sábado, 17 de agosto de 2024

15 años atrás, la presidenta "nacional y popular", Cristina Kirchner, entregaba el campo a la envenenadora Monsanto

Por Claudio Colombo

La militancia progre y algunos sectores de la izquierda trotskista, aún piensan que durante el "Conflicto del Campo", en 2008, Cristina enfrentó a los grandes intereses relacionados a la producción agrícola ganadera. Si bien es cierto, que el gobierno mantuvo una dura pulseada con la Sociedad Rural, que a su vez encolumnó a la Federación Agraria y a otras fuerzas menores del sector, los monopolios productores de semillas transgénicas y agrotóxicos y los dueños de los grandes pooles de siembra, como Grobocopatel, se mantuvieron al lado del gobierno, con el que hacían fabulosos negocios.

Por esa razón, no fue un hecho casual que prácticamente al año de finalizado este conflicto, en agosto de 2009, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, haya utilizado los medios de difusión para anunciar, -frente a los representantes del Club de las Américas de Nueva York- un plan de inversiones por parte de la multinacional agrícola Monsanto. En ese momento, la dueña de las semillas transgénicas y del glifosato (el 87 por ciento de las plantaciones transgénicas de algodón, maíz y soja del mundo usan sus semillas y herbicidas) se disponía a construir una planta en Córdoba para fabricar semillas transgénicas de maíz.

Este anuncio, que no fue el único, ya que Cristina no sólo hizo esto, sino que también entregó amplios territorios a las multinacionales del petróleo y la megaminería, puede sonar extraño o contradictoria para los oídos distraídos. Es que ella y sus secuaces se la pasan discurseando en contra de los monopolios y la concentración económica, pero, como todos los populistas, hacen igual que el tero, ese pájaro de las pampas argentinas, que mientras grita en un lugar pone los huevos en otro para engañar a sus depredadores.

En ese momento, con los altos precios de la soja y el maíz, la recaudación producida por las retenciones a la exportación generó millones de dólares, transformándose en uno de los pilares de la demagogia del gobierno K, que mientras profundizaba la aplicación del monocultivo, pagaba más deuda que nadie. Los progres de entonces regalaban las montañas y los ríos a las mineras de "cielo abierto" y expulsaban del campo a miles de pequeños campesinos, garantizaba como ningún otro gobierno la depredación y el saqueo de los recursos.

Monsanto hace mucho que está en el país y si bien nunca pudo imponer la patente de sus productos, consiguió una excelente distribución sus mercancías estrellas -producidas en el parque industrial de Campana- la semilla de soja RoundUp Ready y el herbicida de glifosato RoundUp, que mata todo lo que pulula alrededor de la siembra, salvo sus propias semillas, que son modificadas genéticamente para obtener un producto más rentable. Estas plantas no producen semillas propias, por lo cual, para volver a sembrarlas, los productores tienen -sí o sí- tienen que recurrir a Monsanto. ¡Lo que se dice un negocio redondo!

También es terrible el impacto ambiental, ya que esta práctica transforma a los mejores campos en desiertos verdes, donde probablemente jamás, o por mucho tiempo, vuelva a crecer algo. El maíz transgénico de Monsanto, solo por citar uno de sus productos, fue prohibido en Francia por contaminante. La mayoría de los productores conocen los riesgos ambientales. Sin embargo, la ganancia es tan grande, que los empresarios siguen utilizando estos productos, tratando, en lo posible, de no sembrar en sus propios campos, sino -por las dudas- arrendándolos.

En junio de 2009, casi al mismo tiempo que CFK acordaba con Monsanto, en la provincia de Córdoba, comenzaba el primer juicio oral y público por un caso de envenenamiento por fumigación con glifosato. Siniestra es la historia en un suburbio cordobés -muy expuesto a las fumigaciones- donde por ese tiempo ya existían casi 200 casos de cáncer en una población de 5000 habitantes, además de un bebé nacido sin riñones.

Además, en las cercanías de Paraná, sucedía otro hecho trágico, cuando tres maestras de una escuela rural, cercana a varios campos fumigados con el veneno de Monsanto, daban a luz chicos con TGD (autismo), una situación que estadísticamente es muy improbable. ¡Estas son apenas muestras de lo que significó la política agropecuaria de Cristina Kirchner! ¡Esta gente es consecuente con los intereses que defiende, ya que hace todo lo posible para que los dueños de las semillas, como Monsanto, y los pooles de siembra, aumenten exorbitantemente sus ganancias, a través de las exportaciones!

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