¡Contra todas las grandes potencias imperialistas de Oriente
y Occidente! ¡Solidaridad con la clase trabajadora y todos los pueblos
oprimidos, desde Gaza hasta Irán, desde Ucrania hasta Cuba y Venezuela!
Declaración de la Corriente Comunista Revolucionaria Internacional,
CCRI, para la Conferencia de París del 16 al 17 de mayo de 2026 , www.thecommunists.net
La situación mundial actual se caracteriza por una
aceleración masiva de las contradicciones entre clases y entre Estados. Estas
características, propias del período histórico que comenzó en 2008, se han
acentuado aún más en los últimos años y, en particular, desde el inicio del
segundo mandato de Trump. Guerras imperialistas y agresiones contra pueblos
oprimidos, rivalidad entre grandes potencias, crisis civilizatoria, pero
también luchas de liberación popular: estas son las características que definen
el periodo actual.
En su lucha contra los opresores las masas son engañadas,
confundidas u obstaculizadas. Fuerzas reformistas, centristas, populistas
pequeñoburguesas, nacionalistas e islamistas desorganizan y desarman
repetidamente a los trabajadores y oprimidos. Esto es lo que los marxistas
denominan la crisis de la dirección revolucionaria .
Es responsabilidad de los marxistas elaborar un análisis
claro de la situación mundial, proponer un programa revolucionario e intervenir
en las luchas de masas. La tarea crucial es reconstruir un nuevo Partido
Mundial de la Revolución Socialista que pueda guiar a las masas hacia el
derrocamiento de la explotación capitalista y la opresión imperialista.
La Corriente Comunista Revolucionaria Internacional, CCRI, es
una organización trotskista con secciones y activistas en Argentina, Brasil,
México, Israel/Palestina ocupada, Rusia, Ucrania, Sri Lanka, Pakistán, Corea
del Sur, Nigeria, Francia, Gran Bretaña y Austria. A pesar de nuestras fuerzas
limitadas, combinamos la elaboración de la teoría marxista y la propaganda
regular con un trabajo de masas ejemplar.
Queremos promover la unidad entre los revolucionarios sobre
la base de un programa de acción para las luchas del próximo período. En ese
marco, hemos analizado la situación mundial y las consiguientes tareas para los
revolucionarios en diversos documentos. A continuación, presentamos un breve
resumen de las conclusiones más importantes.
La ofensiva de Trump: sus causas y consecuencias
La nueva política exterior de Trump —la llamada “Doctrina
Donroe”, codificada en el documento de Estrategia de Seguridad Nacional
publicado recientemente— reconoce que el imperialismo estadounidense ya no está
en condiciones de actuar como hegemón global. En cambio, Washington busca una
especie de distensión con el imperialismo ruso y chino, ya que su objetivo actual
es dominar por completo el hemisferio occidental.
Por esta razón, Estados Unidos ha lanzado una ofensiva
reaccionaria para recolonizar América Latina, comenzando con el secuestro del
presidente de Venezuela y la imposición de un bloqueo a los envíos de petróleo
a Cuba. Por la misma razón, Trump quiere presionar a Canadá para que se someta,
ocupar Groenlandia y destruir la Unión Europea para que estos países (o algunos
de ellos) se conviertan en vasallos de Estados Unidos.
Las consecuencias de la «Doctrina Donroe» son el fin oficial
del antiguo orden mundial que surgió tras el colapso de la URSS en 1991. Este
orden mundial ya había comenzado a desmoronarse después de 2008 con el
surgimiento de China y Rusia como nuevas potencias imperialistas. Sin embargo,
con la retirada de Estados Unidos y el inicio de una guerra arancelaria global,
las instituciones globales del antiguo orden mundial (Naciones Unidas, FMI,
Banco Mundial, etc.) están perdiendo importancia y se ha consolidado un orden
mundial multipolar, caracterizado por una creciente rivalidad
interimperialista.
¿Cuáles son las causas de estos cambios drásticos? En primer
lugar, vivimos en un período histórico de decadencia capitalista, caracterizado
por el estancamiento y la disminución de la producción económica y la tasa de
ganancia, el deterioro de las condiciones de vida de las masas, la decadencia
de la clase dominante (simbolizada en el horrible escándalo de Epstein), la
creciente transformación de las fuerzas productivas en fuerzas destructivas y
la consiguiente aparición de peligros para la civilización (inteligencia
artificial, crisis climática, armas cada vez más letales, disminución de la
fertilidad, etc.), así como la aceleración de los conflictos entre clases y
estados.
Ante este declive generalizado del capitalismo, era
inevitable que la potencia hegemónica del antiguo orden mundial perdiera su
posición dominante, mientras que nuevas potencias imperialistas —principalmente
China (y Rusia)— emergieran. Esto se ha reflejado en la posición de liderazgo
de China en la mayoría de las categorías económicas y militares, donde se
encuentra entre los tres primeros países, poniendo fin, de hecho, al dominio
exclusivo de Estados Unidos.
El declive de Estados Unidos también se refleja internamente
en el aumento de las tensiones sociales y políticas. El deterioro de las
condiciones de vida de la población, el terror racista de los agentes del ICE
contra los inmigrantes, que ha generado una decidida resistencia popular en
Minneapolis y otras ciudades, la interminable disputa de Trump con los
tribunales, el desplome de su popularidad en todas las encuestas y la inminente
derrota en las elecciones de mitad de mandato de noviembre.
