lunes, 31 de octubre de 2022
12 años atrás procesaban a nuestro compañero Juan Carlos Beica, por enfrentar al sionismo y apoyar al pueblo palestino
Luego del apoyo "crítico" en segunda vuelta, el PTS y otros grupos de izquierda siguen embelleciendo las figuras de Lula y del PT
Por Juan Giglio
Desde el PTS analizaron los resultados electorales de Brasil, haciendo eje en el “peligro” bolsonarista, cuando el que acaba de ganar las elecciones y se apresta a gobernar ha sido Lula. Coherentemente con el resultado, será este quien continuará aplicando los planes de la burguesía imperialista.
Compartimos el sentimiento de odio contra Bolsonaro de todos los trabajadores y jóvenes que hoy rechazaron a la extrema derecha, y se alegran por la derrota electoral de Bolsonaro. Al mismo tiempo, advertimos que no es posible enfrentar el bolsonarismo en alianza con la derecha, como lo hacen Lula y el PT. El de Lula será un gobierno que cederá mucho a la derecha. Es necesario preparar la lucha contra el bolsonarismo y la herencia golpista independientemente del gobierno, organizando la lucha desde las bases. (La Izquierda Diario, 31 de octubre)
El PTS, igual que la mayoría de la izquierda que se reivindica revolucionaria, ha llamado a votar a Lula “para derrotar al enemigo fascista”, -de manera directa o indirecta- viendo diferencias entre ambos candidatos, que en realidad no existen. Los dos representan políticas parecidas, aunque con formas distintas y actuando como agentes de potencias enfrentadas en la guerra comercial que está conduciendo al mundo a una guerra mucho más directa.
Por esa razón, Lula tuvo el apoyo directo de los imperialistas yanquis, a través de su actual jefe político, Josep Biden, mientras que Bolsonaro contó con la solidaridad de Xi Xin Ping y Vladimir Putin, ya que, hoy por hoy, Brasil es uno de los principales socios comerciales del imperialismo chino, que a su vez actúa en sociedad con sus pares de Rusia.
No existiendo ningún peligro de golpe de estado -ningún sector de la burguesía está jugando esa carta, mucho menos el ejército de Brasil- es incorrecto agitar el fantasma “golpista”, y, en ese marco, poner en el centro la necesidad de enfrentar al bolsonarismo, como plantean el PTS y otros grupos. ¡La tarea principal de los revolucionarios es comenzar a agitar la necesidad de seguir peleando contra el ajuste capitalista, que vendrá de la mano de Lula y su gobierno!
No hacer esto significará, más allá de las intenciones de los camaradas, generar expectativas en el nuevo gobierno, que como el resto de los populismos latinoamericanos, rápidamente entrará en crisis, ya que no resolverá ninguna de las demandas insatisfechas del movimiento de masas. La izquierda debe ubicarse, ya mismo, como enemiga mortal de Lula, sin regalarle ese espacio a la derecha burguesa, que, de lo contrario, capitalizará la ausencia de una política revolucionaria.
Lamentablemente, las organizaciones que
debería ocupar ese lugar, como el PTS, el PSTu brasilero y otras, al haberse atado al carro del lulismo, quedaron en muy malas condiciones de aparecer como una verdadera opción. Por esa razón, en Brasil hay
que comenzar a construir un nuevo partido revolucionario, de carácter obrero y
socialista, que no trance con la izquierda burguesa.
Brasil, ganó el "caballo del comisario"... Biden
Por Damián Quevedo y Juan Giglio
El balotaje en Brasil colocó como nuevo presidente a Lula da Silva, siendo esta su tercera presidencia, aunque en condiciones muy diferentes. El ajustadísimo margen de dos puntos por arriba de Jair Bolsonaro y la minoría en el parlamento, les presentan al PT y a su débil alianza un panorama más que difícil en un marco general de crisis económica mundial y la guerra entre potencias.
En los comicios del 2 de octubre, el Partido Liberal (PL) de Bolsonaro se había quedado con la mayor bancada del Congreso y en 2023 tendrá 99 asientos en la Cámara baja, mientras que la alianza liderada por el Partido de los Trabajadores (PT) de Lula contará con 80 representantes. Otra vez la clave será la negociación con el centrão, que tendrá 246 diputados (48% del total)[1].
Como ya señalamos, el voto a Bolsonaro no fue -en su mayoría- una acción de apoyo al programa del actual presidente, sino un voto de rechazo a lo que representa más abiertamente el populismo. El agotamiento político del progresismo brasilero muestra lo que continuará sucediendo en Argentina y el resto de América Latina, donde este tipo de alianzas ya entraron en crisis, como en Chile y Perú.
El proceso electoral brasileño fue, de manera distorsionada, una expresión de la lucha de clases. Decir esto puede parecer una perogrullada, pero el contexto internacional en el que ocurrió y la disputa que subyace detrás de ambos candidatos, le otorgan a esta elección una relevancia política fuera de lo común, porque se dan en medio de la la guerra comercial entre EE.UU. y China, en la que Brasil es uno de los principales mercados en disputa.
A contramano de lo que sostiene el relato progresista, Lula es el candidato de la embajada de EE.UU., mientras que el actual presidente, más allá de su verborragia anticomunista, cerró filas con el imperialismo chino, ya que, durante su mandato las inversiones de este país se multiplicaron en términos históricos. Ese alineamiento lo llevó al “fascista” Bolsonaro a apoyar la invasión rusa a Ucrania.
La cercanía de
Bolsonaro con Putin en el contexto de escalada de guerra en Ucrania y el
crecimiento de grupos radicalizados en Latinoamérica. En ese marco, sin chances
de la candidata neoliberal clásica Simon Tebet, EEUU se apoyaría en Lula que ya
tuvo buenas relaciones con Bush y Obama[2].
Estados Unidos siguió de cerca y con sumo interés las elecciones en Brasil, y aunque nadie de la Casa Blanca lo haya dicho en público, la posibilidad de un triunfo de Lula generaba la expectativa de un cambio de régimen político que permitiera revitalizar y afianzar el vínculo entre Brasilia y Washington, los dos aliados más poderosos del hemisferio. (La Nación, 31 de Octubre)
En el contexto guerrerista que recorre el mundo, algo que debería ser un proceso normal del funcionamiento institucional, como las elecciones presidenciales, se convirtieron en un reflejo inusual de las pujas inter imperialistas. Por esto, y no existiendo diferencias de fondo entre ambos candidatos, los socialistas revolucionarios llamamos al voto en blanco, en el mismo sentido que ante la guerra entre las grandes potencias, llamamos a la derrota de todos los bandos en pugna.
La izquierda debe convocar a la clase obrera brasileña, a
luchar desde el primer día del nuevo mandato, contra la política de Lula y su
alianza con el imperialismo yanqui, que significará, no tenemos dudas, la
continuidad del plan de ajuste y saqueo de los recursos que hoy lleva adelante
Bolsonaro.
domingo, 30 de octubre de 2022
La huelga de los camioneros rojos de Minneapolis, en 1934, un ejemplo enorme de organización obrera
Piquetes de autodefensa de los teamsters, un ejemplo concreto de cómo deben actuar los trabajadores frente a sus enemigos de clase
Texto de Bryan Palmer, escrito en 2014
88 años atrás se produjeron -durante siete meses- tres grandes huelgas de los "Teamsters", camioneros del estado de Minneapolis. Estas acciones, que fueron dirigidas por los trotskistas del SWP, Socialist Workers Party, sentaron las bases para un nuevo tipo de sindicalismo, dejando enseñanzas muy valiosas para los luchadores y las luchadoras que actualmente enfrentan a sus patronales, al gobierno y a la podrida burocracia sindical.
Muchos años después, un integrante del comité de lucha que condujo estas huelgas, sintetizó lo que para él fue el elemento central que les permitió encarar semejante combate contra la burguesía y sus instituciones: "Realmente, el poder del movimiento estaba en las bases, pero estas bases necesitaban de un liderazgo que las guiase. No me importa lo bueno que pueda ser un ejército si no dispone de un buen general".
Las batallas que se avecinan, en un marco general de ascenso que está empujando a las masas a insurreccionarse -Ecuador, Chile, Bolivia, Haití, Colombia, etc.- volverá a poner a la clase obrera argentina en un lugar de vanguardia. Sin embargo, no habrá manera de derrotar al nuevo gobierno, que apelará a políticas de engaño la represión, sin construir un "estado mayor" revolucionario capaz de conducir las luchas hacia victorias tácticas y estratégicas.
