domingo, 25 de enero de 2026

Mientras Milei sigue con sus relaciones carnales con Trump, les abre las puertas a los rivales de EEUU, chinos y europeos


Por Musa Ardem

Milei viajó a Davos para una reunión convocada por Donald Trump con el objetivo de crear una nueva organización mundial presidida por él mismo. Como una reconstitución del llamado Consejo de Paz, creado por Trump para intervenir en Gaza, el presidente yanqui pretende incorporarle poderes equivalentes a los de la ONU e incluso la OTAN, pero sin Europa.

El organismo, que estará presidido por el mismo presidente de Estados Unidos, es una organización internacional que busca promover la estabilidad, restaurar un gobierno confiable y legítimo, y asegurar una paz duradera en áreas afectadas o amenazadas por conflictos, según el preámbulo del estatuto enviado a los países invitados a participar. También realizará funciones de construcción de paz de acuerdo con el derecho internacional (La Nación 20/01/2026).

Con este tipo de gestos, Milei insiste en tratar de sostener un equilibrio insostenible entre su romance con el magante yanqui y las relaciones comerciales con otros bloques y potencias imperialistas, como la UE, con la que viene de firmar un acuerdo muy ambicioso, en el ámbito del Mercosur, pacto, que de refrendarse, beneficiaría a una parte de los productores agropecuarios argentinos.  

Probablemente el beneficiario más temprano sea la agroindustria ya que el acuerdo facilita de manera concreta el acceso de la carne vacuna al mercado europeo. Hoy, una parte significativa de las exportaciones queda fuera de los cupos preferenciales (cuota Hilton) y enfrenta aranceles altos, lo que reduce márgenes y limita envíos. Con el nuevo esquema, una mayor proporción de la carne argentina podrá ingresar a Europa en mejores condiciones, con menores costos. (Clarín 18/01/2026).

Al acompañar las cachetadas de Trump contra los gobiernos europeos, Mile pone en riesgo un mercado sumamente importante para la agro industria y el potencial ingreso de divisas que representaría para las arcas públicas. La tensión entre las grandes potencias crece, hacienda que resulte prácticamente imposible sostener la actual ambigüedad comercial y política del gobierno libertario, que tampoco tiene problemas en negociar con los grandes rivales de EEUU, los chinos.

Mas allá de la simpatía que el presidente argentino pueda tener, o no, con EEUU e Israel, la cruda realidad es que esos países no representan mercados importantes para los capitales que operan en Argentina. Por esa razón, el sostenimiento a mediano plazo de las relaciones carnales incrementará la presión de Trump para que Argentina deje de venderles y comprarles a los rivales de los yanquis, situación que hundirá aún más a la débil economía argentina.

Al mismo tiempo, el avance chino significará la destrucción casi total de la industria nacional, debido a las importaciones de productos mucho más baratos de los que aquí se podrían producir. Con los yanquis o con los chinos, Argentina terminará en una crisis nunca vista con niveles de pobreza similares a los del resto de los países más pobres del continente. Esto significa que no habrá ningún cambio de fondo, sin la rupture con todos los imperialismos y sus virreyes locales.

La izquierda debe ponerse al frente de esta lucha, agitando las banderas del antiimperialismo y la necesidad de que este proceso lo cumpla la única clase capaz de realizarlo, porque se beneficiará de manera directa, la clase obrera, liderando a todos los sectores perjudicados por la recolonización brutal que se está llevando adelante en nuestro país.

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