Del carapintadismo y Cambiemos al PJ: Kicillof le abre la puerta al impresentable Santiago Cúneo


 

Por Juan Giglio  

El lunes 10 de agosto, Santiago Cúneo formalizó su reafiliación al Partido Justicialista bonaerense en la sede partidaria de La Plata. Allí anunció que será precandidato a gobernador en 2027 y respaldó la eventual candidatura presidencial de Axel Kicillof. El acto contó con la participación de Andrés “Cuervo” Larroque, ministro bonaerense y uno de los principales operadores del armado kicillofista, y de Mariano Cascallares, secretario general del PJ provincial.

No se trata de una incorporación menor ni de un personaje cuyo pasado político pueda disimularse detrás de su actual discurso opositor a Milei. Cúneo posee una extensa trayectoria ligada a la derecha nacionalista, el carapintadismo, el menemismo y distintos armados electorales patronales.

Durante su juventud estuvo vinculado con los sectores carapintadas encabezados por Aldo Rico y Mohamed Alí Seineldín. Fue expulsado de la Unión Cívica Radical después de participar en la ocupación de una sede partidaria durante el último levantamiento carapintada. Posteriormente se incorporó al Modin, la organización política creada por Rico.

La relación no quedó limitada al terreno político. Durante los años noventa, Cúneo presidió Cop Petrol, una empresa dedicada a la importación y comercialización de combustibles en la que participaban figuras ligadas al carapintadismo. Mientras el menemismo privatizaba las empresas públicas, destruía puestos de trabajo y entregaba el patrimonio nacional, Cúneo apoyaba la reelección de Carlos Menem y aparecía públicamente abrazado al entonces presidente bajo la consigna “Menem 99”.

En 2007 se presentó como primer candidato a legislador porteño por Consenso Porteño, la lista encabezada por Guillermo Cherashny, un periodista estrechamente vinculado con los servicios de inteligencia. En aquel momento, Cúneo reivindicaba abiertamente la necesidad de construir una fuerza política de derecha y anunciaba su intención de “recuperar el Modin”.

La presentación de aquella lista se realizó en la pizzería Banchero de la avenida Corrientes. Allí, Cúneo apareció junto con antiguos dirigentes del partido de Aldo Rico y se proclamó representante de la “verdadera derecha”, tratando incluso de diferenciarse de Mauricio Macri, a quien consideraba demasiado moderado.

Sin embargo, esa supuesta diferencia no duró demasiado. En 2015, Cúneo se incorporó a Cambiemos, fue candidato a diputado provincial y trabajó para el armado electoral que llevó a Macri y María Eugenia Vidal al poder. Años después reconocería que había trabajado para esa fuerza, aunque afirmara no haber votado por Macri en el balotaje.

Luego armó diferentes sellos electorales y se presentó como candidato en varias oportunidades, casi siempre con resultados marginales. En 2019 intentó competir por la gobernación bonaerense, pero obtuvo apenas el 0,23 % de los votos en las PASO y no logró llegar a las elecciones generales.

Su recorrido reaccionario también quedó expresado en sus posiciones políticas. En diciembre de 2020 atacó al entonces presidente Alberto Fernández y sostuvo que no era “ni católico ni peronista”, entre otras razones, por haber impulsado la legalización del aborto.

Más graves todavía fueron sus ataques contra el pueblo mapuche. Cúneo justificó la represión y lanzó una catarata de insultos racistas contra sus integrantes, a quienes calificó de “mugrientos”, “inmundos”, “chorros”, “ladrones”, “violadores” y “vejadores”. Al mismo tiempo, reivindicó a Julio Argentino Roca, responsable político y militar de la genocida Conquista del Desierto. La Confederación Mapuche repudió esas declaraciones y presentó una denuncia ante la Defensoría del Público.

La llegada de Cúneo al armado bonaerense no es un accidente ni una equivocación. Expresa la orientación de un aparato que, mientras se presenta como alternativa al gobierno libertario, abre sus puertas a un dirigente proveniente del carapintadismo, del menemismo y de Cambiemos.

Kicillof y Larroque no desconocen estos antecedentes. Los aceptan porque su objetivo no consiste en construir una alternativa política de los trabajadores, sino en ampliar un frente electoral sin importar qué intereses, personajes o tendencias reaccionarias se incorporen. En nombre de la “unidad contra Milei”, reunen desde burócratas sindicales y gobernadores ajustadores hasta empresarios, clericales, derechistas y antiguos aliados del macrismo.

La incorporación de Cúneo vuelve a demostrar que el peronismo no representa una salida favorable para el pueblo frente a la ofensiva libertaria. No puede combatir consecuentemente a la ultraderecha quien incorpora a sus propias filas a personajes formados en la escuela política del carapintadismo, el nacionalismo reaccionario y el menemismo.

Tampoco alcanza con el silencio de Cristina Kirchner y del resto de las fracciones del PJ. Ese silencio no es prudencia: es complicidad con un aparato que hace tiempo abandonó cualquier pretensión de transformación social y que ahora procura reciclarse mediante una combinación de discursos progresistas, administradores del ajuste y figuras provenientes de la derecha.

Milei no será derrotado reemplazando a unos reaccionarios por otros ni reviviendo un “partido del orden” que gobernó para los capitalistas, pagó la deuda externa y preservó los negocios de los grandes grupos económicos. Para enfrentar al gobierno libertario hace falta la movilización independiente de la clase trabajadora, la juventud, el movimiento de mujeres y los pueblos originarios y la construcción de un espacio político que exprese esa lucha.

El crecimiento político de Myriam Bregman muestra que existe un espacio cada vez mayor para una izquierda consecuente, sin compromisos con los gobernadores, los empresarios ni el Fondo Monetario Internacional. La tarea no es reconstruir el viejo y agotado aparato peronista, sino hacer grande a la izquierda revolucionaria y levantar una alternativa de poder de los trabajadores.

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