Las tierras raras constituyen un recurso vital para el capitalismo del siglo XXI, porque son esenciales para la producción de teléfonos, computadoras y automóviles eléctricos. EEUU, a diferencia de China, no cuenta con yacimientos propios capaces de cubrir todas las necesidades de su mercado, razón por la cual, su obtención es, para Donald Trump, una cuestión estratégica.
Para conseguirlas, los yanquis están
motorizando una ofensiva política, económica y militar sobre África y Latinoamérica,
regiones en las que los chinos, que controlan la mayor parte del mercado de
tierras raras, han ganado mucho terreno desde hace varios años.
Este es otro elemento que lleva al choque
entre el gran consumidor de recursos
naturales, Estados Unidos, y China, que controla cerca del 70% del mercado
global ―tras haber duplicado su producción en el último lustro―, el 90% de la
capacidad de refino y casi la mitad de las reservas probadas: 44 millones de
toneladas. Cifras, todas ellas, suficientes para tener la sartén por el mango.
Puede, en fin, regular a su antojo el grifo de las exportaciones en función de
sus intereses geopolíticos[1].
Desde el 2024otro de los países ricos en este tipo de recursos, Nigeria, ha incrementado su producción en un 80%, convirtiéndose en uno de los primeros 10 países del mundo en ese rubro. Por esa razón, el gobierno de Estados Unidos acaba de amenazar a ese país africano, con la posibilidad de atacarlo militarmente. ¡La excusa yanqui, es que allí se persigue a los cristianos!
Donald Trump, presidente de Estados Unidos, volvió a generar controversia en la escena internacional al anunciar que ordenó al Pentágono "preparar un plan de acción militar en Nigeria". Esta directiva se da en el contexto de sus graves acusaciones contra el gobierno nigeriano por supuestamente no frenar la persecución contra la comunidad cristiana en ese país[2].
A Trump no le importa la religiosidad de tal o cual pueblo, mucho menos que masacren a miles de personas -cristianos o no- como ocurre en Nigeria. El presidente de EEUU pretende controlar la producción de estos minerales estratégicos, para no seguir perdiendo guerra comercial con Xi Xin Ping y el imperialismo chino.
Los socialistas rechazamos cualquier intervención militar imperialista contra un país semicolonial, tanto de Estados Unidos, como por parte de China, Japón, la Unión Europea o Rusia, porque las potencias hacen eso para saquear a las naciones oprimidas y convertirlas en modernas colonias. Por lo tanto, repudiamos las amenazas de Trump y sus secuaces.
Los pueblos de todo el mundo vivirán mejor si rompen las cadenas de la dependencia con todos los imperialismos y construyen gobiernos encabezados por sus trabajadores, que son los únicos capaces de poner todos los recursos al servicio de las mayorías populares.
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