martes, 13 de febrero de 2024

La bendición del Papa y el imperialismo europeo no salvarán al gobierno de Milei, que está entre la espada y la pared

Por Damián Quevedo 

La popularidad del gobierno está descendiendo, porque le resulta más que difícil convencer al pueblo -que sufre una caída fenomenal de su nivel de vida- que el ajuste no es en su contra, sino contra la “casta”. En ese marco y después de la derrota de la ley Ómnibus, Milei está tratando de consumar un pacto de gobernabilidad con Macri, mientras rompe lazos con gobernadores y otros sectores de la oposición patronal “dialoguista”. 

El fracaso de la ley ómnibus marcó un punto de inflexión y aceleró una situación de confrontación y desgaste que se preveía para más adelante -analiza un veterano legislador que conoce bien los vericuetos legislativos-. La pregunta que todos nos hacemos es frente a qué Milei nos encontramos: frente al Milei presidente, que hace del ‘apriete’ una estrategia política para luego negociar, o frente a un Milei en estado puro que se resiste a sacarse el traje de candidato y lleva los niveles de agresión al extremo apalancado por las encuestas”[1]. 

En ese sentido, el viaje a Roma del libertario y su hermana, acompañados de varios capitostes de la burguesía local ligada al imperialismo europeo, fue un intento de conseguir ciertos gestos de apoyo y solidaridad de parte del Papa, que, si bien bendijo su plan antiobrero, no les extendió ningún cheque en blanco. 

Bergoglio y la mayoría de los capitalistas están de acuerdo en poner en pie un nuevo Pacto Social para garantizar el ajuste, porque saben que el gobierno es muy débil. Sin embargo, una alianza de esas características es muy difícil de concretar porque no hay nada para repartir a las distintas fracciones burguesas en pugna, una situación que empujará conflictos cada vez más duros entre los de arriba. 

La guerra comercial entre las grandes potencias exacerbará esta tendencia, ya que los grandes monopolios de los Estados Unidos, China y la Unión Europea, que pelean por el mercado mundial, también lo hacen por el de Argentina, que es un territorio en disputa que ninguno de estos bloques está dispuesto a regalar.   

En este contexto y sin ninguna posibilidad de apoyarse en un ciclo económico expansivo, Milei, que está entre la espada y la pared, no podrá cumplir la mayoría de los compromisos que asumió con los dueños del mundo, que, lejos de ayudarlo, apretarán la soga cada vez más. Esta perspectiva, que significará más miseria, entrega y explotación, provocará nuevas y potentes rebeliones sociales. 

La izquierda tiene que ubicarse decida y audazmente como alternativa de dirección, proponiendo su programa revolucionario en todos los lugares de trabajo y las barriadas obreras. Hay posibilidades de que, en muy poco tiempo, las banderas del socialismo sean tomadas como propias por el movimiento de masas, que, con todas las alternativas capitalistas en decadencia, buscará otros caminos para salir de la crisis.

Para eso, será necesario construir un partido o movimiento revolucionario, que impulse la organización de miles de asambleas de base que voten la necesidad de acabar con el ajuste y los ajustadores de turno e imponer un gobierno de la clase trabajadora, el único sector social capaz de luchar a fondo contra el capitalismo y todas sus pestes.  



[1] La Nación 13/02/2024

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