Por Damián Quevedo
Entre la interminable discusión por el presupuesto y las especulaciones sobre cómo sobrevivir a las próximas elecciones, desde el gobierno continúan caminando por la cuerda floja sobre un enorme y profundo precipicio.
Tanto las
nuevas “críticas” de Cristina Fernández por ciertas medidas gubernamentales,
las concesiones a Moyano o la discusión sobre el cobro de ganancias a los
jueces, son espejos de colores para presentar un presupuesto ficticio. ¡Ni el
gobierno ni la oposición patronal están en condiciones de planificar gastos e
ingresos, en medio de esta crisis y tratando de seguir la hoja de ruta del FMI!
Sin
posibilidad de cambiar la situación, pero reconociendo que la tendencia más
probable es que todo empeore, un sector del partido gobernante busca mecanismos
para minimizar la debacle.
En el caso
de que la crisis permita al gobierno llegar a las próximas elecciones, el
peronismo ya está intentando una maniobra para amortiguar la caída, razón por
la cual el sector encabezado por el kirchnerismo quiere eliminar las elecciones
primarias.
Cuatro
diputados nacionales aliados del oficialismo presentaron finalmente este
miércoles el proyecto de ley para derogar las elecciones primarias abiertas
simultáneas y obligatorias, conocidas como PASO. Los diputados afirmaron que
“se ha desvirtuado la finalidad de las PASO porque mientras que algunos las ven
como una interna financiada por el Estado, otros las critican por configurar
una elección general anticipada; de tal modo, se cuestiona que no sirven a su
finalidad cuando los partidos políticos se presentan con lista única, e incluso
se objeta que interfieren en la vida interna de los partidos”[1].
El ministro
del interior Wado de Pedro afirmó que el 100%
de los gobernadores están de acuerdo en eliminar las internas, que, de
realizarse, debilitarían aún más al Frente de Todos. Esto podría llevar a una
crisis política mayor de la que sucedió luego de la renuncia de Guzmán, pero en
un contexto peor para Alberto y compañía, ya que a este ritmo, el daño de la
crisis económica sobre el poder adquisitivo de los trabajadores se
incrementaría cualitativamente.
Este asunto
aviva también la grieta dentro del partido de gobierno, ya que, hasta ahora,
Alberto Fernández y el Movimiento Evita se oponen a que no haya internas
abiertas, porque saben que si es así será Cristina Fernández quien digite las
candidaturas.
El kirchnerismo quiere eliminar el mecanismo que ellos mismos crearon -como maniobra para dejar afuera a los partidos de izquierda- porque ahora, ese mecanismo les juega en contra. Pero, además, porque en las actuales circunstancias, cualquier clase de elección, por más limitada que sea, puede convertirse en un canal de la bronca del movimiento de masas.
Es posible
que el escenario electoral sea similar al del 2003, con un alto grado de
fragmentación entre los partidos patronales y un caudal de votos hacia la
izquierda y derecha, favoreciendo el crecimiento de “outsiders”, como Milei,
pero también del FITu, que ya viene de hacer una excelente elección en varios
distritos.
Todo apunta
a que, con adelanto o no de las elecciones, estas den lugar a un gobierno muy
débil, incapaz de frenar el ascenso obrero y popular que está cocinándose al
calor de la rebaja salarial, que va de la mano del impuesto inflacionario.
Entonces, vamos, sí o sí, a un escenario de confrontaciones entre las clases
inédito, un futuro en el cual la revolución y la contrarrevolución se verán las
caras de manera directa.
La izquierda
debe prepararse para enfrentar esta situación, jugándose a aparecer como una
alternativa dispuesta a barrer con todo lo viejo y a construir lo
verdaderamente nuevo, una sociedad en la cual los trabajadores y el pueblo
dejen de ser los que paguen las crisis provocadas por los capitalistas, una
sociedad socialista.
[1] https://www.lanacion.com.ar/politica/

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