[1] Nahuel Moreno, actualización del programa de transición, 1980.
Nahuel Moreno y los debates con Ernst Mandel sobre la vanguardia
Artículo escrito en 2020, por Claudio Colombo
El 25 de enero se conmemorará otro aniversario del fallecimiento de Nahuel Moreno, fundador de la corriente de la cual proviene la mayoría de las organizaciones revolucionarias de este país, como la nuestra. Desde CS reivindicamos su trayectoria, a pesar de que hemos criticado algunas de sus caracterizaciones y orientaciones políticas importantes.
Reivindicamos a Moreno, porque se propuso sacar al trotskismo de las discusiones de “café”, con el propósito de instalarlo en lo más profundo del proletariado, de manera de construir una organización internacional e internacionalista que se juegue a aprovechar todas las oportunidades de la lucha de clases para hacer avanzar las luchas y la consciencia de la clase trabajadora.
En ese sentido, uno de sus escritos fundamentales es "Partido Leninista o Partido Mandelista", a través del cual polemizó con Ernst Mandel sobre el carácter del partido revolucionario y sus políticas, polémica parecida a la que sostenemos con quienes defienden al teórico italiano Gramsci, como el PTS y otros grupos.
En ese libro, la militancia revolucionaria descubrirá por qué, los centristas de izquierda de esa época y de ahora, en vez de interpretar y tratar de representar las aspiraciones de la clase trabajadora, en su conjunto, sucumben a las presiones de lo que consideran su vanguardia, un método que los empuja, más allá de sus aspiracones, a capitularles a las direcciones reformistas.
“Nosotros creemos que el origen de las diferencias que tenemos con la mayoría en todos los terrenos -teórico, programático, estratégico y táctico- nace de una fundamental: la que mantenemos respecto al método de construcción de nuestras secciones. Los compañeros de la mayoría, entre los cuales se destacan Mandel y Germain con sus trabajos teóricos, plantean una serie de definiciones y tareas que pretenden cambiar las normas leninistas de construcción del partido.”
“Para ellos, el sector esencial sobre el cual debemos volcar nuestra propaganda y agitación, el que define los rasgos fundamentales de nuestra política, es la "vanguardia de masas", que existe en todo el mundo. Estas afirmaciones se han transformado en un verdadero principio. Para asegurarnos el éxito de nuestra estrategia, que consistiría en ganar la hegemonía dentro de la vanguardia, deberíamos emplear dos tácticas:”
“Realizar campañas políticas cuyos ejes estén definidos por las inquietudes de la vanguardia, con la única condición de que dichas inquietudes -no se opongan a la lucha de las masas- y concentrarnos lo más posible para hacer conocer las acciones "ejemplares" de la vanguardia". “Una vez que hayamos ganado a esa vanguardia de masas, la utilizaremos para dos tareas. La primera, ayudar a los obreros avanzados de los sindicatos a luchar contra la burocracia; la segunda, propagandizar y agitar entre estos obreros la necesidad de que se organicen en comités de fábrica y órganos de poder dual para recibir preparados cualquier oleada futura de luchas masivas generalizadas.”
“Para completar este esquema, Mandel eleva esta concepción, que al principio aparecía como específica de la actual etapa, al terreno general. Ya no se trata de la función de nuestros partidos en esta etapa y para una región, sino de su carácter para todo el mundo y toda la historia. Esta concepción no solo se opone a la leninista-trotskista de construcción del partido, sino que no sirve para nada: ni siquiera para ganar a la vanguardia (a lo sumo permitiría que la vanguardia nos gane a nosotros para sus acciones "ejemplares").
“Para los bolcheviques, las cosas son de otro modo: el partido revolucionario tiene que ganar la hegemonía política en la clase obrera y el movimiento de masas. Esto se consigue trabajando sobre ellos, con una política que se plantea para que ellos la tomen. Sólo cuando esto ocurre se puede derrotar a la burocracia. Y así solamente el partido gana su derecho histórico a ser considerado el partido revolucionario, la vanguardia de la clase obrera en la lucha contra el capitalismo.”
La política “vanguardista” de los mandelistas, reeditada en la actualidad por los gramscianos, como el PTS y otros grupos, ni siquiera significa sucumbir a las aspiraciones de los sectores más combativos de la clase obrera, sino un activismo supuestamente más avanzado en términos "ideológicos". Esta vanguardia, que defiende, de palabra, ciertas ideas izquierdistas, tiende a ser arrastrada por las organizaciones “nacionales y populares”, “bolivarianas” o progresistas.
Este tipo de centristas cree que la consciencia se expresa, centralmente, a través de las palabras o los escritos de las personas que integran una determinada clase social. Por eso, no tiene en cuenta -como cuestión fundamental de sus análisis- a las acciones del movimiento de masas, su dinámica y la manera en que se organiza para llevarlas adelante, sino a los discursos de esta supuesta “vanguardia ideológica”.
Debido a este método de analizar la realidad, que tiene un carácter idealista -porque se basa en las ideas- los centristas tampoco saben distinguir cuál es la verdadera vanguardia, yendo, la mayoría de las veces, a la rastra de una retaguardia que esconde su esencia -reaccionaria- detrás de un palabrerío progresista, izquierdista, feminista, antiimperialista u obrerista.