Las enseñanzas de los "Teamster", guiados por los trotskistas norteamericanos del SWP de James Cannon, Farrell Dobbs y George Novak, continúan vigentes. La nueva vanguardia debe tomarlas como propias, para encarar eficazmente la construcción de las asambleas, coordinadoras de base y piquetes de autodefensa que reclaman las actuales circunstancias. Por todo esto, reproducimos un artículo escrito por Bryan D. Palmer, quien es autor de Revolutionary Teamsters: The Minneapolis Truckers’ Strikes of 1934, Haymarket Books, mayo 2014 - Chicago:
Los camioneros revolucionarios
En la década de 1920 Minneapolis estaba dominado por la reacción, por la patronal anti sindical, que estaba organizada en la potente Alianza Ciudadana, creada en los años previos a la Primera Guerra Mundial. Esta Alianza elaboró una lista negra de los activistas sindicales, persiguió a los radicales y contrató espías, guardias de empresa y soplones. Las huelgas fueron aplastadas. Minneapolis era conocida como el paraíso de los esquiroles.
Los sectores radicales comprendieron la dimensión de su derrota. En la manifestación del 1 de Mayo de 1929 en Minneapolis sacaron a la calle un burro con un cartel que decía: "Yo y todos mis colegas estamos en venta". Sin embargo, a finales de 1934, Minneapolis era una ciudad controlada por el sindicato y la aparentemente todopoderosa Alianza Ciudadana había sido derrotada.
El sindicato general de conductores (General Drivers’ Union -GDU-), la organización local 574 de la International Brotherhood of Teamsters (IBT), fue el imprevisto motor de esta transformación en las relaciones de clase. Con menos de 175 conductores afiliados, dispersos en pequeños camiones y empresas de taxis de Minneapolis, en 1933 el GDU parecía cualquier cosa menos un útil militante para la movilización.
La dirección local de la sección local 574 era una burocracia anquilosada, hostil a cualquier acción militante. Dan Tobin, el presidente de Teamsters Internacional de Boston era un sindicalista acuñado al viejo estilo negociador de la Federación Americana del Trabajo (AFL). Reacio a convocar huelgas, elogiaba la respetabilidad y el buen ambiente en el sector, el "artesano" Tobin miraba por encima del hombro a los inmigrantes no calificados y a los trabajadores "de color" que trabajaban duro en puestos de trabajo no organizados, mal pagados, e inseguros.
Tobin hizo todo lo posible para aislar a los conductores de las corrientes radicales que merodeaban alrededor de los sindicatos desde hacía décadas. Una de esas corrientes tenía su base en Minneapolis. Al principio, a finales de 1920 y principios de 1930, parecía profundamente enterrada en los patios de reparto de carbón de la ciudad. Como eran pocos, estos militantes fueron rechazados por la burocracia de los Teamsters, excluidos del sindicato y acusados públicamente de "rojos" peligrosos.
Pero ellos decidieron constituir un comité informal, compuesto por apenas una docena de los conductores en su mayoría no sindicalizados y dedicados al transporte del carbón. Este fue el contingente rebelde que, a partir de estos inicios desfavorables, organizó y dirigió las huelgas de 1934 que cambiaron la correlación de fuerzas de clase en Minneapolis. La afiliación en el sindicato local 574 ascendió a siete mil y el sindicato se convirtió en una fuerza vigorosa. Encabezó la organización en once Estados atrayendo a decenas de miles de camioneros al el movimiento obrero, incrementando la afiliación nacional del IBT a quinientos mil personas a principios de los años 1940.
El brote revolucionario
El puñado de radicales que trazó este nuevo curso fuera un
grupo de revolucionarios. Entre ellos, algunas de las personas claves fueron
miembros de la IWW o del Socialist Party que, en desacuerdo con su evolución de
estas organizaciones ayudaron a la creación del Partido Comunistas en los años
1920. Sin embargo, el proceso de estalinización de la Internacional Comunista y
sus repercusiones en el interior del partido americano, les hizo sentirse
incómodos.
En 1928-1929, los disidentes de Minneapolis criticaron al PC alineado con la Unión Soviética, lo que les condujo a su expulsión, en masa , del partido por el que trabajaron duro en su construcción. Se integraron en un pequeño movimiento trotskista centrado en Nueva York llamado la Liga Comunista de América (CLA), que en 1938 pasó a llamarse Partido Socialista de los Trabajadores (SWP).
El CLA de Minneapolis estuvo liderado por Carl Skoglund, un socialista sueco que había emigrado a los Estados Unidos en 1911 después de organizar huelgas y un motín de soldados conscriptos, y Vincent Ray Dunne, probablemente el más "rojo" de Minnesota a lo largo de la década de 1920. Este dúo trotskista comprendió que la organización de la industria del transporte en Minneapolis era fundamental para la reactivación de la militancia obrera durante la crisis de la Gran Depresión.
Ellos sabían que la jerarquía oficial del IBT, implacablemente conservadora, no les ayudaría. Así que Skoglund, Dunne, y otros de la CLA se pusieron a trabajar por su cuenta. Hablando con sus compañeros del sindicato, estos militantes atrajeron a un pequeño número de trabajadores a su círculo íntimo. Extendieron las discusiones sobre las quejas y los descontentos de los trabajadores tanto a otros miembros del sindicato como a trabajadores no sindicados.
A partir de estos modestos inicios, comenzó a extenderse la conciencia de clase de que había una alternativa a la burocracia local del IBT. Ahora bien, todo se podía haber ido al carajo si este comité organizador se hubiera lanzado a convocar huelgas de forma precipitada llevando a los trabajadores a una derrota.
En efecto, cuando Dunne fue despedido de su trabajo en un almacén de distribución al término de la temporada de carbón de 1933, porque sus jefes estaban hartos de su actividad pública en las protestas de la gente en desempleo, hubo llamamientos a la huelga. Dunne y Skoglund sabían que durante la primavera (cuando la distribución de carbón quedaba reducida a nada) no era el momento para una confrontación con los jefes.
Los agitadores trotskistas continuaron su trabajo entre los camioneros. Consolidaron la relación con los trabajadores descontentos y, al mismo tiempo, desarrollaron una estrategia hábil para neutralizar a la burocracia local del IBT. En primer lugar, los militantes trotskistas cultivaron estrechas relaciones de trabajo con dos cuadros del IBT que no eran miembros de la CLA pero que eran combativos, para ganarlos a su perspectiva.
En segundo lugar, se aseguraron un puesto en Ejecutiva del sindicato local 574, consiguiendo que el hermano de Dunne lograra un cargo remunerado en el GDU local, donde incidió sobre la necesidad elemental de los trabajadores de prepararse para una posible huelga.
Como Farrell Dobbs señaló más tarde, "la táctica impulsada consistía en enfrentar a los trabajadores directamente con la empresa y atrapar en medio a los burócratas sindicales. Si éstos no reaccionaron positivamente, serían desacreditados". Todo esto puso contra las cuerdas a los dirigentes obreros conservadores, que se vieron obligados, al menos verbalmente, a desarrollar un sindicalismo de lucha de clases que, por otra parte, aborrecían. Esto, a su vez, alimentó la voluntad de cambio entre los trabajadores de la industria del transporte, tanto organizados como no organizados.
El resultado de todo ello fue que los 34 sindicalistas presente en el sindicato local 574 respaldó el voto para la huelga. Ahora bien, las reuniones promovidas por el comité organizador atrajeron a cientos de trabajadores combativos que exigían una acción militante, no las habituales y fofas marchas del IBT.
La primera huelga
Algunas de estas reuniones sindicales "alternativas" se programaron los domingos por la tarde, convencidos de que los burócratas del IBT no asistirían. Se discutió con los trabajadores sobre cuáles deberían ser las demandas de la huelga y se promovió la necesidad de luchar para obtener concesiones de la patronal.
Finalmente, la huelga se convocó durante la temporada fría, en febrero de 1934. Skoglund y Dunne comprendieron que, justo cuando las empresas tenían que suministrar el carbón para la calefacción de los clientes, los camioneros encargados de su reparto, constituía un buen punto de apoyo. El día de la huelga, los líderes militantes bloquearon sus camiones en los depósitos de carbón. Se eligió a los líderes de los piquetes, a los que se entregó una copia en la que estaban descritas las tareas y responsabilidades de los líderes de la huelga.
Dado el gran número de centros de trabajo repartidos por toda la ciudad, los piquetes tenían que ser móviles. Se requisaron camiones de carbón y automóviles para formar los "piquetes móviles". Se bloquearon los camiones de los esquiroles, se apoderaron de ellos y arrojaron sus cargamento en los barrios de la clase trabajadora; la gente acudía como carroñeros a hacerse con el carbón gratuito.
