Por Damián Quevedo
Luego del fracaso de la política de encierro del gobierno nacional y, dentro de ese marco, de los intentos represivos más directos, Fernández y compañía han vuelto a la carga con un operativo de vacunación masiva y obligatoria, para el cual el Estado volcará toda su infraestructura y capacidad logística. ¡La consigna, para los/as de arriba, es que nadie quede sin vacunarse!
El ministro de Defensa, Agustín Rossi, detalló que las Fuerzas Armadas aportarán "medios aéreos y terrestres" para el traslado de la vacuna y los insumos médicos correspondientes. También intervendrá personal médico militar y se utilizarán los cuarteles y destacamentos de todo el país, donde se almacenará todo lo que requiera semejante despliegue.
Además del trabajo de relevamiento a través del Renaper, el ministro del Interior, Wado De Pedro, dijo que desde su área se podrán a disposición de la campaña todos los dispositivos que suelen utilizarse para garantizar la puesta en marcha de las elecciones. Es decir, los padrones -con los domicilios de los mayores de 60 años, por caso- y la logística que provee el Correo Argentino.
Esta Confluencia Cívico-Militar no es original, ya que fue implementada durante el breve gobierno de Héctor Cámpora, en 1973, cunando el ejército y la juventud peronista (Montoneros) realizaron tareas de asistencia social, a través del llamado "Operativo Dorrego”. Vale recordar que varios de los oficiales intervinientes estuvieron, tres años después, al frente del golpe militar que terminó con el gobierno de Isabel Perón.
Hace pocos años, la agrupación política de Máximo Kirchner, que no casualmente lleva el nombre de Cámpora, intentó lavarle la cara al ejército con una orientación parecida, una gran farsa en la que participó, lamentablemente, Hebe de Bonafini. La línea de los Fernández es todavía más ambiciosa, porque no solo intentan lavarle la cara a las Fuerzas Represivas, sino que pretenden que las multinacionales productoras de vacunas realicen un negocio fantástico, valiéndose de la infraestructura que les aportará el Estado.
Este remedo del "Operativo Dorrego", que por su carácter entreguista podría denominarse "Operación Infame", no sólo les ahorrará fortunas a las multinacionales, que utilizarán la logística estatal, sino que constituirá otro intento de regimentación y control social, metiendo miedo y castigando que quienes no se apliquen, "en tiempo y forma" las vacunas, que cientos de científicos han denunciado como peligrosas para la salud humana, debido a la falta de tiempo para comprobar su efectividad y al carácter transgénico de las mismas.
La vacunación masiva, que probablemente se combine con la agitación mediática del "arribo de otra ola de contagios", no casualmente se llevará adelante durante meses en los cuales la conflictividad social se suele incrementar, como aquellos en los que comenzarán a discutirse, o deberían hacerlo, las paritarias salariales. ¡Queda claro que el gobierno y las patronales volverán a aprovecharse del miedo al virus, que ellos mismos crearon, para tratar de rebajar salarios, despedir masivamente y liquidar conquistas obreras!
Lxs peronistas en ejercicio del poder se está sacando la careta, demostrando que no defienden los intereses de lxs de abajo, sino que están al servicio, como el más servil de los lacayos, del imperialismo más concentrado. La clase trabajadora y el pueblo deben terminar de romper con estos personajes siniestros, arrojándolos de una vez y para todas al basurero de la historia. La izquierda tiene, en ese sentido, que cumplir su papel, alentando la construcción por abajo del Argentinazo que hará falta para que esta perspectiva se cumpla, dando lugar a un gobierno Obrero y Socialista.

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