Trump, en crisis y empantanado en la guerra del sionismo
La guerra
iniciada por Israel contra Irán -que arrastró a EEUU- representó un problema
para Donald Trump desde el comienzo. Es que, a pesar de los certeros golpes
asestados por la coalición imperialista, la resistencia del régimen iraní
sorprendió a los agresores, que, teniendo en cuenta la asimetría militar, esperaban
una victoria rápida y contundente.
Esto implica
para Trump un costo político que todavía no se puede dimensionar. No solo es una
provocación a su electorado, al que prometió salir de todas las guerras, sino
que, dentro de su propio partido, surgieron voces opositoras. La que sonó fuerte
estos últimos días ha sido la de Joe Kent, el ex jefe del comité antiterrorista,
que, por esta causa, terminó renunciando.
“No puedo
apoyar en buena conciencia la guerra en curso en Irán”, escribió Kent, director
del Centro Nacional de Contraterrorismo, en un mensaje publicado en las redes
sociales. “Irán no suponía ninguna amenaza inminente para nuestra nación, y
está claro que iniciamos esta guerra debido a la presión de Israel y su
poderosa influencia en Estados Unidos”[i].
La presión de
Israel aceleró las contradicciones entre las potencias imperialistas y las obligó
a delimitar más los campos, lo cual profundizó el aislamiento político de EEUU
en el tablero mundial. Trump no pudo cosechar más alianzas que las de algunos
gobiernos de países semicoloniales, como Argentina, pero estos no juegan ni
pueden jugar ningún papel en la guerra. Como contrapartida, las potencias
europeas les dieron sus espaldas a Israel y EEUU.
La Unión
Europea ha rechazado implicarse más directamente en la escalada militar en
Oriente Medio pese a las presiones de Washington para que aumente su presencia
naval en el estrecho de Ormuz. La alta representante de la UE para Política
Exterior y Seguridad, Kaja Kallas, ha dejado claro este lunes que los Estados
miembros no tienen “intención de ampliar” la misión europea en la zona y ha
subrayado que el conflicto no puede considerarse una guerra europea[ii].
La crisis que
abre el ataque a Irán empuja a los grandes capitalistas de Europa a acelerar la
pelea por los mercados de forma más abierta. En ese sentido, el rechazo a ser
parte del bloque yanqui-sionista es una declaración estratégica, que muestra
una tendencia en los alineamientos futuros.
Trump se
metió en esta guerra como un aventurero, porque no solamente no midió las
consecuencias externas, la crisis y los alineamientos que produciría, sino el
costo político para el régimen que lidera. La improvisación absoluta, sus
argumentos endebles y confusos y el viraje de 180 grados en la estrategia de
EEUU, que hasta antes de esta guerra se enfocaba en recuperar el mercado de
América, han dejado a Trump muy mal posicionado, por lo tanto es más que
probable que pierda las elecciones de medio término que se avecinan.
El
resultado de esto es que, a diferencia de guerras anteriores, el ataque a Irán
es muy impopular entre el pueblo estadounidense, incluso antes de que sufriera
pérdidas significativas. Gerald Feierstein, exdiplomático estadounidense de
alto rango que lidió con Oriente Medio, comenta sobre la naturaleza caótica de
la operación estadounidense: "Lo que hemos visto es una operación
completamente improvisada en la que parecía que nadie entendía ni creía
realmente que la acción militar era inminente. Parece que se despertaron el
sábado por la mañana y decidieron que iban a iniciar una guerra[iii].
El ataque a
Irán no solo es impopular en EEUU, sino que despertó el repudio de todos los
pueblos oprimidos del mundo, que comienzan a ver con claridad que esta es una
guerra de rapiña, que, de continuar, afectará negativamente al conjunto del
planeta.
Este es el
comienzo de una tendencia que parece profundizar el aislamiento y la crisis
política del gobierno de EEUU, los revolucionarios debemos aprovechar las
circunstancias para convocar con audacia a los trabajadores y los pueblos a
movilizarse en todo el mundo contra los agresores imperialistas.



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