Por Juan Giglio
Milei viajó a Davos, a la reunión de los millonarios más
importantes del planeta, para agitar la necesidad de “luchar contra el
Socialismo” e imponer, como resultado de esa pelea, las reglas del “libre mercado”, que, para este lacayo de los monopolios internacionales es la única garantía de prosperidad del conjunto.
Para el libertario, “un empresario exitoso es un héroe”,
porque, según su razonamiento, su enriquecimiento colaboraría con la lucha contra la pobreza. Milei reivindica el capitalismo de la libre
concurrencia de sus inicios, que ya no existe, porque se acabó la libre competencia, ya que al mercado lo dominan los grandes
monopolios, que son, en definitiva, los que imponen los precios y las condiciones de trabajo.
La única competencia que existe es entre esas corporaciones y los Estados que las defienden, por eso, la
tendencia general es hacia una nueva guerra inter imperialista, como la que se está gestando
entre China y los Estados Unidos. En ese marco, y con la actual crisis
económica de por medio, países atrasados, como el nuestro, no tienen ninguna posibilidad de desarrollarse si es que no rompen con su carácter dependiente, liberándose del yugo imperial.
¡Todo lo contrario de lo que proponen Milei y sus secuaces,
que, de una u otra manera, apelan al libre mercado para subordinarnos aún más
que antes a los dictados de los que dominan todo, porque cuentan con un
aparato productivo mucho más desarrollado y Estados que garantizan el desarrollo de sus negocios, armados hasta los dientes!
La política de este gobierno, que, aunque difiere en
las formas, son iguales que las que proponen Massa, Schiaretti, Cristina y
toda la "casta" capitalista, llevará a la Argentina a una
situación de miseria nunca vista. Milei pretende un país en el cual, una minoría muy rica viva extremadamente bien explotando a los trabajadores que tengan la “suerte”
de seguir laburando, ya que la mayoría de la clase obrera quedará por fuera de la producción.
Para evitar esta perspectiva y la crisis, hay que
acabar con la causa, el capitalismo semicolonial. Para
eso, los trabajadores y el pueblo deben organizar una gran resistencia y un nuevo Argentinazo, que salde cuentas con todos los
representantes del capitalismo y acabe con este sistema, imponiendo un
gobierno obrero que rompa con el imperialismo y ponga el aparato productivo,
los recursos y riquezas al servicio del conjunto.

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