Crisis del régimen, dispersión electoral, conflictos obreros y grandes posibilidades para la izquierda

Por Damián Quevedo y Juan Giglio

En una reciente entrevista, Máximo Kirchner deslizó que Cristina Fernández no sería candidata a la presidencia, cerrando las puertas del operativo clamor, organizado inmediatamente después del atentado, ya que nadie, mucho menos la “jefa”, quiere agarrar esta papa caliente, sabiendo que como vienen las cosas, van a perder por goleada.  

Cristina optó por el repliegue estratégico, para tratar de acceder a un cargo en el senado que le permita mantener los fueros, y de esa manera evitar que la metan presa. Ferraresi, Zabaleta, Manzur y una larga lista de funcionarios nacionales, volvieron o están por volver a sus “territorios”, para ver, si al menos, consiguen mantener el poder de sus municipios o gobernaciones.  

Ante esta retirada, Alberto Fernández volvió a considerar la posibilidad de pelear por la reelección, a pesar de que su imagen pública está muy lejos de ser la que fue durante la “cuarentena”, ahora tiene, según los encuestólogos, un 6% de aprobación, lo cual no significa nada en términos electorales.  

La oposición patronal está apenas en mejores  condiciones, con una guerra interna que ya muestra cuatro fracciones, organizadas alrededor de Bulrrich, Larreta, el radicalismo y Macri, todos actuando como candidatos y a la espera de que haya elecciones primarias, algo que también está en duda.  

¿Qué tienen en común estos hechos? Que los políticos se están replegando hacia territorios que creen más seguros, sus bases originales de poder, en la perspectiva de que puede haber un gran cimbronazo electoral. Un vendaval que se está registrado en las encuestas, sobre todo, en las cualitativas, donde la gente no dice a quién va a votar o qué imagen tiene sobre tal líder, sino que se expresa sobre qué sentimientos tiene en su relación con la vida pública, respecto de la política en general y la economía y qué visión se le ofrece sobre el futuro[1] 

Este puede ser un escenario similar al del 2003, posterior al Argentinazo, aunque sin una rebelión de por medio. La dispersión electoral de ese entonces podría repetirse, dando lugar al crecimiento, por derecha y por izquierda, de candidatos y espacios “anti régimen”. Por eso, junto con el crecimiento de Milei y otros personajes "libertarios", no hay que descartar un aumento significativo de los votos hacia la izquierda, especialmente al FITu.  

Más allá de las especulaciones electorales, lo que señala esta crisis por arriba es que maduran las condiciones para una rebelión, que cuando explote será mayor, en cantidad y calidad que la del 2001. Los capitalistas lo saben y también saben que el régimen representativo está agotado, aunque no tienen otra opción, por eso se preparan para actuar frente a un resultado electoral inédito.  

La izquierda, que cuando vengan las elecciones deberá aprovecharlas, jugándose a aparecer como la única alternativa capaz de sacar al país de la crisis -con un programa socialista y revolucionario- debe, en la actualidad, ponerse al frente de todos los conflictos reivindicativos, y, desde allí, agitar la necesidad de acabar con el ajuste y los ajustadores con la huelga general o el Argentinazo.

 [1] La Nación 25/10/2022

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