lunes, 2 de septiembre de 2024

Los revolucionarios y las revolucionarias deben retomar la práctica de un método olvidado por la mayoría, la dialéctica marxista


Por Damián Quevedo

La dialéctica es la principal herramienta que los marxistas heredamos de los fundadores del socialismo científico. Su comprensión, como método para analizar la realidad y la dinámica de la lucha de clases es fundamental para contar con una caracterización correcta, que nos permita definir la mejor orientación política. La dialéctica es, fundamentalmente, la expresión lógica del movimiento y las contradicciones de la realidad material, las relaciones sociales y la historia.

En este artículo abordaremos algunos ejemplos de cómo Marx utilizó lo mejor de la dialéctica hegeliana para analizar en profundidad a la sociedad capitalista. Este método se puede apreciar en todo el desarrollo de esta crítica radical al modo de producción capitalista, en palabras del mismo Marx:

“Mi método dialéctico no sólo es fundamentalmente distinto del método de Hegel, sino que es, en todo y por todo, la antítesis de él. Para Hegel, el proceso del pensamiento, al que él convierte incluso, bajo el nombre de idea, en sujeto con vida propia, es el demiurgo de lo real, y esto la simple forma externa en que toma cuerpo. Para mí, lo ideal no es, por el contrario, más que lo material traducido y traspuesto a la cabeza del hombre”. 

Ley de lucha y unidad de contrarios 

Comenzaremos con la ley de la dialéctica que Lenin definió como fundamental. Marx, en ese sentido, comenzó su trabajo analizando la relación sencilla que se encuentra millones de veces en la sociedad burguesa: la mercancía. En esta célula básica del modo de producción capitalista se puede ver la manifestación permanente de la contradicción, de la inter penetración de polos opuestos, porque posee un doble carácter, el de tener una utilidad y el de ser intercambiable por otra mercancía equivalente. Esto significa, en palabras del fundador del socialismo científico lo siguiente: “la mercancía se nos pone de manifiesto como algo bi facético, como valor de uso y valor de cambio.”

La lucha y unidad de contrarios atraviesa y constituye también el proceso de trabajo mismo. La actividad práctica del hombre es una contradicción entre la especificidad concreta de un trabajo y el carácter general del trabajo como abstractamente humano. En el desarrollo de la ley del valor, Marx aplica el método dialéctico para descifrar las diferentes manifestaciones del mismo, pero no solo eso, sino para llegar a una aprehensión profunda del problema, como un proceso de cambio constante. De esa manera demuestra que esa unidad y lucha de polos opuestos, esa contradicción hace que en determinadas condiciones un polo se transforme en su contrario.

“El valor de uso o cuerpo de la mercancía desempeña aquí un papel nuevo. Se convierte en la forma en que se manifiesta el valor de una mercancía, y por tanto en lo contrario de sí mismo. De igual suerte, el trabajo útil concreto contenido en el valor de uso se convierte en su propio contrario, en mera forma de manifestación de trabajo humano abstracto. En vez de desdoblarse, las determinaciones antitéticas se reflejan aquí una en la otra”.

La comprensión de un proceso determinado, de la naturaleza o la sociedad implica ver la totalidad, su forma y esencia, su movimiento. En el estudio del modo de producción capitalista y fundamentalmente en su obra principal, Marx aborda el problema en su esencia, en su cualidad histórico-social. “Lo que de por si nos interesa, aquí, no es precisamente el grado más o menos alto de desarrollo de las contradicciones sociales que brotan de las leyes naturales de la producción capitalista. Nos interesan más bien estas leyes de por sí, estas tendencias, que actúan y se imponen con férrea necesidad”.

Ley de la transformación de la cantidad en calidad 

Otra de las leyes que pueden apreciarse en la producción teórica marxista es la ley -descubierta por Hegel en su Lógica- según la cual, al llegar a un determinado punto, los cambios meramente cuantitativos se convierten en diferencias cualitativas. Un ejemplo claro es el famoso prólogo de Marx a su trabajo Contribución a la crítica de la economía política; “Al llegar a una fase determinada de desarrollo las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí.”