En cuestión de horas, 65 de las 67 depósitos de carbón así
como 150 distribuidoras de Minneapolis estaban cerrados. Todo el mundo, desde
los principales líderes de IBT a la patronal del carbón y las empresas de
transporte por carretera, estaban atónitos. Nadie pensaba que el efecto de la
huelga sería tan fuerte.
Los propietarios cedieron después de dos días y medio, y el GDU aceptó la victoria parcial en la que los salarios aumentaron modestamente. Lo más importante es que, durante la huelga, la patronal se vio obligada a reconocer al sindicato, algo que no había ocurrido en los últimos 20 años.
Organizarse para ganar
Entre las consecuencias de la huelga de febrero de 1934 está el que los revolucionarios de CLA se hicieron con el sindicato local 574. Habían ganado el respeto de los trabajadores en una batalla real contra la patronal. También dieron nacimiento a una corriente crítica en el seno del sindicato local del IBT, consolidando las relaciones con los pocos sindicalistas de los camioneros que, de verdad, querían extender el sindicalismo en Minneapolis y promover la lucha de clases. A partir de ahí, el CLA creó una infraestructura capaz de nutrir y apoyar a las bases militantes.
El resultado fueron dos huelgas en mayo y julio. Mucho más grandes y más prolongada que la huelga de febrero, que fueron planificadas hasta el último detalle. Pero los motivos eran distintos. El principal objetivo de estas luchas fue implantar un sindicalismo de nuevo tipo e inclusivo.
Para los militantes, una diferencia fundamental entre la burocracia IBT liderada por Tobin y el Sindicato de conductores de Minneapolis dirigido por la CLA fue que en las huelgas de 1934 se luchó integrando a todos los trabajadores de la industria. El sindicato local 574 se construiría a través de la lucha -tanto contra la patronal como contra los burócratas sindicales- integrando a todo el mundo que transportaba mercancías y cargaba camiones y productos elaborados en los mercados y en los almacenes de distrito de Minneapolis.
Para marginar aún más a sus oponentes moderados en la dirección, que no querían hacer nada con la mayoría de los sindicalistas en el sector del transporte, la dirección de la CLA constituyó una el "Comité de huelga de los 100", que puso en minoría a los burócratas de la GDU renuentes que aún quedaban. Ahora, los miembros de la CLA y sus abogados asesoraban a todos los pequeños -pero muy importantes- comités, en la organización y en la negociación.
La patronal y sus aliados se batieron duro, confiando cada vez más en la Alianza Ciudadana. El poder municipal y estatal se apresuró a alienarse del lado de la ley y el orden. El alcalde respaldó a una policía vengativa dirigida por un jefe totalmente determinado a aplastar a los trabajadores y, si fuera necesario, dispuesto a liquidar huelguistas y partidarios de la huelga en la calle. "Tenéis rifles, y sabéis como usarlos," instruía el jefe de policía Johannes a sus hombres en julio 1934.
Un dirigente de un piquete describió la carnicería de la policía en una batalla infame, inmortalizada como el "Viernes Sangriento": "Se volvieron locos. En realidad disparaban contra todo lo que se moviera... Seguían disparando hasta que todos los piquetes se escondieron o consiguieron refugiarse en alguna parte. ¡Oh, hablaban en serio".
Lo que contó el cronista de Meredel Le Sueur contenía una lírica más horripilante: "Los policías abrieron fuego. ... los hombres yacían llorando en el suelo con sangre brotándoles de las innumerables heridas de producidas por los perdigones. Cuando, instintivamente, se daban la vuelta para protegerse, les disparaban por la espalda. Ningún piquete estaba armado con algo más que un palillo de dientes."
El "Viernes Sangriento" murieron dos trabajadores: Henry Ness, huelguista, murió casi al instante acribillado de perdigones. John Bellor, desempleado que apoyaba la huelga, gravemente herido en los enfrentamientos, murió días después. En el funeral de Ness cuarenta mil personas marcharon por las calles de Minneapolis.
Para colmo de males, el gobernador Floyd B. Olson, a pesar de proclamarse amigo de los trabajadores, para completar una imagen cada vez más dramática, llamó a la Guardia Nacional para arrestar a los líderes de la huelga y ocupar las sedes de los sindicatos.
Los dirigentes de la huelga estaban preparados para una oposición de ese calibre. Desarrollaron una extensa red de inteligencia, con secretarias que trabajan para varias empresas que les anunciaban previamente cuales eran los planes de la patronal (los próximos pasos que iba la patronal). El sindicato lo copaba todo. Consiguieron un avión para publicitar la causa de los trabajadores con pancartas en el aire y un grupo de motociclistas adolescentes que trasladaban los informes de cómo iba la huelga a lo largo de todo Minneapolis.
Con el tiempo, la huelga de julio-agosto convirtió la lucha de clases en el drama central de la ciudad, dividiendo Minneapolis de forma irrevocable en dos campos: los pro huelga y los anti huelga. La dirección de la CLA comenzó a publicar un periódico diario, el Organizador, que contó en su comité de redacción con un experimentado cuadro trotskista de Nueva York.
El sindicato estableció su cuartel general en un garaje vacío. El "centro neurálgico" en este local de la huelga era un montón de teléfonos atendidos por voluntarios. A él llegaban llamadas de los líderes de los piquetes distribuidos en quince distritos de la ciudad, que describían las condiciones [en las que se desarrollaba la huelga] y, si era necesario, hacían llamamientos de solidaridad. Se utilizó una radio de onda corta para captar las comunicaciones de la policía. Después, Dunne y Dobbs supervisaban el envío de los piquetes.
Se organizó un economato. Los agricultores donaron comida para la cocina, que estaba equipada para alimentar a cinco mil trabajadores al día. Los cocineros se alinearon para preparar las comidas. Se improvisó un hospital en una parte de la sede para atender a los trabajadores y a quienes les apoyaban que resultaban heridos. Doctores y enfermeras simpatizantes trabajaron allí en sus horas libres. Se organizó a los trabajadores desempleados y se les nombró miembros honorarios de la GDU.
Una mujer de la armada auxiliar de mujeres atrajo a esposas e hijas, madres y tías. Todas ayudaron a construir el sindicato. Integradas en la lucha, estas mujeres servían comidas, bocadillos y café a los huelguistas; distribuían el periódico sindical, los fondos recaudados; se manifestaron ante el ayuntamiento e incluso lucharon, con palos en la mano, en los piquetes.
El sindicato local 574 también se convirtió en un modelo de procedimiento democrático y de debate abierto. Reuniones masivas convocadas periódicamente mantuvieron a toda la gente al tanto de la evolución de la huelga. Cuando tras la victoriosa huelga de 1934 se garantizaron las condiciones de pago del sindicato, los dirigentes trotskistas de la revuelta de los camioneros modificaron la escala de sueldos de quienes trabajaban en el sindicato local 574, garantizando que a los dirigentes sindicales se les pagaba no más de los que trabajan en la industria.
Al final, los trabajadores ganaron, y ganaron a lo grande. El sindicalismo salió reforzado en Minneapolis. Por supuesto, los salarios aumentaron y condiciones en el trabajo mejoraron. Pero, quizás lo más importante fue que los sindicalistas se vieron a sí mismos y vieron al mundo de forma diferente. Las posibilidades de lo que se podía lograr con la lucha colectiva y la solidaridad influyeron a partir de entonces en cómo entendieron sus vidas los trabajadores.
Los activistas de la lucha de clases y la Amenaza Roja
Todo esto enfureció a los jefes. El sindicato local 574 y
sus dirigentes trotskistas fueron vilipendiados en los principales periódicos.
El anticomunismo cubrió Minneapolis en 1934 como una niebla densa.
Sin duda, los responsables de alimentar la campaña contra la amenaza roja en la ciudad fueron la patronal y sus aliados socioculturales, pero los líderes sindicales conservadores como Tobin también contribuyeron a ello. Un huelguista escribió en el Organizador que como "miembro de la 574", él era "un indio Chippewa y un verdadero americano", "no un comunista", pero lamentó la forma en que ciertos líderes del IBT fueron echando "más leña al fuego " con su persistente acoso al rojo.
Un destacado miembro del sindicato local 574 fue Ray Rainbolt, un camionero de la Nacion Sioux que Dunne avaló para incorporarlo al sindicato. Rainbolt pasó a jugar un papel decisivo en las huelgas de 1934, sirviendo en varios comités cruciales y enfrentándose al gobernador Olson. A finales de la década de 1930, Rainbolt se unió al SWP y dirigió la Guardia para la defensa del sindicato (UDG). Este cuerpo se formó cuando los fascistas conocidos como los Camisas de plata amenazaron con organizarse en Minneapolis.
