Debate: el FITu y la izquierda en general le dan la espalda a la rebelión correntina, un grave error político
Por Juan Giglio
La izquierda, especialmente las fuerzas que integran el FITu, se caracteriza por impulsar acciones en favor de las causas justas que afectan a la clase obrera y al pueblo, como las marchas contra la Ley Bases o las diferentes movilizaciones que se vienen realizando por la libertad de los presos políticos y en apoyo al heroico pueblo palestino.
Sin embargo, el FITu ni la mayoría de las organizaciones que se reclaman socialistas, no hicieron nada de esto para expresar el apoyo al reclamo de justicia del pueblo de Corrientes, que se está movilizando masivamente en contra del gobierno radical del “libertario” Valdez, al que acusan de haber pergeñado las maniobras políticas, judiciales y policiales que se desplegaron para impedir que se sepa qué pasó con Loan.
Las marchas y cortes de ruta que están teniendo lugar en esa provincia atacan ferozmente a la “casta”, un proceso, que, al calor del ajuste, tiende a extenderse hacia otras regiones, donde explotará por motivos diferentes. No hay que olvidar que decenas de las grandes luchas que estallaron en Argentina comenzaron con la reacción popular contra la impunidad de los caudillos provinciales.
La izquierda no toma al caso Loan, porque, en general, sus dirigentes analizan la realidad con esquemas idealistas, a partir del cuales, si lo que ocurre no encaja en sus caracterizaciones -teñidas por el punto de vista de las clases medias progres de las grandes capitales- no puede ni debe ser catalogado como un fenómeno progresivo.
Así pasó con la revolución siria, en la que surgieron organismos de “doble poder”, como los consejos locales que llegaron a controlar la producción y las milicias en amplias regiones. Estos izquierdistas se negaron a apoyar ese proceso, porque, contaminados por la propaganda imperialista, llegaron a la conclusión de que todo lo que se movía era manejado por las bandas del Estado Islámico u otras fuerzas contrarrevolucionarias.
En Corrientes, salvando las distancias, pasa algo parecido, ya que al frente de la movilización no están los trotskistas “puros”, sino curas atrasadísimos, madres que veneran a San La Muerte o políticos opositores que pretenden ganar relevancia apareciendo como defensores de los derechos humanos.
Como explicaron los dirigentes que dirigieron la primera revolución obrera triunfante de la historia, Rusia de 1917, en las revolucione, que rompen todos los esquemas y están llenas de contradicciones, intervienen de manea activa todo tipo de fuerzas contrarrevolucionarias, que intentan sacar provecho de las mismas o desviarlas a la vía muerta de la institucionalidad burguesa.
Pero, como también dijeron Lenin, Trotsky y otros grandes revolucionarios, es allí a donde se debe intervenir con audacia y sin prejuicios, para disputarles la dirección del movimiento de masas, agitando las consignas "transicionales" que ayuden a resolver positivamente las demandas democráticas insatisfechas de los y las de abajo.
Corrientes es un laboratorio, un momento en el que aparecen elementos, que, en las rebeliones que se avecinan, resurgirán y tomarán nuevas formas. Para poder liderarlas, hay que intervenir con audacia en la lucha correntina y sacar las conclusiones que sirvan para calibrar la herramienta más filosa, el programa socialista.
El programa que corresponde a las actuales circunstancias, será forjado por aquellos
revolucionarios y aquellas revolucionarias que entiendan esta dinámica y tengan
el coraje de romper con los planteos formales y esquemáticos de las
organizaciones, que, hoy por hoy, le están dando la espalda a la rebelión correntina.




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