Por Ernesto Buenaventura
Luego de la debacle electoral los dirigentes del PJ salieron a repartir culpas entre las distintas fracciones internas, donde cristinistas y kicillofistas se “tiraron con de todo”. Además, los voceros de cada una de las bandas en disputa, culparon a la campaña del miedo, de Donald Trump, quien afirmó que dejaría hundirse al país si Milei no ganaba.
En ese sentido, Cristina
Fernández, que redobló la apuesta, culpó directamente al gobernador Kicillof. El gobernador de la provincia de Buenos
Aires, Axel Kicillof, reunió esta tarde a una tropa de intendentes aliados para
analizar el resultado electoral, tras una carta de Cristina Kirchner en la
que responsabilizó al mandatario por la estrategia electoral
del 26 de octubre: lejos de aceptar culpa por una derrota, Kicillof instó a
construir una alternativa para 2027[1].
La interna entre la ex presidenta y Kicillof tiene una larga historia, aunque se pactó una tregua -relativa- durante el proceso electoral, en el marco de la detención de Cristina. La condena a la ex presidenta la puso nuevamente en el centro de la escena y obligó a Kicillof a solidarizarse con su enemiga.
Después de estos acontecimientos, el gobernador tuvo una revancha con su triunfo en las elecciones provinciales. Cristina retomó la ofensiva luego de la derrota del PJ en las nacionales y la guerra entre las dos bandas kirchneristas escaló a un nivel sin precedentes.
El problema para ambos sectores, es que ninguno tiene en cuenta que el problema de fondo no tiene nada que ver con las características personales de los dos líderes en disputa o sus respectivos perfiles “programáticos”, sino el hartazgo de la mayoría de la población para con el peronismo. Sobre todo, de la clase trabajadora, que directamente ha roto con el partido que fue su conducción en las décadas anteriores.
La interna peronista tiene, también, una relación directa con la guerra comercial entre las dos grandes potencias imperialistas que disputan el mercado mundial, ya que, mientras Cristina Fernández está más cerca de Estados Unidos -a través de sus relaciones con el Partido Demócrata- Kicillof está tejiendo acuerdos con China, porque la mayoría de los productores agropecuarios de su provincia le venden a este país.
La ubicación de las dos fracciones del PJ en campos opuestos de esta guerra, que se profundizará en los próximos meses, vuelve más que difícil la unidad del PJ, por eso, la carta de Cristina tiene un tono rupturista. Esto significa que será difícil que el peronismo llegue como un solo partido a las próximas elecciones presidenciales.
Los revolucionarios y las revolucionarias debemos aprovechar esta crisis dentro del “partido del orden”, la organización política y sindical, que, durante años, se dedicó a echarle agua al fuego de la rebelión obrera y popular. Tenemos que ayudar a que el movimiento de masas entierre definitivamente a este cadáver putrefacto y conquiste su independencia política. Para eso, habría que poner en pie un gran Partido o Movimiento de Trabajadores y Trabajadoras, que, con un programa revolucionario, unifique a todos los sectores dispuestos a luchar por la ruptura del país con todas las potencias con un gobierno obrero y popular que encabece este proceso.

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