La pérdida de mercados y la tendencia guerrerista de los
Estados Unidos, son la expresión concreta de un largo proceso de declive del
imperialismo yanqui, que perdió su lugar como potencia hegemónica hace tiempo,
e intenta -de manera agresiva- recuperar ese estatus que hoy le está disputando
la China de Xi Xin Ping.
Uno de los símbolos más claros de este declive es la
tendencia a la depreciación del dólar y la pérdida de su lugar como principal
medio de cambio y atesoramiento mundial. La decisión de los países integrantes
de los BRICS de intercambiar en otras monedas y el espacio que comenzó a ocupar
el Yuan chino -tanto en el comercio como en los préstamos a países
semicoloniales- corren a dólar del centro cada vez más.
En ese marco, y desde hace algún tiempo, un importante
sector del capital financiero comenzó a volcarse, más bien a regresar, al oro
como medio de atesoramiento para enfrentar la crisis económica general la mayor
volatilidad financiera.
El activo se encuentra en el centro del
llamado “debase trade”, por el que los inversores preocupados por el derroche
fiscal, la tensión geopolítica y el colapso de las normas institucionales
venden bonos del Estado y dólares, y recurren en su lugar a uno de los activos
más antiguos para protegerse.
Desde que Trump reveló al mundo su muro de
aranceles globales el 2 de abril del año pasado, el índice S&P 500 ha caído
más de un 1% en 27 ocasiones. En promedio, el precio del oro subió un 0,6% al
día durante esas ventas masivas. Pero el oro también sube cuando suben las
acciones. En los 24 días en que el S&P 500 subió más de un 1%, el oro se
disparó un 0,2%.[i]
La caída del valor del dólar no es causada por una
cuestión azarosa o por las inclinaciones puntuales de algunos especuladores,
sino que está determinada por la pérdida de la capacidad de la industria de Estados
Unidos en la carrera por la productividad con otras potencias, en particular
con China, cuyos niveles de producción han superado a los yanquis.
El Índice Bloomberg Dollar Spot, que mide el
valor del dólar frente a una cesta de las diez principales divisas mundiales,
cayó casi un 11% en los primeros seis meses de 2025. Se trata de su peor
desempeño en un primer semestre desde 1973[ii].
Esta caída no es una situación coyuntural, sino la
reafirmación de una tendencia, de un proceso largo de decadencia de EEUU, que
hoy lleva al imperialismo yanqui a acciones cada vez más agresivas, como las incursiones
en Venezuela o las amenazas de invadir Canadá y Groenlandia.
Sin embargo, este proceso no implica que la caída
constante de los Estados Unidos le cambie su carácter imperialista, ni, mucho
menos, que detenga su tendencia guerrerista. La crisis y la pérdida de mercados
empujan a las grandes potencias hacia una dinámica cada vez más voraz y
expansionista, con el objetivo de ganar o recuperar mercados.
Esto retroalimenta la tendencia, propia del imperialismo -como
expresión de un período histórico- a la guerra, que es el mecanismo que utilizaron
y seguirán utilizando las potencia para repartirse el mundo, depredar sus riquezas
y súper explotar a la mayoría de sus habitantes.
Solo la clase obrera de todo el planeta podrá frenar, con
métodos revolucionarios, esta tendencia, si se decida a acabar con el
capitalismo y construir una nueva sociedad, sin explotadores ni explotados, el
socialismo, que nada tiene que ver con las caricaturas que de él han hecho los
stalinistas, bolivarianos, progres y otros engendros.
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