Esto es una muestra más contundente de cómo los procesos históricos se desenvuelven por carriles dialécticos, ya que el desarrollo de las fuerzas productivas determina, no solo las condiciones de superación de un estadio social, sino también el carácter de una sociedad específica o de un país, si este es una potencia imperialista, una semi-colonia o un país dependiente. Lo mismo se encuentra en la producción capitalista, en el caso de un burgués particular, en los primeros años de acumulación, cuando la burguesía se multiplicaba todavía bajo la superestructura feudal y los gremios ponían trabas al desarrollo capitalista:

“El régimen gremial de la edad media restringió a un máximo muy exiguo el número de trabajadores a los que podía emplear un solo maestro. El poseedor de dinero o de mercancías no se transforma realmente en capitalista sino allí donde la suma mínima adelantada para la producción excede con amplitud el máximo medieval. Se confirma aquí, como en las ciencias naturales, la ley descubierta por Hegel en su Lógica…”

En el capítulo IX, Tasa y masa del plusvalor, en la página 375, Marx continúa afirmando, que “la suma mínima de valor de la que debe disponer el poseedor individual de dinero o de mercancías para metamorfosearse en capitalista, varía con las diversas etapas de la producción capitalista y, en una etapa de desarrollo dada, difiere entre las diversas esferas de producción, según sus condiciones técnicas específicas”. Esta condición es aún más visible en la actualidad, en la etapa imperialista del capitalismo, en la que el exorbitante volumen de dinero y mercancías necesarios para acceder a una esfera de la producción, incluso a una esfera marginal, reafirman el carácter insoslayable de esta ley de la dialéctica. 

Ley de la negación de la negación 

Esta es una ley cuestionada por algunos académicos, debido al rechazo que produjo en el marxismo ortodoxo gran parte de la producción teórica en la URSS -fundamentalmente a través de los “manuales” de filosofía del estalinismo- que estaban más cerca de la escolástica que del método científico. Es de suma importancia recuperar y reconocer el valor de la dialéctica como ciencia y, en el caso particular de la ley de la negación de la negación, porque es la que describe el rumbo ascendente de la historia de la humanidad, el progreso que se desarrolla como tendencia.

Volvamos a ver directamente en el capítulo primero de El Capital, cómo Marx, al desarrollar las formas que reviste la mercancía y las condiciones que determinan su intercambio, recorre el proceso de desarrollo de lo que denomina equivalente. Allí habla sobre el aspecto que hace posible el trueque, que iguala a todas las mercancías, hasta el surgimiento de una mercancía que es intercambiable por todas las demás, o mejor dicho que es tomada como referencia en el intercambio, un equivalente general, que, en un momento dado de la sociedad, reviste la forma dineraria.

“Aun así, desde nuestro punto de vista actual, el equivalente general en modo alguno es algo petrificado. ¿Cómo en realidad el lienzo se convirtió en equivalente general? Representando primero su valor en una mercancía singular (forma I); luego, relativamente y por turno, en todas las demás mercancías (forma II), y así, de manera refleja, al representar relativamente todas las demás mercancías sus valores en el lienzo”.

Basta observar con detenimiento este proceso para comprender que se produce en tres momentos, afirmación, negación y finalmente negación de la negación. En el capítulo XXIV, en la llamada Acumulación Originaria, Marx describe la tendencia histórica de la acumulación capitalista, ya que, además de utilizar el método, lo explicita:

“El modo capitalista de producción y de apropiación, y por tanto la propiedad privada capitalista, es la primera negación de la propiedad privada individual, fundada en el trabajo propio. La negación de la producción capitalista se produce por sí misma, con la necesidad de un proceso natural. Es la negación de la negación. Esta restaura la propiedad individual, pero sobre el fundamento de la conquista alcanzada por la era capitalista: la cooperación de trabajadores libres y su propiedad colectiva sobre la tierra y los medios de producción producidos por el trabajo mismo.”

Este breve escrito intenta ser un aporte al debate sobre la necesidad imperante que tenemos los revolucionarios -en este momento histórico- en cuanto a reapropiarnos de los fundamentos del socialismo y, principalmente, de tratarlos como una ciencia, que significa estudiarlos con rigor. El materialismo dialéctico es el corazón del socialismo científico y el arma fundamental que debemos empuñar los trabajadores para definir las mejores políticas al servicio de transformar la realidad.

La utilización de mecanismos anti dialécticos, más bien aristotélicos, para intentar comprender la realidad y, a partir de la misma, las tareas que se desprenden para los revolucionarios, llevó a la mayoría de las organizaciones que se reclaman socialistas a desviarse del rumbo correcto, que es el de aprovechar las circunstancias para impulsar la destrucción del capitalismo y, sobre sus cenizas, construir una nueva sociedad.

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