Las Camisas de plata comprendieron la importancia de infiltrarse en los entonces todopoderosos sindicatos, haciendo de ellos un nicho para el reclutamiento para la derecha y sustituyendo una visión del orden social basada en la lucha de clases por una visión basada en el racismo pernicioso y el antisemitismo. Rainbolt, que tenía experiencia militar en la Primera Guerra Mundial, entrenó a los sindicalistas de la UDG en la resistencia armada, capacitándolos en el caso de un ataque reaccionario que nunca se materializó.
Extender el significado de la lucha local
Minneapolis no fue el único punto caliente en la lucha de
clases de 1934. Otras huelgas, como las libradas por los trabajadores de Toledo
auto reparaciones y los estibadores de San Francisco, también constituyeron
luchas trascendentales. Estas luchas también estuvieron dirigidos por "rojos".
Pero sus dirigentes no estuvieron ni tan implantados en el entorno local ni en
su propio, y no obtuvieron un éxito comparable al de los trotskistas de
Minneapolis.
Las huelgas estallaron en Minneapolis en un momento en el que el movimiento obrero estadounidense estaba a punto de dar un paso adelante importante. En los cines de todo Estados Unidos, millones de personas vieron cortometrajes mostrando los trabajadores, la policía, y a los "adjuntos del Sheriff" reclutados por la Alianza Ciudadana luchando en las calles del barrio del mercado de Minneapolis. La clase trabajadora que acudía a las salas vio a los obreros de Minneapolis responder a la violencia no con la sumisión, sino con la resistencia.
En la “Battle of Deputies Run” del 22 de mayo, los huelguistas derrotaron o a los 1500 "adjuntos de Sheriff". Descrita como un conjunto variopinto de "vendedores, oficinistas, y golfistas patrióticos" lanzados furiosamente contra "dictadores rojos," la Alianza Ciudadana contra la huelga también incluía a jóvenes de la hermandad universitaria, matones a sueldo, playboys, y miembros de la alta sociedad, algunos de los cuales llegaron a los piquetes en pantalones de montar y sombreros de polo o botas de montar con tacos (que no es el mejor calzado para una pelea en callejuelas pavimentadas con adoquines).
Dos de ellos - el abogado de la Alianza Ciudadana, empresario local y pilar de la sociedad respetable de Minneapolis, Arthur Lyman, y un marginal "capitalista del tres al cuarto" en el sector del acarreo de madera, Peter Erath - sucumbieron a las heridas sufridas en un choque mortal con huelguistas hartos ya de la la brutalidad policial. Meridel Le sueur informó de un "mundo emergente ... que viene del pasado ... hacia el futuro... un punto en el que emerge violencia... y se incrementa hacia el futuro".
El líder de Trabajadores Mineros Unidos de América John L. Lewis vio la huelga de manera similar. Como escribió uno de los primeros biógrafos de Lewis, Saúl Alinsky, en 1947, cuando "La sangre corrió en [la calle] de Minneapolis" llegó el corpulento jefe, típico del sindicato minero, se sentó y tomó nota.
Lewis no era amigo de un sindicalismo militante, ni de organización obrera democrática pero, así y todo, era capaz de apreciar que el sindicalismo moribundo de la AFL necesitaba ser revitalizado. El Congreso de Organización Industrial (CIO), el sindicato de las grandes empresas, que Lewis impulsó poco después nació así de las ideas y actividades de los líderes de la CLA de Minneapolis y de las luchas que impulsaron sus militantes de base.
Un día de la dirección revolucionaria en los tribunales
No se podía permitir que el éxito de la revuelta de los trabajadores de Minneapolis en 1934 y logros sobrevivieran tras la Segunda Guerra Mundial. Está claro que la experiencia de trabajadores bajo el liderazgo de los trotskistas, pasando por encima de los patronos y de los burócratas sindicales y armándose en la Guardia para la defensa del sindicato ante la previsible amenaza fascista, llamó la atención de los poderosos oponentes.
Dado que a finales de 1930 estos trabajadores trasladaban las lecciones de Minneapolis a la organización interestatal de la IBT, el Departamento de Justicia, la Oficina Federal de Investigaciones, la patronal, el gobernador republicano recién elegido de Minnesota, la burocracia IBT (con un joven, y más tarde infame, Jimmy Hoffa a la cabeza), e incluso rivales de izquierda como el Partido Comunista, conspiraron durante la Segunda Guerra Mundial para desplazar y derrotar a los trotskistas en la dirección de los Teamsters de Minneapolis.
La utilización por parte del Estado de la famosa Ley Smith de 1939 [más conocida como Smith Act, y que fue promulgada el 22/06/1940 declaraba ilegal cualquier actividad que tuviera como objetivo derrocar al gobierno estadunidense, que reprimió la disidencia tachándola de traición, se basó en el clima de la guerra entre 1940 a 1943 para encausar, con cargos falsos, ante el tribunal a veintinueve miembros del SWP y los líderes de los Teamsters en Minneapolis; dieciocho de ellos, entre los que se encontraba la gran parte de los dirigentes del movimiento trotskista de Estados Unidos, fueron enviados a la cárcel.
Tobin y la burocracia IBT, apoyándose en las juntas estatales de verificación sindical, en acuerdos de defensa con la patronal y las bandas de matones dirigidos por Hoffa, atacaron al sindicato local de Minneapolis tanto en los tribunales como en la calle. Expulsados de la AFL y el CIO y viéndose obligado a reconocer que no podían mantener el sindicato contra los la patronal recalcitrante, el Estado y la burocracia oficial de los Teamsters, los trotskistas que había revigorizado sindicalismo en Minneapolis fueron no tuvieron otra alternativa que renunciar a sus posiciones en favor de las fuerzas de Tobin / Hoffa. Fue un desenlace lamentable.
Recordar 1934
Quienes desean reconstruir el movimiento obrero puede aprender -y en algunos casos, han aprendido- de los acontecimientos de 1934 en Minneapolis. La huelga de los maestros de Chicago de 2012, por ejemplo, comenzó con un reducido comité organizador de militantes que lograron arrastrar a un sindicato que había evitado la lucha de clases abierta desde el año 1987, a un enfrentamiento épico con un alcalde neoliberal.
No es sorprendente, que, en el camino hacia esta movilización exitosa, el Caucus [Asamblea] de enseñantes organizara grupos de lectura en torno al relato de las huelgas de 1934 de Farrell Dobbs, Teamster Rebellion. Desde el movimiento Occupy a las protestas en Wisconsin, desde las victorias sobre salario mínimo en Seattle y en otros lugares a las luchas para organizar a las plantillar de Walmart, los trabajadores están demostrando que son capaces de luchar para ganar y que, una vez más, la lucha de clases está al orden del día.
Pero la mayoría de las luchas actuales, con la importancia vital que tienen, se ven debilitadas a la falta de un liderazgo político de clase como el que condujo las huelgas de 1934 en Minneapolis. Décadas más tarde, un miembro del "Comité de Huelga de 100", recordó: "Realmente, el poder del movimiento estaba en las bases, pero estas bases necesitaban de un liderazgo que las guiase. No me importa lo bueno que pueda ser un ejército si no dispone de un buen general". La lucha por el renacimiento de los sindicatos en la era del capitalismo neoliberal es a la vez la lucha por la reconstrucción de la izquierda revolucionaria.
Los trotskistas de Minneapolis proporcionan un ejemplo de lo que podría ser la izquierda. Ochenta años más tarde, aquellas huelgas, con sus lecciones sobre la capacidad de los trabajadores para luchar incluso en los malos tiempos, siguen vivas para nosotros como una opción posible.
sábado, 29 de octubre de 2022
Por una nueva conducción docente, combativa y democrática, que organice el plan de lucha contra el ajuste educativo
Por Gabriela Capurro, delegada Secundaria 56, Lanús
Este jueves se realizó el tercer paro auto-convocado de la
docencia bonaerense, con una adhesión mucho mayor que en los dos anteriores.
La huelga, que se lanzó a partir de la decisión de tres seccionales opositoras,
Tigre, Marcos Paz y Bahía Blanca, fue tomada en sus manos por miles, que la
garantizaron en cada uno de sus distritos, mayoritariamente conducidos
por el SUTEBA de Baradel.
Las conducciones celestes, lejos de jugar un papel “pasivo”,
actuaron como agentes de la Dirección General de Escuelas, apretando a la base
con amenazas de descontar la jornada y otras sanciones disciplinarias. Sin
embargo, y a pesar de todo, miles y miles se sumaron a la acción de lucha,
demostrando que la bronca por las condiciones de trabajo se viene
multiplicando.
