lunes, 10 de marzo de 2025

Estados Unidos marcha hacia otra gran recesión, que acelera sus tendencias guerreristas


Por Damián Quevedo

Las ruidosas medidas económicas de Trump, no solo produjeron temblores en los mercados, sino que empujan a la potencia del norte hacia la recesión, además del efecto que generarán en los precios del mercado estadounidense. 

Los aranceles han sido una de las principales preocupaciones de los inversores, ya que muchos creen que pueden perjudicar el crecimiento económico y ser inflacionarios. Aunque Trump reconoció ya el 2 de febrero que podrían causar cierto dolor “a corto plazo” a los estadounidenses, sus propios asesores han restado importancia varias veces a cualquier impacto negativo[1]. 

Donald Trump, en su primer gobierno, aplicó aranceles a la producción proveniente de China, que significaron un golpe a las empresas yanquis localizadas en la potencia asiática. El mismo efecto puede causar en las compañías yanquis instaladas en México, cuyo principal destino de exportación es el mercado estadounidense. 

Esta política afectará de manera directa y contundente a ramas como las automotrices y la producción de circuitos integrados, donde producen empresas emblemáticas como Ford, General Motors o Intel. Es que, las industrias yanquis se han radicado en países que les garantizaron condiciones de altísima explotación laboral, una ventaja significativa que está siendo cuestionada, en los hechos, por Donald Trump. 

El drama de la industria yanqui es el mismo que afecta al resto del capital en todas las grandes potencias, tiene que ver con los límites del mercado mundial en el actual marco de crisis económica, que como todas las anteriores, tiene su base en la súper producción. Para mantenerse en pie, las potencias tienen la necesidad de destruir a sus rivales, ya que esta es la única posibilidad de reiniciar otro ciclo de acumulación capitalista, como sucedió después de las dos guerras mundiales. 

Esta tendencia -a la guerra directa- es cada día más fuerte, en particular en Estados Unidos, porque es la economía que más ha sufrido la crisis, debido al fenomenal avance de su competidor más directo e importante, el imperialismo chino. Los aranceles a México y Canadá no sólo empujan más hacia la recesión, sino que el incremento de los precios en el mercado yanqui pueden terminar llevar al país a una estanflación, el peor de los escenarios. 

La única posibilidad de evitar una nueva catástrofe bélica, de dimensiones excepcionales, es a través del accionar independiente de la clase obrera, que es el sector social que más se perjudicará en caso de que explote una gran guerra. Los trabajadores y las trabajadoras serán, como siempre, la carne de cañón, y aquellos o aquellas que “tengan la suerte” de quedarse en casa, lo harán bajo condiciones laborales esclavistas.


[1] La Nación 09/03/2025.

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