una política de recauchutaje de un régimen que debe ser tirado a la
basura por el movimiento de masas, a través de la única herramienta que sirve
para concretar esa tarea, la movilización.
La izquierda revolucionaria debe aprovechar
este avance cualitativo de la crisis en las alturas, no para alentar la
confianza en una institución cuyo único objetivo es cambiar algo para que nada cambie,
sino para impulsar con más fuerza que antes, la construcción de las
herramientas del poder obrero y popular -asambleas, cabildos, etc.- que voten
las próximas medidas de lucha y se preparen para gobernar, reemplazando –revolución
mediante- a las podridas instituciones del capitalismo semi-colonial chileno.
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