Los aprietes, en lugar de asustar a la mayoría, sirvió para
que infinidad de compañeros y compañeras comienzan a sacar una conclusión: ¡La única manera de pelear en serio es pasando por encima de los podridos “cuerpos
orgánicos” de un sindicato, que en vez de defender los intereses de la
docencia, se han convertido en un apéndice del gobierno provincial!
Con la disminución de los fondos correspondientes -votada en el presupuesto nacional- y el avance de la reforma, que profundiza la caída en picada de la calidad educativa y el salario docente, no queda otra que organizar un verdadero plan de lucha. Para eso, las seccionales, agrupaciones y
activistas que impulsaron estos tres paros, debemos funcionar como una conducción alternativa e independiente de la burocracia celeste.
Hay que poner en pie una nueva dirección, que levante un programa de defensa de la educación pública y gratuita y se juegue a coordinar, no solo con la base docente, sino también con el resto de la comunidad educativa, ya que la clase trabajadora es la que más sufre la destrucción de la educación, a través de sus hijos e hijas. Cada escuela tiene que convertirse en una fortaleza, alrededor de la cual se libre este combate de fondo.
viernes, 28 de octubre de 2022
Maniobras "nacionales y populares" para evitar lo inevitable, el hundimiento del gobierno
Por Damián Quevedo
Entre la interminable discusión por el presupuesto y las especulaciones sobre cómo sobrevivir a las próximas elecciones, desde el gobierno continúan caminando por la cuerda floja sobre un enorme y profundo precipicio.
Tanto las
nuevas “críticas” de Cristina Fernández por ciertas medidas gubernamentales,
las concesiones a Moyano o la discusión sobre el cobro de ganancias a los
jueces, son espejos de colores para presentar un presupuesto ficticio. ¡Ni el
gobierno ni la oposición patronal están en condiciones de planificar gastos e
ingresos, en medio de esta crisis y tratando de seguir la hoja de ruta del FMI!
Sin
posibilidad de cambiar la situación, pero reconociendo que la tendencia más
probable es que todo empeore, un sector del partido gobernante busca mecanismos
para minimizar la debacle.
En el caso
de que la crisis permita al gobierno llegar a las próximas elecciones, el
peronismo ya está intentando una maniobra para amortiguar la caída, razón por
la cual el sector encabezado por el kirchnerismo quiere eliminar las elecciones
primarias.
Cuatro
diputados nacionales aliados del oficialismo presentaron finalmente este
miércoles el proyecto de ley para derogar las elecciones primarias abiertas
simultáneas y obligatorias, conocidas como PASO. Los diputados afirmaron que
“se ha desvirtuado la finalidad de las PASO porque mientras que algunos las ven
como una interna financiada por el Estado, otros las critican por configurar
una elección general anticipada; de tal modo, se cuestiona que no sirven a su
finalidad cuando los partidos políticos se presentan con lista única, e incluso
se objeta que interfieren en la vida interna de los partidos”[1].
El ministro
del interior Wado de Pedro afirmó que el 100%
de los gobernadores están de acuerdo en eliminar las internas, que, de
realizarse, debilitarían aún más al Frente de Todos. Esto podría llevar a una
crisis política mayor de la que sucedió luego de la renuncia de Guzmán, pero en
un contexto peor para Alberto y compañía, ya que a este ritmo, el daño de la
crisis económica sobre el poder adquisitivo de los trabajadores se
incrementaría cualitativamente.
Este asunto
aviva también la grieta dentro del partido de gobierno, ya que, hasta ahora,
Alberto Fernández y el Movimiento Evita se oponen a que no haya internas
abiertas, porque saben que si es así será Cristina Fernández quien digite las
candidaturas.
El kirchnerismo quiere eliminar el mecanismo que ellos mismos crearon -como maniobra para dejar afuera a los partidos de izquierda- porque ahora, ese mecanismo les juega en contra. Pero, además, porque en las actuales circunstancias, cualquier clase de elección, por más limitada que sea, puede convertirse en un canal de la bronca del movimiento de masas.
Es posible
que el escenario electoral sea similar al del 2003, con un alto grado de
fragmentación entre los partidos patronales y un caudal de votos hacia la
izquierda y derecha, favoreciendo el crecimiento de “outsiders”, como Milei,
pero también del FITu, que ya viene de hacer una excelente elección en varios
distritos.
Todo apunta
a que, con adelanto o no de las elecciones, estas den lugar a un gobierno muy
débil, incapaz de frenar el ascenso obrero y popular que está cocinándose al
calor de la rebaja salarial, que va de la mano del impuesto inflacionario.
Entonces, vamos, sí o sí, a un escenario de confrontaciones entre las clases
inédito, un futuro en el cual la revolución y la contrarrevolución se verán las
caras de manera directa.
La izquierda
debe prepararse para enfrentar esta situación, jugándose a aparecer como una
alternativa dispuesta a barrer con todo lo viejo y a construir lo
verdaderamente nuevo, una sociedad en la cual los trabajadores y el pueblo
dejen de ser los que paguen las crisis provocadas por los capitalistas, una
sociedad socialista.
[1] https://www.lanacion.com.ar/politica/
jueves, 27 de octubre de 2022
Hace 150 años Marx explicaba la crisis capitalista actual
Por Ernesto Buenaventura
Hace más de 150 años Marx explicaba las causas de las crisis
"cíclicas" del Capitalismo, diciendo que no eran tormentas
surgidas de la nada o el producto de las “malas políticas” de los gobiernos de
turno. Para el autor de El Capital, son un producto directo -e imposible de
frenar- del funcionamiento del sistema, una de cuyas consecuencias es la denominada
tendencia descendente de la tasa de
ganancia.
Para entender este mecanismo, veamos un ejemplo sencillo: Un
capitalista invierte 50 pesos en máquinas y 100 pesos en salarios para vender
sus mercancías por la suma de 250 pesos. Esa diferencia de 100 pesos (66%) entre
lo que invirtió y lo que produjo, es la plusvalía, el trabajo obrero excedente
no remunerado, que es la base de la ganancia burguesa.
Para aumentar sus ganancias, el capitalista puede extender
la jornada de trabajo y aumentar el número de obreros, pero, para ser más
competitivo, debe invertir en máquinas cada vez más poderosas. La nueva
tecnología permite que el trabajo humano sea más productivo y que se reduzca el
número de obreros que hacen falta para realizar las tareas.
Aquí comienza el problema para el capitalista, cuyas ganancias
provienen del “trabajo vivo”, o, dicho de otra manera, de la explotación de los
obreros que contrata, de los cuales extrae un “valor” que no compensa salarialmente,
la “plusvalía”. Eso significa, que cuando más invierte en máquinas y
técnica también reduce sus ganancias, medidas en proporción al capital
invertido.
Por ejemplo, si ahora invierte 200 pesos en máquinas y 100
en sueldos, y se mantienen los mismos 100 de trabajo excedente no pago, sacará
400 en mercaderías. Habrá invertido 300 pero sacará cien, es decir, ganará 33%.
El capitalista quiere ganar más, por lo tanto sigue extendiendo la producción e
invirtiendo. Como resultado, obtiene cada vez más plata, más masa de
dinero, aunque menos ganancia en proporción al capital que
invirtió. Como dijo Marx, “el
capitalista gana cada vez menos en porcentaje, pero tiene una masa de ganancia
cada vez mayor”.
Para Marx este es “el misterio en torno a
cuya solución gira toda la economía política”. Entonces viene la crisis: el
capitalista deja de invertir, empieza a cerrar fábricas y a despedir, guarda su
capital o lo envía a la Bolsa y a la especulación, hasta que logra bajar el
salario de los obreros y recuperar su tasa de ganancia.
Cada vez que se produce una crisis, producto del
funcionamiento de esta ley, que se acelera en la medida en que se incrementa el
uso de nuevas técnicas, los capitalistas la enfrentan recurriendo a la misma
receta, que no es otra que la de apretarles las tuercas a los verdaderos
productores de sus ganancias, los trabajadores. Junto con eso tratan de ganar
mercados, sacándoselos a sus competidores, para lo cual emprenden guerras, que
de “comerciales” se transforman en enfrentamientos clásicos.
El grave problema que tienen que enfrentar los burgueses en
la actualidad, es la actitud de la clase trabajadora, que por un lado no se
deja explotar como antes, y, por el otro, tampoco quiere formar parte de los
ejércitos que “combaten por la patria”, que no es otra cosa que la expresión rimbombante
de los intereses de distintas fracciones de la burguesía. Sin embargo, y a
pesar de estos inconvenientes, los capitalistas más concentrados están
decididos en aplastar a la clase obrera, para súper explotarla como nunca
antes, y entrar en guerra para liquidar competidores. Eso es lo que está
sucediendo en Ucrania y parte de lo que comenzó a ocurrir en el Mar de China,
donde Estados Unidos y el imperialismo chino se preparan para combatir de
manera directa.
