Deudas, recesión y descontento social: una bomba de tiempo bajo los pies de Milei
Por Damián Quevedo
No solo no bajó la inflación ni llegaron los prometidos “salarios en dólares”, como juró una y otra vez Javier Milei: la mayoría de los trabajadores no logra llegar a fin de mes y una parte creciente debe endeudarse para pagar gastos corrientes, incluso para comer.
*Más del 50% de las familias argentinas asegura atravesar
dificultades de ingresos que, en más de la mitad de los casos, les impiden
llegar a fin de mes. En ese escenario, un 71,9% de esos hogares se ve obligado
a tomar alguna clase de deuda, tanto en el sector financiero formal como en el
informal. Al mismo tiempo, más de la mitad de esos préstamos no tiene como
objetivo financiar un consumo extraordinario o un emprendimiento, sino cubrir
los gastos cotidianos. Las familias se endeudan para llenar la heladera o, como
sucede con la propia Argentina, para pagar deudas anteriores.*[^1]
El endeudamiento familiar no es un fenómeno aislado ni
una consecuencia de supuestos “excesos” individuales. Es el resultado directo
de una política económica que pulveriza los salarios, destruye puestos de
trabajo y transfiere una porción cada vez mayor de la riqueza hacia los bancos,
los grandes grupos económicos y el capital financiero.
La crisis tampoco golpea solamente a la clase obrera
industrial, a los trabajadores de servicios o a los sectores informales.
También alcanza a la propia estructura represiva del Estado. El personal
militar, policial y de las fuerzas de seguridad —uno de los principales
instrumentos utilizados por el Gobierno para imponer el ajuste— sufre
directamente las consecuencias de esa misma política económica.
Según un informe del Banco Central, *el 25% de los
militares, policías, gendarmes y prefectos se encuentra en situación de
morosidad. El problema afecta principalmente a los menores de 35 años. Ese
porcentaje debe compararse con la morosidad promedio de las familias
argentinas, que alcanza el 13,1% en los bancos y el 29,5% en las entidades no
financieras, entre ellas las billeteras virtuales.*[^2]
En medio de una profunda recesión industrial y del
aumento permanente del costo de vida —no solo de los alimentos, sino también de
las tarifas de los servicios esenciales y del transporte— se está formando una
enorme burbuja de deuda popular. Millones de personas piden préstamos para
sobrevivir y luego contraen nuevas deudas para pagar las anteriores. Lejos de
resolver el problema, este mecanismo lo traslada hacia adelante y lo agrava.
La consecuencia es una bomba de tiempo económica y
social. No se trata todavía de una crisis idéntica al estallido de las
hipotecas estadounidenses de 2008, pero comparte una característica explosiva:
una masa creciente de deudas respaldada por ingresos cada vez más
insuficientes. Cuando los hogares ya no pueden refinanciar ni seguir pagando,
el derrumbe del consumo, la morosidad y las ejecuciones se retroalimentan,
profundizando la recesión.
Esta crisis puede provocar, además, nuevas protestas
dentro de las Fuerzas Armadas y de seguridad. Sería una contradicción
especialmente peligrosa para un Gobierno debilitado que, mientras empobrece a
sus propios uniformados, necesita más que nunca del brazo armado del Estado
para reprimir las luchas obreras y populares.
El programa libertario comienza así a chocar con sus
propios límites. Milei pretende garantizar las ganancias de los bancos, el pago
de la deuda externa y los negocios de los grandes capitalistas mediante una
ofensiva brutal contra las condiciones de vida de las masas. Pero ningún
aparato represivo puede contener indefinidamente el descontento producido por
salarios destruidos, despidos, hambre y endeudamiento.
En este contexto, las luchas contra los despidos y las
movilizaciones que empiezan a enfrentar la represión del Gobierno plantean una
tarea urgente: que la izquierda se proponga seriamente convertirse en dirección
política de los conflictos que vendrán. La reunión del jueves pasado -en
Sociales, convocada por el PTS y el MST- y la convocatoria a una movilización
para septiembre son pasos progresivos, pero resultan insuficientes si no forman
parte de un verdadero plan de lucha.
Hace falta preparar una intervención coordinada en cada
fábrica, lugar de trabajo, barrio y centro de estudio; impulsar asambleas,
comités de lucha y organismos de democracia directa que sirvan para impulsar otro
Argentinazo y una salida salida independiente de todas las variantes que ofrece
el capitalismo en su etapa de decadencia terminal. Solo mediante esa
orientación la izquierda podrá transformarse en una referencia real para
millones de trabajadores y trabajadoras que buscan una salida a la crisis.
La deuda de las familias, la recesión y el descontento
social no constituyen problemas separados: son distintas expresiones del
agotamiento de una política al servicio del capital financiero. La tarea no
consiste en administrar sus consecuencias, sino en organizar la fuerza social
capaz de derrotarla.
[^1]: *Infobae*, 6 de agosto de 2026.
[^2]: *Clarín*, 13 de agosto de 2026.




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