Renuncia de la primera ministro inglesa, la expresión de una crisis generalizada de todo el capitalismo
Por Damián Quevedo
Luego de apenas 45 días de mandato, la primera ministra
británica (imagen) presentó su renuncia. Esta situación, que podría ser usual en otros
países, para Inglaterra es síntoma de una profunda crisis de la democracia representativa,
incluso del por demás elitista régimen británico, que acaba de perder a una de
sus emblemas, la reina.
Liz Truss ha tirado la toalla, la primera ministra del
Reino Unido comparecía ante las puertas de Downing Street para anunciar su
dimisión tras solo 45 días en el cargo. Se ha convertido así en la jefa de
Gobierno más breve en toda la historia del Reino Unido. “No puedo cumplir el
mandato para el que me eligieron.
He anunciado al rey mi decisión de dimitir”, ha
afirmado. La todavía primera ministra ha acordado con la dirección del Partido
Conservador que seguirá en el puesto hasta que se elija un sustituto a lo largo
de la semana que viene, el tiempo que se han dado para buscar una solución a la
crisis desatada[1].
Esta situación no es ajena a lo que sucede en el
continente y a los efectos de la agudización de las pujas entre las grandes
potencias, que se profundizó con la guerra en Ucrania. En este marco, un
fantasma recorre Europa, el de las grandes rebeliones obreras, que tiene a la huelga
petrolera de Francia como la punta del ovillo de una dinámica que hace muchos
años no acontece en el viejo continente.
Esta gran lucha obrera, que ha generado la simpatía de
otros sectores, no es un suceso aislado, sino el efecto directo de la recesión
iniciada en el 2019, que golpea a los trabajadores europeos y de otras
latitudes. La huelga ferroviaria de Gran Bretaña y la huelga general, que
derivó de la protesta de mujeres iraníes, forman parte de este mismo proceso.
Este aumento de las luchas debe entenderse en el
contexto de la debacle generalizada y profundísima del capitalismo europeo, que
se abrió con el comienzo de la Gran Depresión a fines de 2019 y que ha
resultado en los últimos meses en una crisis masiva de inflación, alimentos y
energía.
La crisis pegó un salto a partir de la derrota de
Putin, que lo obligó, primero al reclutamiento forzado y, ahora, a declarar la
ley Marcial. El mandatario ruso anunció este miércoles que firmó un decreto
que impone la ley marcial en las cuatro regiones ucranianas que Moscú anexó el
mes pasado en una medida rechazada como ilegal por la comunidad internacional[2].
Los gobiernos capitalistas, que buscan resolver esta
crisis de súper producción mediante grandes guerras, como ya lo han hecho en el
pasado, hoy están muy débiles para encararlas, realidad que abarca al conjunto
de los jerarcas imperiales. Para avanzar en ese sentido, ni Biden, ni Putin, ni
Macron, o ahora Truss, cuentan con un pueblo dispuesto a morir en el frente en
defensa de la “patria”.
Los socialistas revolucionarios debemos aprovechar
esta circunstancia, para alentar con audacia las luchas obreras, que, aunque
todavía incipientes, forman parte de un proceso de ascenso que recorre el mundo.
A la cabeza de estos conflictos, debemos, sí o sí, agitar las banderas
socialistas, ya que no hay salida sin un revolución social.

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