La asunción de Sturzenegger y la nueva versión del "Plan Bonex", le crearán más problemas que soluciones al débil gobierno de Milei


Por Damián Quevedo

Finalmente, y después de muchas idas y vueltas, se confirmó la incorporación del ex presidente del Banco Central, Sturzenegger, al gobierno de Javier Milei, con un cargo que le permitirá controlar 27 dependencias del Estado. Este personaje mantiene, desde las épocas en que trabajaba para Macri, una gran rivalidad con el actual ministro de economía Luis Caputo. 

La llegada de Sturzenegger ocurre en un momento difícil para la gestión de Caputo, tras el anuncio de la "fase dos" hecho el viernes pasado, que no tuvo buena llegada entre los baqueros ni el mundo financiero, lo que se tradujo en una suba del dólar blue a inicios de semana. Mientras que el FMI exige eliminar el “cepo” y modificar la política cambiaria[1]. 

La oficialización del ingreso de Sturzenegger al gabinete nacional es un intento de tranquilizar al FMI y a los mercados, que se mostraron disconformes con los anuncios emitidos horas atrás por el ministro de economía y el presidente del Banco Central. Ninguno de estos anunció las dos medidas que pretenden los grandes empresarios: liquidación del cepo cambiario y una nueva devaluación del peso.   

Uno de estos anuncios, que obligó a “hablar a los mercados”, disparando el dólar paralelo y el índice de riesgo país, fue el traspaso de deuda del Banco Central al tesoro nacional y la “confiscación de pesos”, que serán canjeados por bonos, algo parecido a lo que hizo Menem, varios años atrás, con el fracasado Plan Bonex. 

El viernes se anunció una especie de plan Bonex para los bancos, con otro tipo de nombre, pero se pasa deuda del BCRA al Tesoro. Eso es lo que no gustó a los mercados. El Gobierno pensó una mejor reacción con la salida de la ley Bases y el Paquete fiscal. No salieron muy contentos los bancos al ver que era una obligación ineludible[2]. 

El Plan Bonex -abreviación de Bonos Externos- se implementó en diciembre de 1989, durante los primeros meses de gobierno menemista, como intento desesperado de contener la hiperinflación que estalló durante el período final del gobierno de Raúl Alfonsín. En ese momento se impuso un canje forzoso de los depósitos de plazo fijo por bonos (con vencimiento en 1999), para los ahorristas que tenían más de millón de australes. 

Esta confiscación de pesos, con el objetivo de reducir el dinero circulante -para bajar la inflación- fue una medida infantil, tal como la interpretaron los grandes capitalistas. Estos, ahora empiezan a notar que Milei, más allá de sus intenciones, no está en condiciones de cumplir con ninguna de sus promesas, lo que significa, que, para los “mercados”, el libertario se vuelve cada día más prescindible. 

En las actuales circunstancias, estas trifulcas en las alturas del poder, que debilitan al régimen y le restan credibilidad al gobierno, pueden provocar la irrupción del movimiento de masas, cada vez más descontento por el aumento del costo de vida. 

En ese sentido, cualquier chispa puede incendiar la pradera, como lo está demostrando Corrientes, donde decenas de miles se movilizan contra la “casta” cantando el “que se vayan todos”, una consigna que aterra a los habitantes de la Casa Rosada y a muchos de los que pretenden reemplazarlos. 



[1] Pagina12 05/07/2024

[2] Ámbito Financiero 02/07/2024

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