La caída de Adorni, un producto directo del crecimiento de la bronca obrera y popular, por lo tanto una victoria de la resistencia

Por Claudio Colombo

Finalmente renunció Adorni, debido a la presión del “Círculo Rojo”, los aliados del gobierno y la mayoría de los funcionarios y dirigentes del oficialismo, que se dieron cuenta de que era imposible mantenerlo en su cargo.

Estos sectores se enfrentaron a los hermanos Milei, que defendieron a capa y espada al evasor corrupto, no porque quieran erradicar las prácticas corruptas de la gestión libertaria -son tanto o más chorros que Adorni- sino por el crecimiento de la bronca obrera y popular, que amenaza con radicalizarse y convertirse en acción.

Algunos periodistas indican que el reemplazo de Adorni por un político con más “cintura” -probablemente Diego Santilli- y las supuestamente buenas noticias económicas -retroceso de la inflación, superávit comercial y baja del riesgo país- le podrían dar aire al gobierno para que camine hacia la reelección sin grandes problemas a la vista.

Sin embargo, no tienen en cuenta que la crisis provocada por el Adornigate no explotó solo por los chanchullos del ex vocero, es la expresión de un proceso que tiene raíces en las barriadas populares, los centros de estudio y los lugares de trabajo, donde la mayoría del pueblo sufre las consecuencias del plan motosierra y está perdiendo la paciencia.

La suba de las tarifas y los precios, la pérdida de puestos de trabajo, poder adquisitivo salarial y decenas de conquistas, constituyen el caldo de cultivo del odio contra Milei y los suyos, que, cuando aparecen en la escena personajes como Adorni, se potencia, alentando al movimiento de masas a pasar de la simple bronca a la acción.

Esa dinámica comenzó a materializarse en las últimas grandes marchas en defensa del presupuesto universitario y contra los femicidios. La resistencia todavía no pegó un salto calidad, debido a la política de contención y desvío de los conflictos que practica el peronismo, desde el parlamenteo, las intendencias y provincias que conduce y los grandes sindicatos.

Sin embargo, estos aparatos contrarrevolucionarios están, al igual que el gobierno y todo el régimen político, cada vez más débiles y desprestigiados, situación que facilita el desborde y la autoconvocatoria de las bases, única manera de construir el Argentinazo para acabar con el ajuste y los ajustadores.

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