La única manera de frenar esta dinámica, que conduce al
planeta a una situación aún peor de la que hemos vivido durante las grandes
guerras mundiales, es acabando con quienes la provocan e incentivan, los
capitalistas. Hay que destruir este sistema injusto y reemplazarlo por otro,
total y absolutamente distinto, el Socialismo, que no se regirá por las mismas
leyes económicas actuales, sino que se orientará en función de las necesidades
del conjunto.
Lenin dijo que la política es economía concentrada. Para los
marxistas, la ciencia económica no es una cuestión de debates abstractos en
círculos académicos, sino un instrumento para cambiar la sociedad. El
estancamiento económico del capitalismo proporciona el terreno para un auge sin
precedentes de la lucha de clases. El tormentoso período que se avecina
sacudirá a la sociedad hasta sus cimientos, transformará la conciencia de la
clase trabajadora y preparará el camino para el derrocamiento del sistema
capitalista y el establecimiento de un nuevo y superior orden de sociedad: el
socialismo.
Teoría del valor
trabajo y caída de la tasa de la ganancia cuando cambia la relación entre
capital constante y variable
En el volumen uno de El capital, Marx muestra cómo se produce la plusvalía. Explica que el capitalista encuentra en el mercado una mercancía particular que, a diferencia de todas las demás mercancías, es fuente de valores mayores que su propio valor. Esta mercancía es la fuerza de trabajo. Marx lo definió como el “conjunto de las condiciones físicas y espirituales que se dan en la corporeidad, en la personalidad viviente de un hombre y que éste pone en acción al producir valores de uso de cualquier clase”.1
La compra y uso
de estas “capacidades físicas y espirituales”, el músculo físico y mental del
proceso de trabajo, constituye la explotación de la clase trabajadora. Por el
contrario, el trabajo, o el proceso de trabajo, es el trabajo que añade valor a
las materias primas.
Después de comprar fuerza de trabajo por un salario destinado a mantener al trabajador y a su familia, el capitalista procede a poner a trabajar a sus asalariados. Si bien el trabajador tiene un contrato para trabajar, digamos 8 horas, cubre el valor de su salario en quizás 4 horas. Marx describe este período inicial como tiempo de trabajo necesario.
Pero una vez
que cubre el valor de su salario, no deja de trabajar, sino que continúa hasta
el final de su turno de 8 horas. Este período extra más allá de la parte
necesaria es donde el trabajador produce plusvalía para el capitalista, y Marx
lo describe como tiempo de trabajo excedente. Se trata de trabajo no remunerado
y es de donde provienen las ganancias de los capitalistas.
El valor de las materias primas y la energía consumida en la producción de la mercancía no crean nuevo valor, sino que simplemente transfieren su valor existente al nuevo producto. Esto incluye el desgaste de las máquinas, que sólo transfieren su valor gradualmente, lo que se conoce como depreciación. El trabajo (combinado con la naturaleza) es la fuente de todo nuevo valor, incluida la plusvalía.
Una planta que contiene máquinas y materias
primas, si se deja inactiva, simplemente se oxidará y finalmente se arruinará.
Sin embargo, tan pronto como se aplica el trabajo humano a estas cosas, se crean
nuevas mercancías y nuevos valores. Esta es la fuente y la única fuente de
plusvalía. Una máquina simplemente aumenta la productividad del trabajo humano
y permite que la fuerza de trabajo se consuma con mayor intensidad.
Todo el valor existente del trabajo pasado contenido en las
materias primas, etc., se transfiere a las nuevas mercancías. A esto Marx lo
llama “trabajo muerto”, en contraposición al nuevo valor agregado, que Marx
describe como “trabajo vivo”. Lo compara con un vampiro chupasangre. “El capital
es trabajo muerto”, explica Marx, “ese vampiro, solo vive succionando trabajo
vivo, y cuanto más vive, más trabajo chupa”. 2
La fuerza impulsora del capitalismo es la producción de
plusvalía. El capitalista está decidido a exprimir hasta la última gota de
ganancia del trabajo no remunerado de la clase trabajadora. Lo hace a través de
una combinación de formas: alargando la jornada laboral, acelerando las
máquinas, introduciendo máquinas que ahorran mano de obra, racionalización,
acuerdos de productividad, nuevos turnos, estudios de tiempo y movimiento,
técnicas de producción ajustada, etc. Estas son técnicas con las que los
trabajadores se han familiarizado, especialmente durante los últimos 30 años.
Marx consideró el capital total invertido por el capitalista de la siguiente manera. El capital constituido por medios de producción, materias primas, energía, etc., se considera capital constante, ya que simplemente transfiere su valor a las nuevas mercancías. El valor que imparten es fijo. Sin embargo, el capital representado por la fuerza de trabajo (salarios) se considera capital variable, ya que es la fuente de todo nuevo valor.
La cantidad de valor que imparte no es fija, sino que se expande. Por lo
tanto, el capital total se puede presentar como c + v, donde c es
la parte constante y v es la variable. De ello se deduce que
el valor total de todas las mercancías se compone de c + v + s,
donde s representa la plusvalía. Como la plusvalía está
“encerrada” dentro de la mercancía, el capitalista sólo puede realizar esta
plusvalía cuando se venden las mercancías. Por lo tanto, la plusvalía se crea
sólo en la producción, pero solo se realiza en el intercambio, en el mercado.
Si la jornada laboral se divide entre trabajo necesario y
trabajo excedente, la tasa de plusvalía es la relación entre las dos partes de
la jornada laboral. Cuanto mayor sea el excedente, mayor será la tasa. Es
exactamente la misma relación que existe entre la plusvalía y el capital
variable, es decir, s / v. En términos simples, la tasa de
plusvalía es la tasa de explotación del trabajo por el capital, o del
trabajador por el capitalista. La clase capitalista obliga a la clase
trabajadora a realizar más trabajo del requerido para cubrir sus medios de
subsistencia, produciendo así plusvalía.
Por supuesto, los capitalistas intentan ocultar esta
explotación. Dicen que compran el trabajo de los trabajadores en lugar de la
fuerza de trabajo de los trabajadores. Pero esto no es cierto. Los capitalistas
no emplearían trabajadores a menos que pudieran obtener una ganancia, y el
trabajo no remunerado de los trabajadores es la fuente de esta ganancia. Si
bien la explotación es transparente bajo el feudalismo, como el siervo trabaja
en la tierra del señor de forma gratuita durante tantos días, bajo el capitalismo,
el trabajo excedente y necesario realizado por el trabajador no está separado
en el tiempo y el espacio. Por tanto, no es tan obvio.
“Lo único que distingue unos de otros los tipos económicos
de sociedad, v. gr. la sociedad de la esclavitud de la del trabajo asalariado”,
explicó Marx, “es la forma en que este trabajo excedente le es arrancado al
productor inmediato, al obrero”. 3
Por supuesto, tales categorías son rechazadas por los
economistas burgueses, cuyo papel es disfrazar la explotación que existe. Los
conceptos de Marx son, por tanto, un anatema para ellos.
A través de la competencia, el capitalista se ve obligado a invertir para producir mercancías a un precio más bajo que sus rivales. El capital es, por tanto, un valor que se expande por sí mismo. La acumulación es una ley imperativa del capitalismo. El capitalismo se ha convertido en “acumulación por acumulación”, explicó Marx. “Producción por el bien de la producción”. Aquellas industrias donde la productividad del trabajo está por detrás del promedio son expulsadas del negocio por aquellas que utilizan los métodos más actualizados.
De esta manera, la introducción de maquinaria aumenta la
productividad del trabajo y reduce el tiempo de trabajo necesario (aumentando
así el tiempo de trabajo excedente). Esto permite a aquellos que introducen
nuevas técnicas vender sus productos por encima de su valor individual (el
tiempo de trabajo que cuesta producirlos) pero por debajo del costo promedio,
obteniendo así superbeneficios.
La competencia conduce a una concentración y centralización del capital. Este proceso da como resultado fábricas cada vez más grandes con el equipo y la técnica más modernos. Mientras que en el pasado el gigante químico ICI gastaba 2 millones de libras esterlinas en una planta, en estos días paga alrededor de 600 millones de libras esterlinas.
Esta acumulación de
capital es una característica clave del capitalismo y constituye la misión
histórica del capitalismo de desarrollar las fuerzas productivas. La fuerza
impulsora de la producción capitalista no es la satisfacción de las necesidades
humanas, sino la producción de plusvalía a un ritmo cada vez mayor, una gran
parte de la cual debe acumularse e incorporarse a los nuevos medios de
producción.
