Por Damián Quevedo
La dialéctica es la principal herramienta que los marxistas
heredamos de los fundadores del socialismo científico. Su comprensión, como
método para analizar la realidad y la dinámica de la lucha de clases es
fundamental para contar con una caracterización correcta, que nos permita
definir la mejor orientación política. La dialéctica es, fundamentalmente, la
expresión lógica del movimiento y las contradicciones de la realidad material,
las relaciones sociales y la historia.
En este artículo abordaremos algunos ejemplos de cómo Marx
utilizó lo mejor de la dialéctica hegeliana para analizar en profundidad a la
sociedad capitalista. Este método se puede apreciar en todo el desarrollo de
esta crítica radical al modo de producción capitalista, en palabras del mismo
Marx:
“Mi método dialéctico no sólo es fundamentalmente distinto
del método de Hegel, sino que es, en todo y por todo, la antítesis de él. Para
Hegel, el proceso del pensamiento, al que él convierte incluso, bajo el nombre
de idea, en sujeto con vida propia, es el demiurgo de lo real, y esto la simple
forma externa en que toma cuerpo. Para mí, lo ideal no es, por el contrario,
más que lo material traducido y traspuesto a la cabeza del hombre”.
Ley de lucha y unidad de contrarios
Comenzaremos con la ley de la dialéctica que Lenin definió
como fundamental. Marx, en ese sentido, comenzó su trabajo analizando la
relación sencilla que se encuentra millones de veces en la sociedad burguesa:
la mercancía. En esta célula básica del modo de producción capitalista se puede
ver la manifestación permanente de la contradicción, de la inter penetración de
polos opuestos, porque posee un doble carácter, el de tener una utilidad y el
de ser intercambiable por otra mercancía equivalente. Esto significa, en
palabras del fundador del socialismo científico lo siguiente: “la mercancía se
nos pone de manifiesto como algo bi facético, como valor de uso y valor de
cambio.”
La lucha y unidad de contrarios atraviesa y constituye
también el proceso de trabajo mismo. La actividad práctica del hombre es una
contradicción entre la especificidad concreta de un trabajo y el carácter
general del trabajo como abstractamente humano. En el desarrollo de la ley del
valor, Marx aplica el método dialéctico para descifrar las diferentes
manifestaciones del mismo, pero no solo eso, sino para llegar a una aprehensión
profunda del problema, como un proceso de cambio constante. De esa manera demuestra
que esa unidad y lucha de polos opuestos, esa contradicción hace que en
determinadas condiciones un polo se transforme en su contrario.
“El valor de uso o cuerpo de la mercancía desempeña aquí un
papel nuevo. Se convierte en la forma en que se manifiesta el valor de una
mercancía, y por tanto en lo contrario de sí mismo. De igual suerte, el trabajo
útil concreto contenido en el valor de uso se convierte en su propio contrario,
en mera forma de manifestación de trabajo humano abstracto. En vez de
desdoblarse, las determinaciones antitéticas se reflejan aquí una en la otra”.
La comprensión de un proceso determinado, de la naturaleza o
la sociedad implica ver la totalidad, su forma y esencia, su movimiento. En el
estudio del modo de producción capitalista y fundamentalmente en su obra
principal, Marx aborda el problema en su esencia, en su cualidad
histórico-social. “Lo que de por si nos interesa, aquí, no es precisamente el
grado más o menos alto de desarrollo de las contradicciones sociales que brotan
de las leyes naturales de la producción capitalista. Nos interesan más bien estas
leyes de por sí, estas tendencias, que actúan y se imponen con férrea
necesidad”.
Ley de la transformación de la cantidad en calidad
Otra de las leyes que pueden apreciarse en la producción
teórica marxista es la ley -descubierta por Hegel en su Lógica- según la cual, al
llegar a un determinado punto, los cambios meramente cuantitativos se
convierten en diferencias cualitativas. Un ejemplo claro es el famoso prólogo
de Marx a su trabajo Contribución a la crítica de la economía política;
“Al llegar a una fase determinada de desarrollo las fuerzas productivas
materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de
producción existentes o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto,
con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta
allí.”
Esto es una muestra más contundente de cómo los procesos
históricos se desenvuelven por carriles dialécticos, ya que el desarrollo de
las fuerzas productivas determina, no solo las condiciones de superación de un
estadio social, sino también el carácter de una sociedad específica o de un
país, si este es una potencia imperialista, una semi-colonia o un país
dependiente. Lo mismo se encuentra en la producción capitalista, en el caso de
un burgués particular, en los primeros años de acumulación, cuando la burguesía
se multiplicaba todavía bajo la superestructura feudal y los gremios ponían
trabas al desarrollo capitalista:
“El régimen gremial de la edad media restringió a un máximo
muy exiguo el número de trabajadores a los que podía emplear un solo maestro.
