Por Damián Quevedo
Aunque durante los primeros años del Menemato se hablaba del milagro argentino, el país se veía como el Titanic y así terminó. El de Alberto, más que al famoso transatlántico en peligro, se asemeja a una balsa a la deriva, en medio de un mar embravecido, con náufragos que esperan una solución milagrosa. Muy lejos de las clases universitarias de los primeros meses del 2020, el discurso de Fernández -anunciando la vuelta al encierro, casi total- tuvo el tono monocorde de un cura de pueblo, de alguien que está prácticamente resignado pero que quiere generar ciertas expectativas en sus interlocutores. (Leer todo)

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