Retroceso en la ley de tierras: la movilización dejó groggy a Milei, mañana hay que movilizar para noquearlo
Por Claudio Colombo
El Gobierno tuvo que retroceder. Para evitar que se derrumbara por completo el proyecto de “inviolabilidad de la propiedad privada”, el oficialismo aceptó retirar el capítulo que modificaba la Ley de Tierras y postergar su tratamiento. Ese apartado pretendía ampliar las posibilidades de compra de tierras rurales por parte de capitales extranjeros, debilitando las restricciones todavía vigentes.
Patricia Bullrich, jefa del bloque oficialista en el Senado, tuvo que convocar de urgencia a los aliados. En la reunión participaron representantes de La Libertad Avanza, la Unión Cívica Radical, el PRO, Provincias Unidas y otros bloques provinciales. Luego de sucesivos intentos frustrados por reunir los votos necesarios, resolvieron sacar del proyecto el conflictivo Capítulo III.
Una bandera que desbordó las canchas
Cuando los jugadores argentinos desplegaron la bandera de las Malvinas durante el Mundial, difícilmente imaginaron el impacto político que tendría aquella acción. En la celebración del triunfo frente al seleccionado inglés, millones de personas volvieron a cantar contra los usurpadores británicos y por la recuperación de las islas.
Aquello no quedó encerrado dentro de un estadio ni se redujo a un festejo deportivo. Apenas comenzó el campeonato nacional, cientos de banderas y cánticos por Malvinas aparecieron en las tribunas de prácticamente todos los clubes y se reprodujeron en las diferentes divisiones del fútbol argentino. También llegaron a las escuelas, las calles y otros espacios públicos.
La cuestión Malvinas volvió a tocar una fibra profunda del pueblo argentino. Pero esta vez comenzó a conectarse con una discusión inmediata y material: quién controla la tierra, los recursos naturales y el territorio nacional.
De esa manera, el sentimiento anticolonial empezó a transformarse en rechazo a una política concreta de entrega. La defensa de las Malvinas y la lucha contra la extranjerización de la tierra comenzaron a aparecer como partes de una misma causa: la pelea contra el saqueo imperialista y por la soberanía nacional.
Ese proceso explica que artistas, periodistas, referentes culturales y organizaciones sociales se hayan pronunciado a favor de movilizar al Congreso. La posibilidad de una concentración multitudinaria elevó el costo político de sostener el capítulo más cuestionado y terminó de profundizar las divisiones dentro del bloque oficialista y sus aliados.
El miedo a las calles obligó a Milei y su banda a retroceder en chancletas, demostrando su debilidad
La retirada del capítulo sobre tierras rurales constituye un triunfo parcial de la movilización. Demuestra que el Gobierno puede ser derrotado cuando la indignación social comienza a convertirse en acción colectiva.
Pero no hay que confundirse. El oficialismo no abandonó su proyecto estratégico. Solamente decidió separar el capítulo más conflictivo para salvar el resto de una ley profundamente reaccionaria, que también incluye modificaciones sobre expropiaciones, desalojos y las restricciones para vender tierras afectadas por incendios.
La llamada “inviolabilidad de la propiedad privada” no busca proteger la casa o el pequeño terreno de una familia trabajadora. Su objetivo es blindar la propiedad de los grandes capitalistas, facilitar los desalojos y colocar el territorio y los recursos naturales al servicio de los monopolios. Para Milei, la propiedad de los grandes empresarios debe ser sagrada; los salarios, las jubilaciones, la vivienda, la educación y la salud del pueblo, en cambio, pueden ser arrasados.
Si Milei todavía se mantiene en pie no es por su fortaleza propia, sino porque lo sostienen los gobernadores, los bloques patronales y la burocracia peronista, tanto sindical como política. Más allá de sus discursos, estos sectores no han movido un dedo para organizar y centralizar la resistencia. Temen que la movilización popular derrote al Gobierno, pero temen todavía más que esa fuerza se independice de sus conducciones y comience a cuestionar el poder de los capitalistas.
Por eso, el retroceso parcial no debe desactivar la movilización. Al contrario: demuestra que vale la pena luchar y que es posible arrancarle conquistas al Gobierno. Mañana hay que movilizarse masivamente al Congreso para derrotar el conjunto de la ley. Al mismo tiempo, es necesario impulsar asambleas, plenarios regionales y una coordinación nacional de todos los sectores dispuestos a enfrentar consecuentemente el ajuste, la entrega y el saqueo.
La tarea consiste en pasar por encima de la burocracia y construir desde abajo un verdadero plan de lucha, con continuidad, movilización y huelga general. La izquierda revolucionaria debe ponerse a la cabeza de este proceso, uniendo la defensa de Malvinas, la tierra y los recursos naturales con la lucha contra el FMI, las multinacionales y el Gobierno que administra sus intereses.




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