¿Fin de la unidad imperialista alrededor del Covid-19?


Por Damián Quevedo y Juan Giglio 

El abandono, por parte de Boris Johnson, de la política que caracterizó a toda la burguesía mundial desde hace dos años, refleja un quiebre importante en la dificultosa y frágil unidad que los capitalistas habían gestado en torno a la ofensiva contrarrevolucionaria, valiéndose del Covid, las restricciones y los negocios de la Big Pharma.  

Este "volantazo", por parte del primer ministro británico, puede tener más de una causa. Por un lado, la necesidad de salir de la crisis política que atraviesa su gobierno y, en particular, él mismo, a raíz de la conmoción pública que generó la noticia de su participación en una fiesta clandestina en pleno confinamiento. La crisis gubernamental, que abarca al conjunto de la institucionalidad británica, es una de las más grandes que ha vivido el régimen. 

El número de diputados hastiados con Johnson ha crecido en las últimas horas, pero la cuestión residía en cómo organizar su derrocamiento, y cuál debía ser el momento preciso. ¿Lo más pronto posible? ¿Después de la sesión de control en la Cámara de los Comunes… cuando publique finalmente su informe Sue Gray, la alta funcionaria que investiga las fiestas prohibidas?  

La irritación popular por todo lo ocurrido en Downing Street, a tenor del masivo envío de cartas de protesta de los votantes a sus diputados, sugiere que Johnson ya no tiene una salida política razonable. Quien fuera el ideólogo del Brexit, que acabó saliendo del Gobierno por la puerta de atrás, ha iniciado su particular vendetta contra Johnson y asegura que dispone de material para demostrar que el primer ministro ha mentido al Parlamento sobre su conocimiento de las fiestas durante la pandemia.[1]

Aunque es probable que esta sea una de las causas que mueven a Johnson a abandonar la principal línea rectora que su gobierno había acordado con el resto de los capitalistas, ese hecho no es suficiente como para provocar semejante ruptura. Es posible y lógico pensar que existen otras causas, ya que, si bien el caso de Inglaterra es el más importante, no es el único país que está abandonando estas tácticas, como sucede, entre otros, en República Checa, España y los Países Bajos también.

Es que este tipo de políticas siempre resulta impopular, provocando todo tipo de acciones de protesta, que tienden a mantenerse y extenderse. ¡Que lo diga sino el gobierno de Bolivia, que después de proponer la imposición del “pase sanitario”, tuvo que “retroceder en chancletas”, debido a la tremenda movilización que se puso en marcha, especialmente gestada dentro de las bases del partido de gobierno, el MAS!  

¡Así también lo atestigua el régimen de Martinica y Granada -colonias francesas- que sufrió una huelga general inédita que hizo retroceder la política contraria a las libertades del primer ministro galo Macron, quien es, en definitiva, la máxima autoridad de esa región! En Kasajstán ocurrió algo parecido, ya que una de las reivindicaciones de los trabajadores en lucha, que se rebelaron contra la dictadura, fue la de terminar con las restricciones “sanitarias”.  

Las bolsas de valores, que tienen una especial “sensibilidad” para con este tipo de fenómenos, lo advirtieron. ¡No es nada casual que hayan caído las acciones de las farmacéuticas Biontech y Pfizer en Wall Street, un síntoma del agotamiento de lo que parecía ser una gran “gallina de los huevos de oro"! El viraje de Johnson puede responder, también, a este movimiento de los mercados, que tratan de reacomodarse para no perder.  

Mientras tanto tienen lugar las provocaciones entre Estados Unidos y Rusia, alrededor de Ucrania, empujando, en los hechos, a una confrontación directa entre ambas potencias. Los movimientos militares expresan, que, para las potencias imperialistas, el dilema de qué fracciones del capital se imponen en coyunturas críticas como esta, no se puede resolver de otra manera que no sea por la fuerza, es decir, mediante la guerra.  

Para los socialistas, cualquier maniobra de "reseteo" capitalista debe ser combatida, ya que empuja, inevitablemente, a la destrucción ambiental y la profundización de la miseria de la mayoría. Quienes reivindicamos la perspectiva socialista, debemos, en ese sentido, denunciar tanto las acciones de guerra como las políticas falsamente sanitarias, que desde nuestra corriente denominamos “Contrarrevolución Covid”.   

La política más progresiva para las actuales circunstancias es la de agitar, con más fuerza que nunca, las banderas de la derrota del Capitalismo y la necesidad de reemplazarlo por el gobierno de la clase trabajadora y el pueblo, que se proponga construir el Socialismo, asentado en sus órganos de decisión democráticos. Para eso, los revolucionarios y las revolucionarias consecuentes debemos poner en pie Estado Mayor de la Revolución, a nivel nacional e internacional. 


[1] El País  17/01/2022

Volver a página principal

Comentarios

Entradas populares