Esta tendencia a introducir máquinas ahorradoras de mano de
obra conduce, sin embargo, a una disminución relativa del capital variable
(fuerza de trabajo) con respecto al capital constante (medios de producción,
materias primas, etc.). Si bien hay una disminución relativa de la fuerza de
trabajo con respecto a la invertida en capital constante, esto, no obstante, da
como resultado una mayor inversión que se pone al alcance de cada trabajador
empleado. Sin embargo, en última instancia, la cantidad de plusvalía obtenida
por los capitalistas depende de dos cosas: la tasa de plusvalía y el número de
trabajadores empleados.
Evidentemente, la introducción de maquinaria tiende a
reducir el número de trabajadores y por lo tanto cambia la relación entre el
capital variable y el constante, la relación entre el trabajo muerto y el
trabajo vivo. Marx describió este proceso como una composición orgánica
creciente del capital. Esto conduce inevitablemente, en igualdad de
condiciones, a una tasa de ganancia decreciente. “Como se ve, la aplicación de
maquinaria para la producción de plusvalía”, explica Marx, “adolece de una
contradicción inmanente”. 4
- El
Capital, vol.1, sección 2, capítulo IV
- Ibíd,
sección 3, capítulo VIII
- Ibíd,
sección 3, capítulo VII
- Ibíd,
sección 4, capítulo XIII
miércoles, 26 de octubre de 2022
Debate de trotskistas de EE.UU. con el PTS, que llama a los trabajadores ucranianos a no enfrentar la agresión rusa
Introducción
Aunque el PTS dice estar en contra de todos los bandos en disputa, una vez producida la invasión del ejército ruso a Ucrania, este partido, en los hechos, terminó alineándose con Putin, ya que convoca al pueblo del país agredido a no defenderse, debido al carácter pro OTAN del gobierno ucraniano. Con este mismo razonamiento, Trotsky no tendría que haber apoyado la resistencia militar china, cuando el imperialismo japonés invadió ese país, entre los años 30 y 40, ya que China recibía el apoyo militar de los Estados Unidos.
Reproducimos a continuación una nota escrita por el camarada Erwin Freed, dirigente de "La voz de los Trabajadores", sección oficial de la Liga Internacional de los Trabajadores, LIT-CI, de los Estados Unidos, a través de la cual enfrenta las posturas, objetivamente pro rusas, de los compañeros del PTS y su Fracción Trotskista. Desde Convergencia Socialista, acordamos, en general, con los términos expuestos por Erwin Freed y consideramos que es esencial realizar este tipo de debates. (Leer nota)
Leer debate CCRI con PTS sobre carácter de la guerra de Ucrania
Guerra por los chips, otro paso hacia la guerra directa ínter imperialista
Sanciones de chips: otro paso hacia la guerra entre EE. UU. y China
¡Ni
Washington ni Pekín! ¡Derrotismo revolucionario contra todas las Grandes
Potencias imperialistas!
Declaración
de la Corriente Comunista Revolucionaria Internacional (CCRI), 25 de octubre de
2022, www.thecommunists.net
1. En los últimos meses, la Administración Biden anunció varias medidas que representan una escalada dramática de su guerra económica contra China. Entre estas disposiciones se encuentran una serie de restricciones y sanciones que prohíben a las empresas exportar chips avanzados a China. Asimismo, estas medidas bloquean la exportación de equipos de fabricación de chips y software de diseño. También prohíbe a corporaciones e individuos fabricar chips avanzados para empresas chinas. Además, el Congreso de los EE. UU. adoptó la llamada Ley CHIPS y Ciencia, un proyecto de ley que proporciona alrededor de $280 mil millones de dólares en nuevos fondos para impulsar la investigación y fabricación nacional de semiconductores en los Estados Unidos.
2. La
finalidad de este conjunto de medidas es evidente. El imperialismo
estadounidense trata desesperadamente de detener su declive y defender su
hegemonía de larga data contra China, su rival imperialista más importante. No
es casualidad que la Administración Biden, en su Estrategia de
Seguridad Nacional 2022 recientemente publicada, caracterice a China
como “el único competidor con la intención de remodelar el orden
internacional y, cada vez más, el poder económico, diplomático, militar y
tecnológico para promover ese objetivo”. Para lograr su objetivo, EE. UU.
quiere paralizar el acceso de China a tecnologías críticas que se necesitan
para todo, desde la supercomputación hasta las armas de guía. En particular,
Washington está decidido a detener los avances del país en la computación de
inteligencia artificial. Para decirlo sin rodeos en palabras de los expertos,
las sanciones de chips de Biden tienen el objetivo de "lisiar"
o "decapitar" a la industria tecnológica de China. (Leer todo)
martes, 25 de octubre de 2022
Crisis del régimen, dispersión electoral, conflictos obreros y grandes posibilidades para la izquierda
Por Damián Quevedo y Juan Giglio
En una reciente entrevista, Máximo Kirchner deslizó que Cristina Fernández no sería candidata a la presidencia, cerrando las puertas del operativo clamor, organizado inmediatamente después del atentado, ya que nadie, mucho menos la “jefa”, quiere agarrar esta papa caliente, sabiendo que como vienen las cosas, van a perder por goleada.
Cristina optó por el repliegue estratégico, para tratar de acceder a un cargo en el senado que le permita mantener los fueros, y de esa manera evitar que la metan presa. Ferraresi, Zabaleta, Manzur y una larga lista de funcionarios nacionales, volvieron o están por volver a sus “territorios”, para ver, si al menos, consiguen mantener el poder de sus municipios o gobernaciones.
Ante esta retirada, Alberto Fernández volvió a considerar la posibilidad de pelear por la reelección, a pesar de que su imagen pública está muy lejos de ser la que fue durante la “cuarentena”, ahora tiene, según los encuestólogos, un 6% de aprobación, lo cual no significa nada en términos electorales.
La oposición patronal está apenas en mejores condiciones, con una guerra interna que ya muestra cuatro fracciones, organizadas alrededor de Bulrrich, Larreta, el radicalismo y Macri, todos actuando como candidatos y a la espera de que haya elecciones primarias, algo que también está en duda.
¿Qué tienen en común estos hechos? Que los políticos se están replegando hacia territorios que creen más seguros, sus bases originales de poder, en la perspectiva de que puede haber un gran cimbronazo electoral. Un vendaval que se está registrado en las encuestas, sobre todo, en las cualitativas, donde la gente no dice a quién va a votar o qué imagen tiene sobre tal líder, sino que se expresa sobre qué sentimientos tiene en su relación con la vida pública, respecto de la política en general y la economía y qué visión se le ofrece sobre el futuro[1].
Este puede ser un escenario similar al del 2003, posterior al Argentinazo, aunque sin una rebelión de por medio. La dispersión electoral de ese entonces podría repetirse, dando lugar al crecimiento, por derecha y por izquierda, de candidatos y espacios “anti régimen”. Por eso, junto con el crecimiento de Milei y otros personajes "libertarios", no hay que descartar un aumento significativo de los votos hacia la izquierda, especialmente al FITu.
Más allá de las especulaciones electorales, lo que señala esta crisis por arriba es que maduran las condiciones para una rebelión, que cuando explote será mayor, en cantidad y calidad que la del 2001. Los capitalistas lo saben y también saben que el régimen representativo está agotado, aunque no tienen otra opción, por eso se preparan para actuar frente a un resultado electoral inédito.
La izquierda, que cuando vengan las elecciones deberá aprovecharlas, jugándose a aparecer como la única alternativa capaz de sacar al
país de la crisis -con un programa socialista y revolucionario- debe, en la
actualidad, ponerse al frente de todos los conflictos reivindicativos, y, desde allí, agitar la necesidad de acabar con el ajuste y los ajustadores con la huelga general o el Argentinazo.
lunes, 24 de octubre de 2022
El 27 paremos las escuelas contra el ajuste educativo de Massa, Baradel y el FMI
Gabriela Capurro, delegada secundaria 56, Lanús
En línea con el acuerdo estratégico con
el FMI, el ajuste del gobierno apunta a caer de lleno sobre el presente, pero
también sobre el futuro de los trabajadores. El ataque en regla contra la
educación pública, por parte de este gobierno, es el más sistemático y profundo
desde la reforma del menemismo, incluso la supera.
Una vez más, Educación será una de las áreas más
perjudicadas por el ajuste que se vendrá en el Presupuesto 2023. El proyecto
establece un recorte del 15,5%, lo que implica más del doble de la reducción
para la administración pública nacional (-6,8%). El presupuesto educativo de
2023 es el segundo más bajo de los últimos 11 años, tomando en consideración la
inflación proyectada en agosto para el año que viene, que se calcula en 85,2%[1].
