La rebelión correntina y la ruptura entre Macri y Milei, un panorama cada vez más negro para el gobierno


Por Damián Quevedo

Luego de meses de disputas internas, la ruptura entre Macri y Patricia Bulrich se oficializó. Un quiebre, en los hechos, del ex presidente con Milei, ya que no pudo copar el ejecutivo tal pretendía, no solo eso, los cuadros del PRO que se sumaron al gobierno terminaron pasándose a las filas de la Libertad Avanza. 

El caso Bulrrich es el más resonante, ya que era, al principio, una especie de “delegada” macrista. Su rompimiento, que puso a Macri contra las cuerdas, obligó al jefe del PRO a trazar rayas con el gobierno, que, si todo sigue así, terminará perdiendo a sus principales aliados en el parlamento. 

Macri salió a tomar distancia de la Casa Rosada por primera vez desde que Milei asumió su cargo. Lo hizo con un pronunciamiento público en el que le reclamó al Gobierno que cumpla con la sentencia de la Corte Suprema de Justicia y gire los fondos de coparticipación a la Ciudad, fortaleza política de Pro. (Clarín, 4 de Julio)

Este quiebre tiene como telón de fondo las elecciones del 2025, ya que, probablemente, la Ciudad de Buenos Aires termine siendo la arena en la que se dirima la pelea entre libertarios y macristas. Esto sucedería, si los tiempos institucionales se cumplen sin ninguna catástrofe política para el gobierno. 

En ese sentido, Macri intuye que la perspectiva gubernamental es mala, algo que se encargaron de advertir los grandes capitalistas, que dieron una señal de desconfianza -aumento del dólar, caída de los bonos, etc.- ante la combinación explosiva que resulta del estallido en la provincia de Corrientes y las erráticas medidas económicas de Milei y Caputo. 

El pequeño logro parlamentario de Milei, que, gracias a las maniobras de su jefe de gabinete, logró la aprobación de la Ley Bases, quedó en el olvido rápidamente. Por eso, es más que probable que la ruptura de Macri conlleve un distanciamiento de los grandes capitalistas, que se están dando cuenta de que Milei no es capaz de garantizar la gobernabilidad. 

Aunque los dirigentes de los partidos patronales no cuestionan al actual régimen -democracia representativa- lo jaquean permanentemente con las peleas que protagonizan por sus negocios y por la caja del Estado. Corrientes es un fiel ejemplo de esta dinámica, donde está a punto de estallar un gobierno, que, durante años, gozó de gran estabilidad. 

Corrientes es el espejo en el que se mira toda la realidad política y social, que, mucho más rápido de lo que piensa la mayoría de los plumíferos de la burguesía, dará lugar a una rebelión generalizada contra el plan motosierra, que obliga a los y las de abajo a levantar la guardia. La izquierda debe prepararse para liderar este proceso, trazando rayas con el peronismo, la burocracia sindical traidora y demás cómplices del ajuste.

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