martes, 3 de septiembre de 2024

El discurso de Milei en la UIA fue claro: quedarán en pie pocas industrias


Por Damián Quevedo

 

Javier Milei les habló ayer a los jerarcas de la Unión Industrial Argentina, a través de un discurso en el que ratificó los puntos centrales del plan Motosierra. En ese marco, el presidente les dijo que no habrá más subsidios para la mayoría, lo que significará la quiebra de muchos de estos empresarios, que escucharon con disgusto las palabras del libertario.  

Aunque Milei les dijo que su gobierno “abrirá la economía cuando estén dadas las condiciones estructurales", los acusó de “estar acostumbrados a cazar en el zoológico", gracias a las regulaciones estatales. Por eso, les advirtió que "no todos van a ganar" cuando se pongan en marcha los cambios estructurales que impulsa el gobierno.

Esos sectores industriales “privilegiados”, son las fracciones de la burguesía local cuya productividad está por debajo de la media -mundial y local- que no podrían subsistir sin los subsidios provenientes de los sectores más concentrados y de mayor productividad del capitalismo local, particularmente de la agroindustria.

Los subsidios a estas fracciones patronales expresan la existencia de un sistema de distribución de una parte de la plusvalía extraída por los capitalistas más grandes, que se destina a los sectores más atrasados. Esa es una característica histórica del capitalismo argentino, que, cuando explota en crisis, como la actual, que le impiden seguir redistribuyendo la renta como en el pasado, liquida a los capitalistas más chicos. 

En estos períodos, la competencia o “guerra” entre sectores empresariales -cada vez más salvaje e impiadosa- facilita el constante y sistemático proceso de concentración en el que las empresas que superan la crisis se quedan con el mercado de las que quiebran.

Pero, en estos procesos, los capitalistas que corren el riesgo de hundirse no se rinden fácilmente, sino que pelean por mantenerse en pie, situación que se terminará materializando en batallas políticas super estructurales -impulsadas por sus representantes parlamentarios- y conflictos obreros, alentados por los burócratas sindicales que están relacionados a estos sectores.  

En los hechos, el plan de ajuste está colaborando con el desarrollo de una resistencia cada vez más grande y diversa, que debilita al gobierno, que, para ir a fondo con sus políticas, debe endurecerse y atacar las libertades democráticas. Una muestra de esta dinámica es la inédita decisión de limitarles a los periodistas el acceso a las informaciones relacionadas al accionar de los funcionarios del ejecutivo.

Todo indica que, mucho más rápido de lo que la mayoría de los analistas caracterizan, la combinación de todos estos factores provocará grandes rebeliones obreras y populares, que, para triunfar, tendrán que contar con una conducción dispuesta a ir hasta el fondo. Una nueva dirección, política y sindical, que entienda que la bancarrota del capitalismo semicolonial no da lugar a las viejas soluciones populistas.

Para salir de esta fenomenal crisis y resolver las demandas elementales de la mayoría habrá que destruir a este sistema capitalista -cada vez más inhumano- y reemplazarlo por otro basado en la cooperación y la planificación socialista. Eso será posible con una revolución que imponga el gobierno de los que nunca ejercieron el poder, los trabajadores y el pueblo pobre, únicos interesados en cambiarlo todo.   

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