Por Damián Quevedo
Luego del abrazo del Papa peronista con Javier Milei, la sacerdotisa pagana del PJ, Cristina Fernández, que reapareció con toda la pompa “nacional y popular”, bendijo la gobernabilidad capitalista, hoy por hoy garantizada por quien acaba de llorar frente al Muro de los Lamentos.
La jefa de la banda populista publicó extenso documento, que, detrás de las críticas más conocidas hacia algunos aspectos de la política económica del gobierno nacional, aclaró -entre líneas, para mantener las apariencias- su acuerdo con aspectos centrales del plan de ajuste, como el endeudamiento y la reforma laboral.
Aunque criticó el
actual nivel de endeudamiento -proveniente de los tejes y manejes de Caputo,
cuando comandaba la cartera económica en el gobierno de Macri- explicó que una
deuda “razonable” es más que necesaria y aceptable. ¡Por eso, durante su
gobierno y el de Néstor, no solo no hubo des endeudamiento -como suelen mentir-
sino que la deuda pública, junto con la extranjerización de los recursos y la
tierra, crecieron exponencialmente!
Tras la confiscación de los depósitos, la
pesificación asimétrica, Boden 2012 y el canje de la deuda, a fines de 2005,
durante el gobierno de Néstor Kirchner, la deuda pública sumaba U$S 154.270 millones. Cristina Kirchner
dejó el Gobierno con la deuda en US$ 240.665 millones, un incremento de US$
80.635 millones, en medio de un ascendente proceso de fuga de capitales.
Primero hubo una fuerte salida de capitales entre 2007 y 2011 y luego en
2014/2015[1].
El otro aspecto medular de la política de Milei, que hasta ahora fue bochado por la justicia: los cambios reaccionarios en la legislación laboral que reclaman los empresarios de todos los colores, fue reivindicado sin tapujos por Cristina, que, de esa manera, demostró de qué lugar del mostrador está ubicada a la hora de encarar las relaciones entre obreros y patronos.
Con una lógica similar, Cristina remarcó dentro de los debates pendientes la discusión de un “plan de actualización laboral que brinde respuestas a las nuevas formas de relaciones laborales surgidas a la luz de los avances tecnológicos y de una pandemia que trastocó todos y cada uno de los ámbitos de la vida de las personas”. “Teletrabajo y plataformas digitales, que intermedian entre oferta y demanda[2].
Desde Convergencia Socialista dijimos que, más allá de las formas y los ritmos, el plan Milei no era otra cosa que la continuidad del Plan Massa, ya que se apoya en tres ejes comunes: el impuesto inflacionario, para destruir el poder adquisitivo de los salarios, y el aumento del endeudamiento externo, para financiar el funcionamiento del Estado, y la profundización de las políticas extractivistas, que van de la mano de la entrega de los recursos.
Esto, que es fácil de entender, ya que la realidad lo demuestra con total y absoluta claridad, también se puede ver en el documento cristinista, que, más allá de sus formas e intentos de ocultar lo esencial, sigue la línea del cipayaje más abyecto, que pinta de cuerpo y alma a las conducciones de todos los partidos pro patronales de la Argentina.
La clase
trabajadora debe romper con estos personajes y sus políticas al servicio de un
sistema, el capitalismo, que ya no da más y que en su etapa final de decadencia
solo tiene para ofrecer hambre, miseria, desocupación y súper explotación. La
izquierda revolucionaria es la única capaz de sacar al país de la crisis,
impulsando y concretando una revolución de carácter socialista.
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