El 20 de marzo de 2020 comenzaba la cuarentena peronista, no para curar sino para desmovilizar a la clase obrera ¡Desde CS la rechazamos!
Nota de la redacción
Entre los días 19 y 20 de marzo de 2020 comenzaba a implementarse la cuarentena ordenada por la OMS para todos los países, cuyos gobiernos la llevaron adelante, no para curar a sus pueblos sino para desmovilizar las rebeliones que estaban explotando a diestra y siniestra, como la de Chile, al otro lado de la cordillera.
Los capitalistas exageraron la peligrosidad del Coronavirus, que no era mucho más letal que otros virus de las mismas características, para meterle miedo al movimiento de masas y vaciar las calles, para que los laburantes cumplan la vieja consigna de Perón: "de la casa al trabajo y del trabajo a la casa", el sueño de todas las patronales.
Tan furibunda fue esta campaña, que la mayoría de la izquierda, que sucumbió a las consignas gubernamentales, impulsó la desmovilización. Por esa razón, el 24 de marzo de 2020 se conmemoró de manera "virtual" o a través de aplausos en los balcones. Nuestro partido se negó a acatar esta línea, por eso, el 24m, se concentró frente al Pozo de Banfield. A continuación reproducimos una de las tantas notas que escribimos en ese período:
Artículo publicado el 25 de marzo - Por Francisco Ramos
La ciencia oficial, financiada por los monopolios
imperialistas, está “contaminada” desde su origen, porque los dueños de las
corporaciones no la promueven para alcanzar la “felicidad del conjunto”, sino
para satisfacer lujos y placeres de una pequeña porción de la sociedad, que
vive así gracias a la súper explotación de millones de trabajadores y
trabajadoras.
A pesar de que, en su época de ascenso, la burguesía
incentivó el desarrollo de la ciencia y la técnica como nunca había ocurrido en
la historia humana, ya dejó de jugar ese papel, porque la misma sed de
ganancias -que la empujó a desarrollar las fuerzas productivas- actualmente la
lleva a frenar su desarrollo, limitando cualquier avance en ese sentido.
Esto, que también ocurre con la ciencia de la salud, lo
explica el epidemiólogo Jaime Breilh [1] La gestión capitalista reconoció
tempranamente en la epidemiología una fuente potencial de conocimiento de la
realidad y por eso la ha mantenido a la diestra, con un ojo puesto encima para
evitar que supere la rutina estadística, la miopía ecologista que obnubila su
visión de la salud colectiva.
De acuerdo a este científico, lo que predomina es un punto
de vista positivista, que apunta a estudiar -por sobre todo- los aspectos más
formales y observables a simple vista. La ciencia debe renunciar a penetrar en
la esencia de las cosas, limitándose a descubrir el aspecto externo de los
fenómenos reduciéndolos al menor número posible de vínculos exteriores, en
atención en su semejanza y sucesión.” (Auguste Comte)
El positivismo ha producido avances en la ciencia, que no
pueden negarse, como dice el propio Breilh: ¿Quién podría negar en el caso de
la epidemiología la utilidad de los descubrimientos micro bacteriológicos, de
los avances de la inmunología? Sin embargo, estos tienen un límite: el
conservadurismo de la clase que los conquistó. ¡La burguesía, en su época de
retroceso, se ha convertido en el gran escollo a la hora de superar el terreno
que conquistó anteriormente!
Por esa razón, los científicos que trabajan para los
capitalistas, aun contando con una parafernalia tecnológica tremenda y
extremadamente costosa, cuando encaran el estudio de este u otros virus
-buscando remedios para combatirlos o limitar su actividad- se concentran en
estos, sin levantar la vista, de manera de analizar el organismo social que los
generó y dentro del cual se desarrollan y multiplican.
Esta manera de encarar el problema, es según Breihl, la
columna vertebral de la praxis científica burguesa, de su “irracionalidad”.
Mientras existan hombres la historia de la naturaleza y la historia de los
hombres se condicionarán recíprocamente. (Carlos Marx) Por eso, para los y las
marxistas, no se podría separar al análisis de la peste negra -que asoló Europa
cientos de años atrás- sin relacionarla con la sociedad medioeval en la que
apareció y creció.
Tampoco se podría entender la mal “Gripe Española” -que no
surgió en la península ibérica, sino en un campamento militar de Kansas- que
mató varios millones en 1918, sin analizar el gran acontecimiento que cruzó al
mundo en ese período, la Primera Guerra Mundial. En primer lugar, porque la
contienda ayudó a extender la enfermedad, debido al movimiento de tropas que
cruzaban el océano en barco y se instalaban en grandes campamentos en el viejo
continente.
