domingo, 2 de noviembre de 2025

La renuncia de Francos, la peor crisis del gobierno, que ha sido minimizada y ocultada por la victoria electoral


Por Damián Quevedo 

Entre otros récords, como el nivel de endeudamiento o de rechazo social, el gobierno libertario cuenta como uno de ellos al de las renuncias de funcionarios, ya que, a lo largo de su mandato se han retirado cientos de personas que ocupaban puestos de distintas responsabilidades. 

En ese sentido, las renuncias del canciller Werthein y del jefe de gabinete, Guillermo Francos, han sido de las más importantes, debido a la ubicación de ambos, especialmente el último, que era, según la mayoría de los políticos “amigables”, el único capaz de generar ciertos ámbitos de diálogo y consenso, como el que dio lugar a la denominada ley “Bases”. 

Por lo tanto, la huida del gobierno de este funcionario hizo explotar una nueva crisis en las filas del oficialismo, que empaña los festejos y la algarabía reinante -dentro de La Libertad Avanza, sus aliados y el establishment- por triunfo en las recientes elecciones de medio término. 

El presidente Javier Milei repitió varias veces en la semana que no tenía apuro en hacer cambios en el Gabinete. Pero la presión interna y externa fue mayor y llevó a la renuncia de la que es, probablemente, la figura más valorada del equipo ministerial: Guillermo Francos. Es una baja clave la de quien se había ganado la confianza de gobernadores, empresarios y el mundo diplomático[1]. 

Francos fue, desde la asunción del gobierno hasta el momento, el único y más eficaz nexo con los caudillos provinciales. Hay que tener en cuenta, que una de las condiciones importantes exigidas por Donald Trump es que Milei avance hacia una situación de consenso -político y económico- con las provincias, que son las que tienen en sus manos la facultad de entregarles a los yanquis los valiosos recursos naturales que estos pretenden. 

Junto con Francos, renunció su coequiper político y recientemente nombrado ministro del Interior, Lisandro Catalán. Se desgrana el Gabinete de un gobierno que hace cinco días ganó una elección[2]. 

Quien reemplazará a Francos es el despreciable vocero presidencial, Manuel Adorni, quien, además de no contar con la experiencia del anterior jefe de gabinete, representa al ala menos “dialoguista” del gobierno. Esta situación agudiza la interna en el gobierno nacional, que a una semana de haber ganado una elección atraviesa la que puede ser su peor crisis política, porque si bien no es tan ruidosa como las denuncias de coimas o la estafa cripto, cayó en desgracia una de las piezas fundamentales de la estructura libertaria. 

Mientras esto sucede dentro del oficialismo, a la otra parte, el partido peronista, no le va mejor, ya que la derrota recrudeció la disputa, cada vez más salvaje, entre el sector la banda de Cristina y los laderos de Kicillof, pelea que puede desembocar en una ruptura de magnitudes insospechadas. Más allá de los resultados electorales, el régimen se debilita, lo cual es una buena noticia para el movimiento de masas, que, cuando pegue un salto en su nivel de confrontación contra el ajuste, encontrará a los de arriba en una situación lamentable.   

Como decían nuestros maestros, especialmente Lenin, cuando los de arriba se matan entre sí los de abajo están en mejores condiciones de combatirlos. Esa situación debe ser aprovechada por la izquierda revolucionaria para disputar con más fuerza que nunca la conducción de la clase trabajadora, que ha roto, por suerte, con el gran bombero de la rebelión, el PJ.

 


[1] La Nación 01/11/2025

[2] Pagina12 01/11/2025

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