Maradona pintando pintando un cartel de la estación del barrio en que nació, luego de convertirse en burgués
Por Juan Giglio
Murió Maradona y, obviamente, el mundo se conmovió, ya que
el fútbol es el deporte no sólo más visto y amado por las mayorías, sino probablemente el más jugado, aquí y en prácticamente todos los potreros, o como
se los llame, a lo largo y a lo ancho del planeta. Por lo tanto, es más que imposible sustraerme a esta realidad, en la cual se me aparece una cantidad tremenda de recuerdos relacionados a su imagen.
¡Cómo dejar de recordar aquella vez, que en medio de la guerra entre
kurdos y Estado Islámico -a fines de marzo de 2015- tuve la oportunidad de
presenciar, en vivo y en directo, un “picadito” que jugaron varios guerrilleros del PKK, en la heroica ciudad de Kobane, después de haber derrotado a los duros combatientes de ISIS, que para ellos eran Daesh!
Ese día, apenas detectaron que yo sabía algo de fútbol, porque me vieron hacer “jueguito” con una pelota que encontré cerca de la canchita, algunos de
estos jóvenes, vestidos con sus uniformes de guerra, se acercaron para preguntarme
quién era y de dónde venía. Fue más fácil ubicarlos, diciéndoles que era del “país de Messi, el
Che Guevara y Maradona”, que tratar de explicarles que venía de la Argentina!
Un camarada, que por esa época viajó a conocer a la cúpula del PKK en las montañas de Qandil, que son desde hace mucho tiempo una especie
de “patria kurda” o territorio liberado, me contó -en Diyarbakir, capital de facto del Kurdistán turco- que cuando dejó la zona, quedándose solo en el medio del desierto de Irak, un camionero lo llevó a buen
puerto inmediatamente después de escuchar que era compatriota de Maradona.
Como no recordar que cuando yo era muy
jovencito -con menos 18 años- y jugaba a este deporte, que continúo amando, íbamos con mis
compañeros del colegio al Parque Saavedra, donde nos cruzamos en un par de
oportunidades con las inferiores de Argentinos Juniors. ¡Esos días, gloriosos de mi juventud, tuve la oportunidad de jugar contra el mismísimo Diego Armando Maradona, que todavía pertenecía a los míticos "cebollitas"!
Soy, en ese sentido, uno de los millones que se regocijó con el gol a los
ingleses, "el barrilete cósmico" que relató Víctor Hugo Morales. Por lo tanto, cómo no voy entender el sentimiento, contradictorio, pero
sentimiento al fin, de carácter antiimperialista, que tienen aquellos y
aquellas que ayer, a muy pocos metros de la morgue a dónde le hacían la autopsia a
Maradona, cantaban “el que no salta es un inglés…”
Sin embargo, como marxista, tengo la obligación de abstraerme a todo esto y
tratar de ubicar al personaje en su contexto y, en ese marco, calificarlo de la
manera más concreta, que es la que nos corresponde hacer a quienes hemos
dedicado nuestras vidas, y continuamos haciéndolo, a esa tremenda tarea que es
tratar de promover la realización de una Revolución Socialista.
Diego Maradona, además de ser un machista recalcitrante, que
ejerció la violencia contra varias mujeres, y como todo parece indicarlo, la
pedofilia, no fue ningún “líder” de los pobres, lugar en el que tratan de posicionarlo
prácticamente todos los plumíferos de la burguesía, clase social a la que
terminó perteneciendo, debido a su gran fortuna.
¡El pibe pobre que nació en Fiorito,
jugó, desde que se hizo famoso, en el equipo de los ricos, apoyando a todo tipo
de personajes que defienden o defendieron el Sistema Capitalista, más allá de sus "relatos" y engañosas consignas! Aunque utilizó al Che y todo tipo de frases que parecieran ponerlo de nuestro lado, nunca estuvo allí, como lo demuestra su relación, íntima y directa, con algunos de
los aliados “por izquierda” de la burguesía mundial, hablo de Néstor, Cristina,
Fidel Castro y Hugo Chávez.
Maradona, el machista, misógino y demás calificativos, que
desde el movimiento de mujeres conocen mucho mejor que yo, vivió sus días más
esplendorosos, no para redimir a los laburantes, sino para decirles que la
salida a sus sufrimientos no pasaba por cortarles las cabezas a los burgueses, sino por ir a la cola de algunos de estos, los que comulgan con el “relato”, más bien verso, de carácter progresista
o nacional y popular.
