El PJ trata de unirse y preparar el recambio para que nada cambie


Por Claudio Colombo 

La cumbre peronista del martes por la noche definió un método para intentar llegar competitivamente a 2027. Tras casi cuatro horas de conversaciones entre Axel Kicillof, Máximo Kirchner, Sergio Massa y un grupo de gobernadores, hubo acuerdo en construir un espacio opositor lo más amplio posible, permitir la participación de todos los sectores con aspiraciones electorales y preservar las PASO como mecanismo para dirimir las disputas internas. 

Según informó Página/12 el 14 de agosto: “En el peronismo entienden que la respuesta al proyecto libertario pasa por construir una coalición lo suficientemente amplia como para perforar los techos electorales. De ahí que no busquen limitar la participación… Incluso mantienen abiertas las puertas para los gobernadores peronistas que, cada tanto, se pintan de violeta: el tucumano Osvaldo Jaldo, el salteño Gustavo Sáenz, el catamarqueño Raúl Jalil y el misionero Hugo Passalacqua”. 

Los representantes de las principales fracciones del PJ no se reunieron para discutir con qué programa alternativo enfrentarán al gobierno de Milei. ¡De ninguna manera! Sobre eso prácticamente no hablaron porque, más allá de ciertas diferencias en las formas, los discursos y los ritmos, no plantean romper con los pilares económicos del proyecto libertario! 

La discusión central entre los dirigentes de La Cámpora, el movimiento encabezado por Kicillof y el Frente Renovador de Sergio Massa giró alrededor de otra cuestión: cómo distribuirán los lugares en las listas y qué mecanismo utilizarán para resolver las candidaturas de los próximos comicios. 

Por eso, a ninguno de estos personajes se le ocurrió anunciar que, en caso de regresar al Gobierno, anularán todas las medidas antiobreras adoptadas por Milei y su banda. Tampoco dijeron que desconocerán la deuda fraudulenta contraída con el FMI y otros organismos internacionales. Sin romper con ese mecanismo de saqueo será imposible reconstruir el aparato productivo, los servicios públicos, la salud, la educación y la infraestructura que la gestión libertaria está terminando de destruir. 

No es casual que al frente del espacio kicillofista se encuentren prácticamente todos los burócratas sindicales que, mediante su inacción, garantizan la continuidad del plan motosierra. Son los mismos dirigentes que se niegan a convocar un verdadero plan de lucha y que fragmentan cada conflicto para impedir que la resistencia obrera y popular se transforme en una movilización nacional capaz de derrotar al Gobierno. 

Una hipotética victoria del PJ, apoyada en su "programa" y en estos dirigentes, no cambiará las condiciones de vida de las grandes mayorías. No permitirá recuperar los salarios, las jubilaciones, los puestos de trabajo ni los derechos perdidos. Será, con otros colores, otros nombres y un relato diferente, la continuación de las políticas antiobreras aplicadas por todos los gobiernos capitalistas desde la caída de la dictadura. 

El peronismo se propone administrar la crisis, no terminar con sus causas. Pretende reemplazar a Milei para conservar el mismo régimen de dependencia, sometimiento al FMI, concentración económica y explotación de la clase trabajadora. Su “frente amplio” incluye incluso a los gobernadores que colaboraron abiertamente con el oficialismo y aportaron los votos necesarios para aprobar sus leyes. 

Solo la izquierda revolucionaria puede plantear una salida de fondo al servicio de quienes viven de su trabajo. Esa salida requiere luchar por un gobierno obrero y popular que rompa las cadenas de la dependencia y termine con la subordinación de la Argentina a las potencias imperialistas y al capital financiero. 

Un gobierno de esas características debería desconocer la deuda externa fraudulenta, nacionalizar la banca y el comercio exterior bajo control de los trabajadores y destinar los enormes recursos que hoy se utilizan para pagar a los usureros internacionales a un gran plan de obras públicas, viviendas, salud, educación y servicios. Ese programa permitiría crear millones de puestos de trabajo y recuperar la industria nacional y las empresas públicas, colocándolas bajo control democrático de sus trabajadores y usuarios. 

La popularidad que viene ganando Myriam Bregman expresa la existencia de condiciones excepcionales para que la izquierda se transforme, si se lo propone, en una alternativa política y sindical para millones. Pero eso exige abandonar cualquier adaptación al parlamentarismo y concentrar las fuerzas en la organización independiente de la clase trabajadora y de los sectores populares. 

Para cambiar efectivamente la historia no alcanza con esperar las elecciones de 2027. Hay que echar al gobierno de Milei mediante la movilización obrera y popular e impedir que quienes condujeron al país hasta esta crisis vuelvan a presentarse como sus salvadores. 

La tarea es organizar un nuevo Argentinazo, apoyado en miles de asambleas democráticas en los lugares de trabajo, los barrios, las universidades y las escuelas. Esos organismos de lucha deberán convertirse, después del triunfo, en la base democrática de un gobierno revolucionario de los trabajadores y el pueblo

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