Por Juan Giglio
Cuando los soldados argentinos invadieron Malvinas, el 2 de abril de 1982, los
trabajadores y el pueblo aprovecharon esa circunstancia para superar el miedo a
la dictadura y ganar las calles, ya que esta “causa nacional” era y continúa
siendo muy sentida por la amplia mayoría de los argentinos que odian a los
“piratas” ingleses.
En esa época, en las fábricas y los barrios obreros
explotaba esta dinámica, que se canalizaba a través de marchas y todo tipo de
acciones solidarias, porque las mayorías recordaban a quienes, desde las
Invasiones Inglesas de 1806 y 1807, jugaron un papel dominante de la economía
nacional, hasta que su lugar fue ocupado por el imperialismo yanqui, que salió
ganancioso luego de la Segunda Guerra.
En ese contexto, las mujeres de los barrios obreros se
juntaban en el obelisco y en sus casas para tejer medias y bufandas para los
soldados, mientras que en la televisión se organizaban colectas para colaborar
con la guerra o se realizaban aportes de cigarrillos o chocolates para en
enviar a los soldados. Este proceso, que sucedía en la Capital y en el gran
Buenos Aires, era aún más fuerte en el interior, porque de ahí provenía la
mayor parte de la tropa.
Este sentimiento antiimperialista cruzaba las fronteras
nacionales, golpeando a los trabajadores y los pueblos del continente, tanto
que, en el consulado argentino de Perú, había enormes filas de voluntarios que
se ofrecían para ir pelear contra los ingleses. Se hacían actos de apoyo a
Argentina en toda Latinoamérica. El gobierno cubano ofreció ayuda militar, lo
mismo que terminó votando el parlamento peruano.
Pero no era igual la respuesta en todos lados, ya que, en
diferentes sectores de la clase media, como los artistas e intelectuales, se
imponía el odio a la dictadura y se autoconvencían de que los “democráticos”
ingleses no podían ser peores. De ahí surgía la consigna de “paz”, la que era
impulsada con fuerza por la Iglesia. También fue “paz” la principal consigna de
la mayoría de las corrientes de izquierda.
Sin embargo, quienes militábamos de manera consecuente
contra la dictadura, con decenas de compañeros desaparecidos o detenidos en las
cárceles, no lo dudamos, desde el primer momento nos ubicamos del lado de la
movilización antiimperialista, agitando la necesidad de derrotar militarmente a
Inglaterra. Mientras tanto, aprovechábamos el momento para minarle la fuerza a
la dictadura, criticándola por su pésima conducción militar en Malvinas y
exigiéndole que tome las medidas necesarias para conseguir el triunfo.
En ese sentido, los/as militantes del PST -Partido Socialista de los Trabajadores- seguimos los consejos de Trotsky, quien en la década del ’30 había afirmó, totalmente convencido, de que si se daba una guerra entre el Brasil fascista y la “democrática” Inglaterra, no tendría dudas en estar del lado del Brasil y contra Inglaterra, porque una derrota del imperialismo significaría un triunfo para todos los trabajadores del mundo al debilitarse su principal opresor.
La dictadura cipaya no quería la derrota del imperialismo
Como lo explicaba Alicia Sagra, en una nota publicada por la
LIT/CI, varios años atrás: “De hecho, la dictadura de Galtieri no quería
salirse del eterno proceso de negociaciones por las Malvinas, sino simplemente
hacer una demostración de fuerza para lograr una ventaja. Por eso no tomó ni
una sola medida seria para ganar la guerra: las inversiones y propiedades
inglesas en Argentina siguieron siendo igual de seguras durante toda la guerra,
no se dejó de pagar la deuda externa”.
Esta misma compañera, decía en ese artículo, que: “No se
rompió con los organismos internacionales que nos ataban al dominio yanqui e
inglés, no se armó al pueblo, no se logró coordinar la ayuda abierta que
ofrecían diferentes países ni la lucha contra el imperio inglés con fuerzas
antiimperialistas como el IRA de Irlanda del Norte”.
“Simplemente se quedaron observando cómo las fuerzas
imperialistas le daban un escarmiento a todos los países oprimidos al masacrar
a las abandonadas tropas argentinas que les cerraban el paso, sin mayor
oposición que la de los ataques tan aislados como legendarios de los corajudos
aviadores argentinos. Pero la razón de tanta ineptitud no hay que buscarla en
la cobardía personal de los jefes militares sino en la sumisión congénita de
las clases dirigentes argentinas a las que la dictadura pertenecía”.
Finalmente, la nefasta conducción guerrerista de los
milicos, los empujó hacia el abismo, ya que el mismo movimiento de masas que
salió a defender la recuperación de las islas, se movilizó para que se vayan,
gritando en la Plaza de Mayo: “Los chicos murieron, los jefes los vendieron”.
Tan grande y combativa fue la reacción de los trabajadores y el pueblo, que la
dictadura se vio obligada a “tirar la toalla” y convocar a elecciones, antes de
que fuera tarde y la dinámica de las luchas se radicalizara aún más.
Desde ese momento, los sucesivos gobiernos “democráticos”,
empezando por el de Alfonsín, se dieron la tarea de desmovilizar a los/as de
abajo, asumiendo que lo que había comenzado en 1982 podría transformarse en la
tumba del Sistema Capitalista. Por eso, una de sus consignas fue
“Desmalvinizar”, para hacer retroceder el enorme avance de la consciencia
antiimperialista que se había desarrollado durante los días en que se ocupó
militarmente las islas.
En su nota, Alicia Sagra, explica esto: “Esta tendencia a la
traición de las clases dirigentes se debe a que para ellos nuestro país no es
más que una mercadería de su propiedad que tienen en venta, de la cual, a lo
sumo, pelearán el precio. Tal es así que mientras reclaman solemnemente la
soberanía sobre las islas, permiten que haya miles de “pequeñas Malvinas”
incrustadas en el territorio argentino: empresas, bancos, yacimientos desde
donde los capitales extranjeros nos saquean, explotan e incluso reprimen si
queremos enfrentarlos: como ejemplo están Vaca Muerta o el Famatina. Y eso para
no hablar de la gran “Malvina” que es la deuda externa, que usurpa mediante una
estafa la soberanía sobre nuestras propias finanzas”.
“Por el contrario, los trabajadores y el pueblo siempre han
luchado contra el control que el imperialismo ejerce sobre nuestro país, y
contra sus gobiernos ajustadores y represores, porque la explotación y el
sometimiento del país al capital extranjero los coloca en una posición de tener
que luchar con toda dureza para poder vivir con un mínimo de dignidad. Es por
eso que el pueblo trabajador apoyó la guerra sin dejar de combatir a la
dictadura, con la que ajustó cuentas tras la cobarde rendición”.
Solamente la clase obrera y el pueblo en lucha podrán
expulsar al imperialismo del país y de las islas, unificando sus peleas con las
que tienen lugar en todo el país contra los efectos del dominio ejercido por
los imperialistas, que tiene como una de sus herramientas principales a la
Deuda Externa. ¡Movilizar a los/as de abajo para dejar de pagarla, significa,
en los hechos, continuar y profundizar el proceso antiimperialista que pegó un
salto durante Malvinas y que, en la medida en que avanza el ajuste, tiende a
volver a explotar!

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