El pacto con los gobernadores es inviable, porque Milei no tiene nada para repartirles, menos después del acuerdo con Trump





Por Ernesto Buenaventura

Javier Milei se reunió durante el día de ayer con la mayoría de los gobernadores, menos Kicillof y un par más del PJ, para conseguir algún tipo de acuerdo que le permita presentar el presupuesto 2026, que le reclama Donald Trump, a cambio de su apoyo político y económico. Además, el presidente propuso la necesidad de consensuar una parte central del ajuste, las anunciadas reformas laboral, fiscal y previsional. 

En ese sentido, Milei consiguió, además de la foto -para Trump- el guiño de parte de los gobernadores en cuanto a las reformas en cuestión. Tras la cumbre, con la que buscó dejar el mensaje de que está abierto al diálogo político y a la formación de alianzas en el ámbito parlamentario, Milei afirmó en declaraciones televisivas que los gobernadores estuvieron de acuerdo en avanzar con la reforma laboral[1]. 

Las reformas -ataques en regla a los derechos obreros y populares- son reclamadas, no sólo por los imperialistas yanquis, sino por el conjunto de las patronales, que las necesitan para ganar “competitividad” mediante un aumento fenomenal de la productividad laboral. Tratarán de avanzar en ese sentido, a través de medidas muy duras de flexibilización y precarización laboral y la quita de conquistas históricas de la clase trabajadora. 

Pero Trump, además de exigir estas políticas antiobreras, pretende quedarse con buena parte de los recursos naturales del país, varios de los cuales ya están siendo explotados o comercializados por su principal rival económico, China, que se ha metido de lleno en las provincias. Por eso, su embajador, Lamela, declaró que iba a recorrerlas para explicarles a los gobernadores que “está muy mal hacer negocios con los chinos”. 

Por esa razón, y porque, además, el presupuesto nacional para las obras públicas, que necesitan las provincias, prácticamente no existe, a Milei le resultará más que difícil acordar con los gobernadores, más allá de la buena voluntad o coincidencias ideológicas que tenga con los mismos. La foto de la reunión podrá contentar a Trump, pero no resolverá el conflicto, que explotó antes de las elecciones y, ahora, después de las mismas, continuará desarrollándose y profundizándose. 

Históricamente, los caudillos provinciales sólo se alinearon detrás de tal o cual gobierno nacional, cuando estos presionaban con la caja. El problema actual es que Milei no puede hacer lo mismo que sus predecesores, porque no tiene nada para ofrecer. Tampoco puede decirles que dejen de hacer negocios con los chinos, porque, si lo hicieran, acabarían con su única fuente de ingresos. 

Las condiciones para el gobierno nacional, a pesar de la buena elección, son peores que las que hicieron fracasar el pacto de mayo. Entonces, Milei tenía expectativas de resolver problemas a partir del ingreso de dólares de exportaciones de soja, hoy no tiene más que un endeudamiento crónico que puede estallar en cualquier momento. 

La algarabía oficialista por el triunfo electoral y la reunión con los gobernadores, para aparentar que todo está bien, es apenas una estación de paso de un tren que se dirige hacia el precipicio y que no tiene manera de impedirlo. Rápidamente volverán a estallar los mismos problemas que surgieron antes de los comicios, pero con mucha más potencia, porque la crisis, lejos de solucionarse, se agravó con el nuevo endeudamiento nacional. 

En ese sentido, será la lucha de los trabajadores y el pueblo, como siempre, la que termine por decidir la dinámica general, que, mucho más pronto de lo que creen los plumíferos de la burguesía, acabará en una rebelión superior a todas las anteriores. La izquierda tiene que prepararse para liderarla, porque el programa de la revolución socialista es el único que puede resolver las demandas insatisfechas de las mayorías.

[1] La Nación 30/10/2025

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