Murió
Beto Pianelli, con quien he tenido, desde siempre, una buena relación personal, más allá
de las diferencias políticas que tuvimos desde que se alejó del viejo MAS y se integró a organizaciones progres que defienden los intereses de la burguesía, como Nuevo Encuentro de Martín Sabatella o la CTA Hugo Yaski. Desde esa ubicación, envío mis condolencias a sus familiares, amigos y
compañeros.
Sin
embargo, como revolucionario debo referirme al Beto militante,
que es lo que él hubiera hecho conmigo, en circunstancias parecidas. Hace
mucho tiempo que Roberto Pianelli abandonó las banderas del socialismo
revolucionario para sumarse a grupos e instituciones pertenecientes a nuestros enemigos de clase.
La
crisis del viejo MAS debe haber colaborado mucho para que esto sucediera, como
hizo con miles de jóvenes, que, entre los 80 y los 90, adhirieron a este partido hasta que explotó en mil pedazos, quebrando a muchos y
empujando a otros a organizarse en distintos grupos de izquierda. Algunos, no la mayoría, como Beto, eligieron el camino de la colaboración de clases.
Existió,
desde mi punto de vista, un elemento que ayudó a que eso ocurriera, la desconfianza de Pianelli en que la clase obrera sea capaz de elevar su consciencia y avanzar en su lucha para liberarse del
yugo de la explotación capitalista, concepción que lo llevó a militar, dentro del viejo MAS, en
una de sus fracciones más escépticas.
Cuando
me lo crucé, hace muy poco, en el velorio de un viejo dirigente de esta fracción, intercambiamos algunas palabras -como siempre, de manera muy cordial- a partir de las cuales corroboré que su escepticismo se había profundizado.
Refiriéndome a esto, le dije al camarada que me acompañó al velorio, que en la época en que dentro del Subte surgió el activismo combativo que impulsó la lucha por las 6 horas -finalmente ganada- Beto lo enfrentó, planteándole que “no existían las condiciones para pelear por esa consigna". ¡Fui testigo de esos diálogos!
El gran conflicto que permitió la conquista de esta reivindicación, dio lugar a una camada de compañeros
y compañeras que, dirigidos por Beto Pianelli, terminaron construyendo el
sindicato de la empresa, otra gran victoria de
la clase obrera, porque, para que se diera, las bases tuvieron que pasar por
encima de los podridos “cuerpos orgánicos” de la UTA.
En este nuevo marco, y de manera coherente con su escepticismo, Beto se negó a lllevar el ejemplo del Subte al resto de la clase obrera, impulsando la ruptura en serio con la burocracia sindical. No solo no alentó la posibilidad de poner en pie una nueva institucionalidad obrera, sino
que combatió todas las iniciativas que se plantearon en ese sentido, promovidas por la izquierda.
Justo
cuando la clase trabajadora, que rompió mayoritariamente
con el peronismo, comenzó a buscar desesperadamente una nueva opción, un punto de referencia
para comenzar a reconstruirse, Beto Pianelli hizo todo lo posible para
consolidar los viejos aparatos peronistas junto a enemigos declarados de la izquierda y la autoorganización, como Hugo
Yaski.
No puedo dejar de
sentir bronca, porque, al morirse tan joven, perdió la oportunidad de
arrepentirse y volver atrás, retomando el camino que inició en la juventud del viejo MAS, el camino de la revolución socialista y la lucha implacable con los carcamanes peronistas que terminó defendiendo.

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