domingo, 22 de noviembre de 2020

Estados Unidos, vidriera de la decadencia capitalista y motor de la revolución, que continúa explotando en todo el continente


Por Damián Quevedo

La debacle de las instituciones de la sociedad actual, que viene madurando desde hace décadas, está mostrando una aceleración inusitada. En ese marco, ya nada en materia institucional funciona con “normalidad” en ninguna parte del mundo, proceso que es más evidente y grave para el capitalismo al ponerse de manifiesto en el centro económico del planeta, en la que todavía oficia el papel de mayor potencia, los EEUU. 

La crisis del régimen no es una cuestión menor, ya que retroalimenta y acelera su contrapartida en el plano económico y financiero. La volatilidad del capitalismo en su etapa actual, con la preponderancia del capital financiero y el vuelo de este, de una rama de la producción a otra o de un territorio hacia el otro extremo del planeta, conforman una tormenta perfecta, azuzada por la radicalización del movimiento de masas, que no les da tregua a los de arriba. 

La versión nueva versión de esta crisis en los EEUU, tiene sus causas en situaciones que se arrastran de tiempo atrás, como por ejemplo el impeachment  a Clinton en 1998 o el reciente a Donald Trump, por el escándalo de Ucrania, justamente en torno a Joe Biden. Esta obra teatral, con características de sainete, tiene un nuevo acto que bien podría ser el final, a través de la disputa de Donald Trump tratando de demostrar la existencia de un gigantesco fraude en las recientes elecciones.

Ahora, Rudolph Giuliani, ex alcalde de Nueva York y abogado personal de Donald Trump, vinculó a una empresa española con un fraude electoral. El defensor del presidente de Estados Unidos afirmó que una de las compañías de software que se utilizan en algunos estados del país, Dominion Voting Systems, pertenece a la empresa española Indra. Es por eso que apuntó contra ella, pero aún no presentó pruebas.

“Dominion es propiedad de otra compañía, Smartmatic, a través de una intermediaria llamada Indra”, comenzó Giuliani, en diálogo con Fox News. Y siguió: “Fue creada en 2002 o 2003 por tres venezolanos muy cercanos al dictador Hugo Chávez, y se montó para amañar elecciones”[1].

Este personaje en decadencia, que se derrite en público, pero que además es el representante legal del presidente de EEUU, derivó ahora la campaña por la anulación de las recientes elecciones en cruzada contra una supuesta conspiración comunista, que tendría como artífices a Cuba, Venezuela y el Partido Demócrata. Más allá del delirio de considerar socialistas a Cuba o Venezuela, ubicando a los demócratas en el mismo bando, existe un trasfondo en esta  disputa que es lo que realmente importa a la hora de analizar la lucha de clases y sus perspectivas.

Lo determinante en todo este conventillo es la aceleración de la crisis institucional, que al tratarse de un país con semejante desarrollo, sus consecuencias se pueden transformar en el epicentro de la situación revolucionaria mundial. La crisis y la lucha de clases, que atraviesa a todos los países, crearon las condiciones para que se concreten las “predicciones” de Marx sobre la revolución social en los países avanzados, con una probable combinación entre revoluciones sociales en estos y llas naciones oprimidas o semicoloniales.

La serie de movilizaciones con características revolucionarias que atraviesan todo el continente americano laten en EEUU como un fantasma que amenaza con hundir definitivamente el sueño americano. Las disputas por arriba tienden a acelerar ese proceso, incluso aunque no sea el objetivo buscado por quienes entran en la pelea, la realidad y las tendencias históricas son las que tienen la última palabra.

Las recientes explosiones sociales que tuvieron lugar en Perú y Guatemala marcan una tendencia a la cual, más rápido que tarde, nuestro país se acoplará muy a pesar de las teorías del "desacople" pergeñadas por el Kirchnerismo en su etapa de esplendor. La unidad de los procesos revolucionarios empuja objetivamente a la coordinación desde abajo de cada una de las rebeliones, dando lugar a lo que Marx vislumbraba como posible y necesario, la Revolución Socialista Mundial.

Para que esto suceda no alcanza con una situación objetiva que se radicaliza y radicaliza a la base obrera y popular, habrá que construir el estado mayor de la revolución uniendo a revolucionarios y revolucionarias dispuestxs a aprovechar las actuales circunstancias y encarar semejante desafío.

[1] https://www.infobae.com/america/eeuu

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