El poseedor de dinero o de mercancías no se transforma realmente en capitalista
sino allí donde la suma mínima adelantada para la producción excede con
amplitud el máximo medieval. Se confirma aquí, como en las ciencias naturales,
la ley descubierta por Hegel en su Lógica…”
En el capítulo IX, Tasa y masa del plusvalor, en la
página 375, Marx continúa afirmando, que “la suma mínima de valor de la que
debe disponer el poseedor individual de dinero o de mercancías para
metamorfosearse en capitalista, varía con las diversas etapas de la producción
capitalista y, en una etapa de desarrollo dada, difiere entre las diversas
esferas de producción, según sus condiciones técnicas específicas”. Esta
condición es aún más visible en la actualidad, en la etapa imperialista del
capitalismo, en la que el exorbitante volumen de dinero y mercancías necesarios
para acceder a una esfera de la producción, incluso a una esfera marginal,
reafirman el carácter insoslayable de esta ley de la dialéctica.
Ley de la negación de la negación
Esta es una ley cuestionada por algunos académicos, debido
al rechazo que produjo en el marxismo ortodoxo gran parte de la producción
teórica en la URSS -fundamentalmente a través de los “manuales” de filosofía
del estalinismo- que estaban más cerca de la escolástica que del método
científico. Es de suma importancia recuperar y reconocer el valor de la
dialéctica como ciencia y, en el caso particular de la ley de la negación de la
negación, porque es la que describe el rumbo ascendente de la historia de la
humanidad, el progreso que se desarrolla como tendencia.
Volvamos a ver directamente en el capítulo primero de El
Capital, cómo Marx, al desarrollar las formas que reviste la mercancía y las
condiciones que determinan su intercambio, recorre el proceso de desarrollo de
lo que denomina equivalente. Allí habla sobre el aspecto que hace posible el
trueque, que iguala a todas las mercancías, hasta el surgimiento de una
mercancía que es intercambiable por todas las demás, o mejor dicho que es
tomada como referencia en el intercambio, un equivalente general, que, en un
momento dado de la sociedad, reviste la forma dineraria.
“Aun así, desde nuestro punto de vista actual, el
equivalente general en modo alguno es algo petrificado. ¿Cómo en realidad el
lienzo se convirtió en equivalente general? Representando primero su valor en
una mercancía singular (forma I); luego, relativamente y por turno, en todas
las demás mercancías (forma II), y así, de manera refleja, al representar
relativamente todas las demás mercancías sus valores en el lienzo”.
Basta observar con detenimiento este proceso para comprender
que se produce en tres momentos, afirmación, negación y finalmente negación de
la negación. En el capítulo XXIV, en la llamada Acumulación Originaria, Marx
describe la tendencia histórica de la acumulación capitalista, ya que, además
de utilizar el método, lo explicita:
“El modo capitalista de producción y de apropiación, y por
tanto la propiedad privada capitalista, es la primera negación de la propiedad
privada individual, fundada en el trabajo propio. La negación de la producción
capitalista se produce por sí misma, con la necesidad de un proceso natural. Es
la negación de la negación. Esta restaura la propiedad individual, pero sobre
el fundamento de la conquista alcanzada por la era capitalista: la cooperación
de trabajadores libres y su propiedad colectiva sobre la tierra y los medios de
producción producidos por el trabajo mismo.”
Este breve escrito intenta ser un aporte al debate sobre la
necesidad imperante que tenemos los revolucionarios -en este momento histórico-
en cuanto a reapropiarnos de los fundamentos del socialismo y, principalmente,
de tratarlos como una ciencia, que significa estudiarlos con rigor. El
materialismo dialéctico es el corazón del socialismo científico y el arma
fundamental que debemos empuñar los trabajadores para definir las mejores
políticas al servicio de transformar la realidad.
La utilización de mecanismos anti dialécticos, más bien
aristotélicos, para intentar comprender la realidad y, a partir de la misma,
las tareas que se desprenden para los revolucionarios, llevó a la mayoría de
las organizaciones que se reclaman socialistas a desviarse del rumbo correcto,
que es el de aprovechar las circunstancias para impulsar la destrucción del
capitalismo y, sobre sus cenizas, construir una nueva sociedad.

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