Partiendo de esta realidad y de las condiciones de
hacinamiento, hambre y falta de higiene propias de una guerra, existió otro
elemento que condicionó la evolución del virus, colaborando con su evolución:
¡La corta expectativa de sus huéspedes, los jóvenes soldados, que caían en la
guerra “como moscas”! Para sobrevivir en ese contexto, el virus se vio obligado
a mutar, acelerando su período de maduración, que le posibilitó saltar
rápidamente de un organismo a otro, cada vez que sus huéspedes primarios caían
muertos por las balas o las bayonetas del enemigo. ¡Esta característica, lo
hizo aún más violento que cuando nació![2]
Sin tener en cuenta estas condiciones externas, -sin e qua
non (sin las cuales no)- la Gripe Española no habría alcanzado semejante grado
de letalidad. ¡Es que todo lo que vive tiene un marco, que lo condiciona y
determina! Esto quiere decir que no existen formas de combatir eficazmente al
coronavirus o a cualquier otra peste, sin actuar sobre el contexto en el que
actúa.
La Organización Mundial de la Salud, OMS, que regula las
políticas de investigación y profilaxis del coronavirus y otras enfermedades,
no se apoya en este método, razón por la cual sus conclusiones son
limitadísimas o directamente contrarias a la resolución del problema. Una parte
central del contexto que condiciona a la OMS y los ministerios de salud de los
países, tiene que ver con los intereses de los grandes laboratorios, que lucran
con las desgracias humanas, vendiendo todo tipo de productos, que, aunque
inútiles, son muy rentables.
Cuando analizamos las formas económicas no podemos servirnos
del microscopio ni de reactivos químicos, la facultad de abstraer debe hacer
las veces del uno y del otro [3]. Como marxistas, o bien personas que partimos
de un análisis de la totalidad, su movimiento y contradicciones, debemos partir
de una premisa: ¡Este virus es más peligroso que los anteriores, aunque sea
menos letal que la Peste Negra o la Gripe Española, no por sus características
intrínsecas -no es muy letal- sino porque contaminó a un organismo -el sistema
capitalista mundial- que está sufriendo las consecuencias más dolorosas de una
enfermedad terminal llamada Crisis!
La desmovilización, una línea histórica de la burguesía
Cuando explotó la Gripe Española, las clases dominantes
escondieron la noticia, con el propósito explícito de “no desmoralizar” a las
tropas que combatían al enemigo en las trincheras, pero, además, para evitar
acciones de protesta, como las movilizaciones que explotaron en Buenos Aires y
otros puntos, reclamándole medidas sanitarias al gobierno radical de Hipólito
Yrigoyen. En nuestro país, según datos oficiales murieron cerca de 20000
personas, aunque se estima que fueron más.
En las actuales circunstancias, la burguesía mundial vuelve
a actuar de manera parecida, tratando de frenar el descontento del movimiento
de masas. A pesar de que el coronavirus es mucho menos letal que la Gripe
Española -comparando ambas pandemias el “virus de Wuham” es prácticamente
inocuo- la reacción de los capitalistas es mucho más dura que la desplegada
durante 1918, ya que a la censura de prensa -que objetivamente se ha impuesto
en todos los medios- se la agregó un virtual estado de sitio mundial.
En la actualidad, los capitalistas, empujados por el pánico
atroz que le tienen a la rebelión obrera y popular, han decidido poner en
cuarentena a prácticamente todo el planeta, una medida que lejos de ayudar a
contener y acorralar a este o a cualquier virus, le otorga una peligrosidad más
grande que en otras circunstancias no tendría. ¡Nuevamente, el contexto, le
termina dando el principal significado a una de sus partes, potenciándola hasta
el paroxismo!
El Coronavirus matará, no por características propias, sino
porque millones sufrirán las terribles consecuencias de estar obligados a vivir
encerrados y con miedo, o, en muchos casos, por la pérdida de sus ingresos
cotidianos. Las cuarentenas vendrán de la mano de políticas de ajuste y
represión, para rebajar sueldos, echar trabajadores y liquidar conquistas. ¡El
“síndrome post traumático” de esta guerra, perdida de antemano por la burguesía
y sus lacayos, tendrá características nefastas!
Para enfrentar al coronavirus, o a cualquier enfermedad, se
requieren políticas socialistas, que apunten a eliminar el cuerpo enfermo que
les da lugar: el sistema capitalista mundial, que debe ser reemplazado -mediante
una revolución obrera y popular- por otro mucho más sano y vital, una sociedad
socialista, en la cual todo lo que se produzca sirva para satisfacer las
necesidades de las mayorías y no, como ahora, de unos pocos privilegiados.
Por todo esto, desde Convergencia Socialista nos oponemos al
encierro de la clase trabajadora y el pueblo pobre, que, solo a través de su
movilización impondrá las medidas correspondientes.
[1]Crítica a la interpretación capitalista de la
epidemiología. Un ensayo de desmitificación del proceso salud-enfermedad.
[2]LA PANDEMIA DE GRIPE DE 1918:
Un caso de subsunción de lo biológico en lo social Liliana
Henao-Kaffure 1
Universidad Nacional de Colombia
Mario Hernández-Álvarez 2
Universidad Nacional de Colombia
[3]Marx

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