La crisis de los regímenes democrático burgueses y de los grandes partidos de izquierda, que no son ajenos a esta, nos obliga a retomar el método con el que Moreno discutió con Mandel, para saber cuáles son las verdaderas relaciones de fuerza entre las clases y en donde se encuentran los destacamentos de vanguardia del proletariado. Hacer eso nos permitirá calibrar la “puntería” a la hora de disputar la conducción del movimiento de masas.
La construcción del partido revolucionario no se pone en práctica solo discutiendo las políticas y caracterizaciones de las organizaciones reformistas y reformistas, sino también con los partidos y dirigentes de la izquierda revolucionaria, que, utilizando un método de análisis equivocado les terminan haciendo el juego a los enemigos "progresistas" de la clase trabajadora, como hizo Nahuel Moreno con el mandelismo.
Algunas críticas a las concepciones de Moreno
Artículo escrito por Juan Giglio en 2017
Nahuel Moreno fue, sin lugar a dudas, el dirigente más importante del trotskismo argentino y uno de los más grandes a nivel internacional, ya que tuvo el mérito de instalar la corriente fundada por León Trotsky en el seno del proletariado y de intervenir en los procesos más avanzados de la lucha de clases del mundo, practicando el internacionalismo militante.
Moreno no hacía propaganda de la realidad - como muchas sectas que se reivindican trotskistas y terminan haciendo “periodismo revolucionario” - siempre trató de transformarla aprovechando oportunidades hasta las compañerasmás pequeñas, con el fin de convertir al partido nacional e internacional en un agrupamiento capaz de influir a las masas.
Varias camadas del activismo fueron educadas por el “morenismo”, que les inoculó “anticuerpos” contra la colaboración de clases o “frente populismo”. Textos como “La traición de la OCI”, enfrentando a los trotskistas franceses que capitularon a la socialdemocracia, o “Lora reniega del Trotskismo”, desnudando la estrategia frente populista del tándem Lora-Altamira, mantienen una vigencia excepcional.
En “El Partido y la Revolución” polemiza con el dirigente del Secretariado Unificado de la Cuarta Internacional, Mandel, anticipándose al debate que hoy plantean los seguidores de Gramsci, quienes al igual que los mandelistas no elaboran un programa al servicio de la movilización, sino en función de la educación y la organización de la vanguardia. Unos, promovían acciones ejemplificadoras, los otros, organizan la “contra hegemonía”.
“Conceptos políticos elementales” es un texto simple pero magnífico, ya que brinda las herramientas principales que debe tener un revolucionario para enfrentar los desafíos de la lucha de clases. Igual que “Problemas de Organización”, que trata sobre las distintas formas de organizar al activismo, la militancia y la periferia partidaria, adaptándose a las circunstancias y sin caer en errores oportunistas o sectarios.
Sin embargo Moreno no caracterizó correctamente a las revoluciones de post guerra, sino que las sobredimensionó, definiéndolas como “socialistas”. No alertó que lo central no había sido la expropiación de la burguesía - Cuba, China o Vietnam - sino el fortalecimiento de los Partidos Comunistas, que las estrangularon desde adentro y utilizaron para frenar el ascenso revolucionario obrero y popular mundial.
Moreno subestimó la ausencia de revoluciones conscientes, que sólo pueden darse cuando la clase trabajadora asume - a través de sus organismos democráticos y su partido - la conducción de los nuevos estados proletarios, algo que en la historia se llegó a desarrollar durante períodos de tiempo muy pequeños y limitados, como en la Comuna de París o los primeros años de la Revolución de Octubre.
Con esa caracterización Moreno desorientó a sus continuadores, que no por casualidad terminaron construyendo frentes políticos con el stalinismo, justo en momentos en que los PCs de Rusia, de China y del este europeo estaban empezando a derrumbarse debido a su propia crisis y la lucha de los trabajadores y los pueblos de esos países.
Esta equivocación teórica desarmó política y metodológicamente a la Liga Internacional de los Trabajadores y a su principal partido, el Movimiento al Socialismo de Argentina, que estallaron por los aires dando lugar a dos tipos de tendencias: las dogmáticas, que reivindican al fundador de la corriente sin críticas - MST o IS - y las otras, que como el PTS, terminaron revisando todo, abrazándose a las concepciones mandelistas que Moreno había combatido con las mejores armas, aunque ahora bajo el ropaje teórico de Gramsci.
Hugo Mario Bressano nos dejó pilares fuertes sobre los cuales podemos y debemos apoyarnos para hacer política revolucionaria, nacional e internacional. La mejor manera de practicar el “morenismo” no es reivindicarlo de manera acrítica, que como aquellos que tiraron todo por la borda, caminan hacia el mismo lado: el retroceso y desbarranque teórico y programático.
El programa se debe construir como las casas de los obreros que aprovechan los cimientos sólidos que les dejaron sus padres, aunque no vacilan a la hora de tirar paredes y otras estructuras. Frente a la crisis histórica del imperialismo y los nuevos procesos revolucionarios que están dando lugar a incipientes organismos de poder obrero y popular, las bases programáticas dejadas por Moreno continúan siendo inmejorables.
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