Mensaje para Milei: la guerra comercial de Trump no es solo contra China, también es contra sus aliados más cercanos, México y Canadá
Por Damián Quevodo
Poco antes de asumir su segundo mandato presidencial, Donald Trump amenazó a sus principales socios comerciales con aranceles y medidas proteccionistas contra sus vecinos canadienses y mexicanos.
México y EE.UU. forman
junto con Canadá uno de los bloques comerciales más poderosos del mundo, con intercambios a nivel regional valuados en más de 1.5 billones de dólares anuales.
En el sector agroalimentario el intercambio de productos como maíz, carne y
lácteos ha sido fundamental para complementarse.
Sin embargo, las amenazas
de Trump no sólo contradicen los principios fundamentales del T-MEC (Tratado entre México, EE. UU. y Canadá)
sino que también pone en riesgo la integración lograda en la zona, en especial
con el mercado azteca[1].
El temor de los vecinos de EEUU se funda en la guerra comercial
que Trump llevó adelante con China, pero en este caso a los dos socios
comerciales de EEUU no les irá tan bien como a la potencia asiática, ya que
Canadá es un país mucho más chico que China en términos de capitales y México
es una semi colonia que depende principalmente de los yanquis.
Más allá de estos argumentos y de las medidas que tome Trump o de sus intenciones, la profundización y extensión de la guerra comercial es un producto inevitable del imperialismo y este no es la política de un país, sino un sistema que abarca todo el mundo, cuyas contradicciones empujan las peleas por los mercados y las guerras.
Estas medidas pueden significar un disparo en el pie para el imperialismo yanqui, que las llevará adelante solo para frenar su propia crisis, pero no resuelven en absoluto el problema central del imperialismo yanqui, la pérdida creciente de mercados y con ellos la pérdida de la hegemonía en el mundo.
Este lugar que EEUU ocupó luego de la segunda gran guerra imperialista, hoy está en disputa y probablemente esa pelea tomará el carácter de guerra abierta entre las potencias con consecuencias catastróficas para la humanidad.
Más allá de lo que está sucediendo en estos tres países del continente norteamericano, lo que acaba de declarar Trump es un mensaje directo para Milei, que está convencido de que la victoria del nuevo presidente republicano beneficiará a la gestión libertaria, debido a las "coincidencias ideológicas".
Nada más lejano a la realidad que esto, porque, para jugarse a reconquistar el lugar en el mundo que perdió el imperialismo yanqui, Donald Trump tendrá que ser impiadoso con todas las regiones del planeta que no forman parte del territorio que gobernará a partir de enero.
El imperialismo en su etapa decadente será aún más agresivo, saqueador y explotador que antes, no dejando ningún margen para que las semi colonias, como Argentina, levanten cabeza. La única manera de evitar esta perspectiva es liberando al país de la dependencia, algo que ni Milei ni el resto de la "casta" política y sindical están dispuestos a concretar, porque todos quieren jugar el papel de virreyes del imperio.
El único sector social que puede conquistar la Segunda y Definitiva Independencia, que permita un verdadero crecimiento económico y social, es la clase trabajadora, que, de lograrlo, se beneficiará como nunca antes en su historia. La tarea de los revolucionarios y las revolucionarias es ponerse al frente de la resistencia obrera y agitar esta perspectiva, la de una gran revolución social.


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