Los trotskistas somos inflexibles, aún en este tipo de circunstancias, donde todo un pueblo llora a su ídolo futbolero, por más que nademos
contra la corriente, cosa que hacemos prácticamente todos los días de nuestras vidas. Es que
fútbol, entendido como gran negocio, no deja de ser el nuevo “opio” de los pueblos o un remedo del “circo
romano”, algo tan nefasto como la droga que consumió la vida del mismísimo Diego Armando Maradona.
Por todo esto no comulgo con las declaraciones de
ciertos sectores de la izquierda, que de una u otra se terminaron ubicando en el mismo terreno que hoy por hoy transitan Alberto, Cristina y compañía, que no casualmente organizaron el velorio de “Dios” en la Casa Rosada, tratando de esa manera de desplegar uno de los
últimos cartuchos de una demagogia cada vez más decadente y vacía de recursos.
Los dirigentes del
Frente de Izquierda Nicolás del Caño y Myriam Bregman también dedicaron
palabras para el 10. "La copa, el gol a los ingleses después de Malvinas,
el fútbol de Maradona nos regaló muchas alegrías. Vuela barrilete
cósmico", expresó Del Caño, y Bregman mencionó "el gol a los ingleses
después de Malvinas". (Página 12, 26 de noviembre)
Esta frase, expresada a través de un Twiter, por los máximos
referentes del PTS, que va en línea con las que han propalado otrxs dirigentes de otros
partidos que se reivindican socialistas, fue refrendada con varias notas aparecidas
en La Izquierda Diario, donde sus periodistas escribieron frases que merecen toda mi desaprobación, como la
siguiente:
La historia es tan
buena que no es lineal, y Diego no es siempre el héroe: muchas veces es
contradictorio, por momentos es frágil, varias veces duda, en ocasiones es el
villano, se equivoca y pide perdón, otras veces se equivoca y mira para otro
lado. Es tan parecido a nosotros y nosotras que está metido en nuestras vidas,
en la de todos y todas, aun en la de quienes no lo quieren o lo valoran
unilateralmente sólo por sus errores y sus puntos débiles.
En este juego se lo
considera un D10s pese a que nadie lo considera un santo. Nadie esconde debajo
de la alfombra, ni siquiera él, episodios de machismo, relación contradictoria
con hijos e hijas, con parejas y exparejas. No es considerado ídolo por nada de
eso, es una dimensión de su vida imposiblemente privada. Todo el mundo la
conoce, pero es su entorno (hijos, hijas, parejas, exparejas) el que dará sus
veredictos. (La Izquierda Diario, nota de Augusto Dorado, 25 de noviembre)
Vale recordar que
Maradona fue un ferviente admirador del Che Guevara (tenía un gran tatuaje
suyo). Además de ser Cuba un país donde logró importantes mejoras en su salud,
Diego hizo suya mucha iconografía relacionada al comunismo como idea de cambio
en un mundo capitalista atestado de injusticias, desigualdades y crímenes
atroces contra las poblaciones trabajadoras y pobres. Algo que, objetivamente,
chocaba con los preceptos y la cosmovisión de la Iglesia católica. (La
Izquierda Diario, Daniel Satur, 25 de noviembre)
¡No camaradas, Maradona no tuvo una
conducta contradictoria, siempre apoyó a los reformistas de todo pelaje, nunca a los
revolucionarios, por más que se haya tatuado al Che en el brazo y en otras
partes de su cuerpo! Diego no era un “comunista”, sino un burgués hecho y
derecho, aunque lo hayan parido en Villa Fiorito, a donde no solía volver, porque
como lo sabemos muchos de quienes vivimos muy cerca de esa zona, “renegaba de su
barrio”.
Maradona no era el “Loco” René Houseman, que hasta su fallecimiento nunca abandonó la villa y a lxs villerxs del Bajo Belgrano, donde nació
y comenzó a jugar, casi tan bien como el “Diego”, que se fue de Fiorito para vivir en lujosas mansiones, gracias
a los negocios pergeñados por mafiosos impresentables como Cóppola y compañía. ¡Lxs revolucionarixs no lloramos a la burguesía, aunque amemos el
fútbol y nos hayamos deleitado con la exquisiteces futboleras de Maradona, de Pelé o de quien fuera!
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