Todo ello provoca inestabilidad política e impulsa a Trump a
transformar el sistema político estadounidense atacando los derechos
democráticos y construyendo un aparato estatal bonapartista. La inclinación de
Trump hacia las aventuras en política exterior (Venezuela, Irán, Nigeria)
refleja su deseo de superar la impopularidad interna y el declive global
mediante « guerras pequeñas y exitosas » de prestigio. Su agresiva política
exterior no refleja tanto el poderío estadounidense como su decadencia, que
intenta compensar con aventuras políticas: reacción interna y externa, la
esencia de la política estadounidense.
Derrotismo revolucionario en todos los conflictos entre
potencias imperialistas
Desde la CCRI hemos insistido repetidamente en que es
imposible comprender la dinámica de la situación mundial sin reconocer el
surgimiento de nuevos estados imperialistas, en particular China y Rusia.
Contrariamente a la propaganda de estalinistas y bolivarianos, los regímenes de
Xi y Putin no desempeñan un papel «antiimperialista», sino que defienden los
intereses de la burguesía monopolista nacional, que oprime y explota a las
masas tanto a nivel nacional como internacional, desempeñando un papel
importante en el mercado mundial y en la política global.
La ruptura de Estados Unidos con Canadá y Europa Occidental
demuestra que, en un mundo caracterizado por el declive capitalista, la clase
dominante de todas las grandes potencias actúa según el principio de «sálvese
quien pueda». Dicha ruptura demuestra, entre otras cosas, que Japón, Canadá y
los estados de Europa Occidental son potencias imperialistas por derecho
propio, y no meros elementos subordinados de un imperio estadounidense global,
como han afirmado durante años diversos ideólogos estalinistas y bolivarianos
(por ejemplo, John Bellamy Foster, Immanuel Ness, Claudio Katz).
Desde la CCRI intervenimos en los conflictos
interimperialistas con una línea favorable al derrotismo revolucionario, tal
como la elaboraron Lenin y los bolcheviques. No apoyar a ninguna gran potencia
(ni la suya propia ni ninguna otra); oponerse a su política chovinista; y
orientarse a utilizar cada conflicto para impulsar la lucha de clases contra
los gobiernos imperialistas, para que se transformen en guerras civile: estos
son los principios que deben guiar a los socialistas en los conflictos entre la
OTAN y Rusia, Estados Unidos y China, Estados Unidos y la UE, China y Japón,
etc.
¡Defendamos a los pueblos oprimidos contra la agresión
imperialista!
Ante la agresión imperialista, los socialistas debemos
unirnos en defensa de los pueblos oprimidos en contra del agresor imperialista.
Por ello, desde la CCRI apoyamos la resistencia palestina contra la ocupación
sionista, a Ucrania contra la invasión de Putin, a Venezuela y Cuba contra
Estados Unidos y a Irán y otros pueblos de Oriente Medio contra la agresión
sionista-estadounidense. En cada conflicto nos alineamos —siguiendo los
principios de la táctica del frente unido antiimperialista elaborada por la
Internacional Comunista en tiempos de Lenin y Trotsky— con las fuerzas
pequeñoburguesas o burguesas que lideran luchas significativas contra el opresor,
sin bridarles ningún tipo de apoyo político.
Denunciamos el régimen reaccionario de los ayatolas iraníes,
así como los regímenes castrochavistas en Venezuela y Cuba, mientras luchamos
para reemplazarlos por gobiernos obreros y populares basados en consejos y
milicias de las masas. Estos regímenes reaccionarios oprimen a sus propios
pueblos en beneficio de las pequeñas clases capitalistas locales.
Particularmente vergonzosa es la capitulación del régimen chavista de Delcy
Rodríguez, que actúa como fiel servidor del imperialismo estadounidense. ¡Qué
muestra de cobardía del castrochavismo, dispuesto a sustituir a China y Rusia
por Washington como su nuevo amo!
Independencia de la clase trabajadora frente al frente
popular
Uno de los temas cruciales en la lucha de clases es la
cuestión del frente popular -de colaboración de clases- es decir, la política
de apoyo o la construcción de alianzas electorales y coaliciones
gubernamentales con sectores de la clase capitalista. En los últimos años,
numerosas fuerzas reformistas y centristas han apoyado electoralmente a
partidos burgueses (por ejemplo, a los demócratas estadounidenses, a los
peronistas argentinos, a candidatos liberales en las elecciones parlamentarias
francesas de junio de 2024, etc.) o a frentes populares (como en Francia y
Brasil). En Sri Lanka, varios partidos de izquierda han brindado un apoyo
gradual al gobierno populista-burgués del NPP a pesar de su política pro-FMI.
En Brasil, varias organizaciones trotskistas forman parte del PSOL, un partido
reformista de izquierda que ha aportado ministros al gobierno de Lula durante
más de tres años.
Desde la CCRI condenamos enérgicamente estas tácticas y
exhortamos a los y las socialistas a romper con todas las alianzas de frentes
populares, por lo tanto, de colaboración de clases. ¡La clase trabajadora debe
luchar de forma independiente contra todos los sectores de la burguesía! ¡No
hay futuro sin socialismo! ¡No hay socialismo sin revolución! ¡No hay
revolución sin un partido revolucionario!
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