El recorte directo en educación no es el primer paso dado por el peronismo, la creación de los llamados ATR, los planes Fines y otros, no solo vacían de contenido los programas educativos, sino que precarizan aún más las condiciones de trabajo de los docentes, que en estos programas trabajan fuera de cualquier convenio y por salarios de miseria.
No es el primer ajuste en este sector, Sergio Massa aplicó la tijera en educación apenas asumió. La Decisión Administrativa N° 826/2022, que vio la luz el 20 de agosto de este año, dispuso un recorte de $50.000 millones en el presupuesto del Ministerio de Educación Nacional. En ese marco, la organización Argentinos por la Educación realizó un informe, en el que se analiza el impacto real de este recorte, en tres programas específicos: Conectar Igualdad, fortalecimiento edilicio de jardines de infantes, e inversión en infraestructura y equipamiento[2].
La educación y la salud públicas son conquistas históricas del movimiento obrero, por lo tanto constituyen una parte indirecta del salario. Los capitalistas quieren eliminarlas, mientras atacan directamente al salario obrero con el impuesto inflacionario. ¡Responder a este ataque no corresponde sólo a la docencia, sino al conjunto de la clase trabajadora, que será la principal perjudicada con este salvaje ajuste antieducativo!
El 27 tendrá lugar otro paro
autoconvocado, impulsado por el activismo docente combativo de la Provincia de
Buenos Aires, que debe poner en marcha un espacio amplio y democrático,
alrededor del cual se resuelvan y unifiquen estas luchas. Esto es fundamental,
porque las conducciones del SUTEBA y demás gremios docentes están atadas de
pies y manos al gobierno y el FMI.
domingo, 23 de octubre de 2022
La humillante expulsión de Hu Jintao del Congreso del PCCh, algo más que un gesto
Imagen: momento en el que un guardia de seguridad le avisa a Hu que debe retirarse del recinto
Por Damián Quevedo
Se llevó a cabo el congreso del Partido Comunista Chino, que reeligió como presidente a Xi Jinping, quien cumplirá su tercer mandato. En medio del evento, dos guardias de seguridad retiraron del recinto al ex presidente Hu Jintao, contando con el aval de Xi y de la mayoría de la dirigencia del PCCh.
La reelección de Xi es el resultado del éxito de la política de control policial del movimiento de masas, mediante la táctica del “Covid Cero”. ¡Xi, que prepara al pueblo para la guerra, disciplinándolo con las cuarentenas,- también necesita regimentar a su partido, para lo cual se vale de este tipo de “gestos”! La humillante expulsión de Hu es un mensaje a los cuadros del PC, mostrándoles que aplastará cualquier disidencia.
El congreso acordó hoy, por otra parte, "incluir en la constitución del Partido (...) su resuelta oposición y la disuasión a los separatistas que buscan la 'independencia de Taiwán'". Lejos de la diplomacia prudente de sus predecesores, Xi tene pensado mantener la firme postura de China en la escena internacional, incluso a costa de incrementar la tensión con Estados Unidos, en particular sobre Taiwán[1].
Con la recesión y la crisis económica mundial, las grandes potencias imperialistas necesitan un proceso de destrucción, que incluye el aniquilamiento de una parte de la humanidad, para darle al capitalismo un nuevo impulso y crear las condiciones para un nuevo ciclo de expansión.
La tarea de los socialistas, es organizar y llevar adelante una agitación constante, para que los trabajadores de China y de todas las potencias imperialistas, apunten los fusiles contra los capitalistas de sus propios países, porque como nos enseñaron los bolcheviques, la revolución socialista es el único camino para detener la guerra.
Esta tarea sólo la expresa certeramente la consigna de la trasformación de la guerra imperialista en guerra civil, y toda lucha consecuente de clase durante la guerra, toda táctica de "acciones de masas", aplicada en serio, conduce de modo inevitable a dicha transformación. No podemos saber si un fuerte movimiento revolucionario estallará con motivo de la primera o de la segunda guerra imperialista de las grandes potencias, o si estallará en el curso de esta guerra o después de ella, pero de todos modos nuestro deber ineludible es trabajar de un modo sistemático y firme en esa dirección[2].
La
crisis actual del capitalismo y la ola de movilizaciones y huelgas generales
que recorre el mundo, son condiciones favorables para que los trabajadores
luchemos por terminar con las guerras y con la explotación capitalista, a esa
tarea debemos abocarnos los socialistas consecuentes.
sábado, 22 de octubre de 2022
viernes, 21 de octubre de 2022
A 12 años de su asesinato: ¡A Mariano Ferreyra lo mató un sicario kirchernista!
Por Ernesto Buenaventura
12 años atrás, el 20 de octubre, Favale (imagen) uno de los matones contratado por el burócrata sindical Pedraza, asesinó a Mariano Ferreyra, acatando órdenes del gobierno de Néstor Kirchner, que envió a la patota para desalojar las vías, cuando un grupo de militantes -entre ellos varios camaradas de Convergencia Socialista- estaba apoyando la lucha de los tercerizados del Roca.
Nuestros compañeros estuvieron allí, peleando junto a decenas de luchadores y luchadoras de distintas organizaciones de izquierda. En un nuevo aniversario de su martirio, recordamos a Mariano Ferreyra y nos comprometemos a seguir luchando por el castigo a todos los responsables de su asesinato, tanto materiales como políticos y judiciales. ¡Compañero Mariano, hasta el Socialismo!
Renuncia de la primera ministro inglesa, la expresión de una crisis generalizada de todo el capitalismo
Por Damián Quevedo
Luego de apenas 45 días de mandato, la primera ministra
británica (imagen) presentó su renuncia. Esta situación, que podría ser usual en otros
países, para Inglaterra es síntoma de una profunda crisis de la democracia representativa,
incluso del por demás elitista régimen británico, que acaba de perder a una de
sus emblemas, la reina.
Liz Truss ha tirado la toalla, la primera ministra del
Reino Unido comparecía ante las puertas de Downing Street para anunciar su
dimisión tras solo 45 días en el cargo. Se ha convertido así en la jefa de
Gobierno más breve en toda la historia del Reino Unido. “No puedo cumplir el
mandato para el que me eligieron.
He anunciado al rey mi decisión de dimitir”, ha
afirmado. La todavía primera ministra ha acordado con la dirección del Partido
Conservador que seguirá en el puesto hasta que se elija un sustituto a lo largo
de la semana que viene, el tiempo que se han dado para buscar una solución a la
crisis desatada[1].
Esta situación no es ajena a lo que sucede en el
continente y a los efectos de la agudización de las pujas entre las grandes
potencias, que se profundizó con la guerra en Ucrania. En este marco, un
fantasma recorre Europa, el de las grandes rebeliones obreras, que tiene a la huelga
petrolera de Francia como la punta del ovillo de una dinámica que hace muchos
años no acontece en el viejo continente.
Esta gran lucha obrera, que ha generado la simpatía de
otros sectores, no es un suceso aislado, sino el efecto directo de la recesión
iniciada en el 2019, que golpea a los trabajadores europeos y de otras
latitudes. La huelga ferroviaria de Gran Bretaña y la huelga general, que
derivó de la protesta de mujeres iraníes, forman parte de este mismo proceso.
Este aumento de las luchas debe entenderse en el
contexto de la debacle generalizada y profundísima del capitalismo europeo, que
se abrió con el comienzo de la Gran Depresión a fines de 2019 y que ha
resultado en los últimos meses en una crisis masiva de inflación, alimentos y
energía.
La crisis pegó un salto a partir de la derrota de
Putin, que lo obligó, primero al reclutamiento forzado y, ahora, a declarar la
ley Marcial. El mandatario ruso anunció este miércoles que firmó un decreto
que impone la ley marcial en las cuatro regiones ucranianas que Moscú anexó el
mes pasado en una medida rechazada como ilegal por la comunidad internacional[2].
Los gobiernos capitalistas, que buscan resolver esta
crisis de súper producción mediante grandes guerras, como ya lo han hecho en el
pasado, hoy están muy débiles para encararlas, realidad que abarca al conjunto
de los jerarcas imperiales. Para avanzar en ese sentido, ni Biden, ni Putin, ni
Macron, o ahora Truss, cuentan con un pueblo dispuesto a morir en el frente en
defensa de la “patria”.
Los socialistas revolucionarios debemos aprovechar
esta circunstancia, para alentar con audacia las luchas obreras, que, aunque
todavía incipientes, forman parte de un proceso de ascenso que recorre el mundo.
A la cabeza de estos conflictos, debemos, sí o sí, agitar las banderas
socialistas, ya que no hay salida sin un revolución social.
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