Una semana de derrotas libertarias y de irrupción del movimiento de masas, que se radicaliza
Por Damián Quevedo
El Gobierno libertario sufrió varios golpes durante la
última semana. Su ofensiva contra el pueblo comenzó a resquebrajarse a partir del
recule frente a los prácticos navales y del contundente paro docente, que tuvo
un acatamiento masivo pese a las amenazas oficiales de inspecciones y
sanciones. La seguidilla de contratiempos continuó con la poda de la llamada
Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, cuestionada incluso por varios
de los aliados habituales de Milei.
El Poder Ejecutivo tomó nota de su debilidad. Por eso
ahora pretende volver a sentarse con los bloques “dialoguistas” para renegociar
apoyos y tratar de aprobar, al menos, lo que queda del proyecto. La derrota
también repercutió sobre la agenda parlamentaria. Según informó Página/12 el 9
de agosto:
La derrota que no se nombra proyectó sus
esquirlas sobre la Cámara Baja, que debe ahora recalcular su agenda. La reforma
política se había enfriado incluso antes de la sesión en el Senado del último
jueves. Los aliados creen que el tema se podrá reactivar con la llegada de la
primavera y al calor de los acuerdos electorales. “De la reforma ya no se
hablaba incluso antes de esta semana trágica”, reconoce un diputado que suele
colaborar con el oficialismo.
El bloque libertario trabaja ahora en sacar
la Reforma del Banco Central y el Proyecto de Inocencia Fiscal. “La idea es
juntar tres o cuatro proyectos que sean lo menos dolorosos posibles para no
tirar más de la cuerda con los gobernadores”. La inviolabilidad de la propiedad
privada deberá esperar al menos un mes.
No solamente se modificaron los planes del Gobierno y sus
aliados, también comenzó a cambiar el estado de ánimo del movimiento de masas.
Pese a una represión brutal, incluso para los niveles a los que este Gobierno
nos tiene acostumbrados, miles de personas se movilizaron, enfrentaron el
operativo policial y le pusieron el cuerpo a la protesta. Este hecho puede
marcar un antes y un después en el desarrollo de una resistencia que empieza a
ganar confianza y tiende a radicalizarse.
Lo más importante es que la derrota parcial del proyecto
gubernamental fue conquistada en la calle. Quedó claro para amplios sectores de
la población que la presión social fue la que obligó a los políticos patronales
a podar la ley y retirar sus puntos más cuestionados. No se trató de una súbita
toma de conciencia de los senadores ni de un gesto de independencia de los
bloques aliados, sino del temor a que la movilización creciera y profundizara
la crisis política.
El Gobierno intentará ahora ganar tiempo para que “baje
la espuma” y volver a la carga con esta y otras normas vinculadas al plan
motosierra. Pero los partidos tradicionales que saben leer mejor el humor
social, entre ellos el PJ, buscarán descomprimir la situación y tomar distancia
de los proyectos más abiertamente antipopulares. No lo harán porque hayan roto
con el ajuste, sino para preservar su propio poder, contener la bronca y evitar
que la movilización desborde los límites del régimen.
La debilidad del Gobierno y las fracturas entre los de
arriba comienzan a conformar condiciones favorables para que la resistencia dé
un salto de calidad. Pero estas condiciones no producirán por sí solas una
salida favorable para los trabajadores. Si la burocracia sindical y el
peronismo conservan la conducción del proceso, utilizarán su influencia para
fragmentar las luchas, negociar derrotas parciales y reconstruir la
gobernabilidad del mismo sistema que engendró a Milei.
La izquierda revolucionaria debe jugarse a fondo para
liderar esta nueva etapa, pasando por encima de los viejos traidores que
conducen los sindicatos y centrales obreras. Para eso, debe impulsar audazmente
la centralización de las luchas a través de un verdadero plan de acción
nacional y el desarrollo de organismos democráticos de decisión, principalmente
asambleas de base en los lugares de trabajo, estudio y en los barrios.
La tarea consiste en transformar la resistencia en una
fuerza política independiente de los trabajadores, capaz de derrotar al
Gobierno y también de enfrentar a quienes pretenden reemplazarlo para continuar
administrando el mismo orden capitalista para seguir súper explotando a la
clase trabajadora y entregando al país a la voracidad de las grandes potencias
imperialistas.




Comentarios
Publicar un comentario