Por Damián Quevedo
El
fallido velorio en la Casa Rosada dejó al gobierno tambaleando y sin entender
que pasó, siendo casi una metáfora sobre el manejo de la economía nacional. La cuarentena más larga del mundo destrozó
la economía, la educación, produjo daños tremendos en las familias y graves
violaciones a los derechos humanos. Frente a ese escenario desolador, la
organización de un velatorio masivo en un lugar cerrado fue una burla hacia los
ciudadanos que debieron estar encerrados meses.l[1].
En
este plano, las medidas de Guzmán pasan sin pena ni gloria, ya que no existe épica posible
en el ajuste y el saqueo. El último político que intentó superar con relato una crisis
económica fue Alfonsín, quedando tan mal parado, que su frase más reconocida, dirigida hacia la multitud que copó la Plaza de Mayo, fue: “esto señores, es economía de guerra”.
Aunque si hay alguien que carece de épica en el discurso es Alberto Fernández, trata una y otra vez de tranquilizar el estado de ánimo popular con pasos que no superan jamás el plano discursivo, ya que en los hechos nunca han resuelto ni resolverán la acuciante situación de la mayoría de la población.
Es así que esta semana se debatirá en el Congreso la legalidad o no del aborto, un tema álgido que divide aguas en la política nacional, aunque más allá de que se consiga avanzar sobre una reivindicación histórica -una de las más importantes del movimiento de mujeres- el gobierno nuevamente trata de tapar con sarasa sus políticas antiobreras y antipopulares, que son cada día más brutales, en un período sensible a la sociedad, que es el de fin de año.
Tan salvaje es el ajuste, que el
aumento del 5% a los jubilados, que de por sí no equiparaba las jubilaciones a
la inflación, tampoco será un aumento. El Gobierno tiene previsto descontarles
a los jubilados, a la hora de dar un aumento a los haberes en marzo
de 2021, el 5% que se
otorgará el mes próximo según lo
que se anunció y se dispuso por el decreto 899, publicado el miércoles último
en el Boletín Oficial. [2].
El
relato, devaluado hasta el caracú, es lo único que le queda al gobierno para tratar de contener una olla a presión. Sin embargo este discurso se aleja tanto de la realidad, que produce un efecto contrario al pretendido: ¡A diferencia de los anteriores gobiernos kirchneristas/peronistas, que también
tomaban medidas demagógicas, estas se asentaban en hechos que daban lugar a la
forja de un relato, como el caso de la compra de acciones de YPF!
El
año próximo comenzará con vencimiento de la deuda a corto plazo, sin perspectivas alguna de incrementar la
recaudación fiscal por una vía normal, como sería por impuestos a las
exportaciones. El BCRA aspiró una gran
cantidad de fondos del sistema financiero en forma de pases y Leliq de manera
tal que ahora hay más de una base monetaria entera de deuda de corto plazo del
BCRA en forma de ambos instrumentos de absorción monetaria. Vale decir que por
los 2,3 billones de pesos que el BCRA emitió en total en forma de base
monetaria hay 2,5 billones de pases y Leliq que pagan tasa de interés[3].
El
año próximo, muy próximo en términos políticos, comenzará con crisis de deuda,
imposición de vacunas y paritarias en las que habrá que pelear la recuperación
salarial a la caída más grande de la última década, un cóctel explosivo que
debemos evitar que estalle sobre los trabajadores y trabajadoras.
Por
eso desde la izquierda, la vanguardia obrera y popular y todos quienes se
oponen a este ajuste brutal, debemos salir a pelear ahora contra el plan del gobierno, la oposición patronal y el FMI, agitando la necesidad de echarlos a
todos, con un nuevo Argentinazo que le dé el golpe de gracia al régimen e
imponga un gobierno de trabajadores, asentado en grandes asambleas para imponer
un rumbo socialista, que será el único camino para salir de la crisis y
terminar con la barbarie del capitalismo.

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