Dolarización "libertaria", como la convertibilidad de Menem y Cavallo, un plan destinado al fracaso
Por Damián Quevedo
La
dolarización de la economía nacional era, hasta hace muy poco, uno de los
principales slogans del candidato que está adelante en las encuestas. Por esa
razón, en un encuentro con empresarios en el que participó, el “libertario” Javier
Milei defendió esta perspectiva.
El candidato presidencial cerró el Congreso Económico Argentino. Ante un nutrido grupo de empresarios y brokers, Javier Milei volvió a defender este jueves su proyecto de dolarización y libre mercado que piensa implementar si llega al Gobierno y les aseguró que “no necesitan un Banco Central” con el cual “los políticos chorros los estafen”[1].
El plan dolarizador se asemeja
mucho a la convertibilidad diseñada por Menem y Cavallo, que se implementó con
los fondos provenientes de la venta, a precio vil, de las empresas estatales
más rentables y un fabuloso endeudamiento. Cuando se acabó lo recaudado por la venta de las "joyas de la abuela" y la deuda comenzó a apretar las finanzas nacionales, el plan saltó por los aires y dio lugar a la
crisis de 2001.
En la época de esplendor de esa
política, Menem insistía en que el peso argentino valía lo mismo que un dólar,
el famoso “uno a uno”. Sin embargo, la realidad terminó por demoler esta
mentira, ya que la monedad de cualquier país no se construye mediante artificios financieros o préstamos. ¡Su poderío o debilidad no tienen que ver con cuestiones abstractas o "metafísicas", sino con la capacidad
productiva del país que la emite!
Argentina no puede tener una moneda fuerte sino rompe las cadenas de la dependencia. Mucho menos sino encara un proceso de industrialización, para que todos los “papelitos” que fabrica el Banco Central cuenten con el respaldo necesario. Por eso, la propuesta de Milei de eliminar el peso y cambiarlo por el dólar es una ficción muy parecida a la convertibilidad, un artificio que está condenado a estallar mucho más rápidamente que el plan de Cavallo y Menem.
A pesar de todo, sus defensores siguen sosteniendo que esta orientación se aplicó con éxito en ciertos países, como Ecuador. ¡Mentira, la realidad demostró todo lo contrario! Uno de los efectos más negativos que tuvo la dolarización fue la destrucción de la industria local y -por lo tanto- la generación de empleo. Los países dolarizados se convirtieron en economías importadoras de productos, básicamente porque se desindustrializaron. Ecuador vive de la exportación de materias primas, explica, principalmente petróleo, mientras que El Salvador vive de la exportación de su fuerza de trabajo[2].
Es evidente que los capitalistas de
cualquier país desean que se ajuste a los trabajadores. Pero, aunque en
Argentina también pretende impone este tipo de políticas, la burguesía local
tiene un tamaño mucho mayor que las patronales ecuatorianas o salvadoreñas. Por
lo tanto, este sector del capitalismo aspira a pelear por una porción del
mercado mundial mucho más significativa que la de otros países menos
desarrollados, para lo cual no mira con buenos ojos a la dolarización.
Las fracciones de peso de la burguesía local y de varias multinacionales que operan aquí, no van a resignar fácilmente la posibilidad de contar con una moneda propia, que es una herramienta que les sirve a la hora concretar sus negocios productivos y financieros. Eso sucede con aquellos sectores que producen y exportan la mayor parte de sus productos. Para ellos, una moneda nacional de menor valor que el dólar los ayuda a recaudar una ganancia diferencial, ya que venden en dólares y pagan salarios y, buena parte de sus insumos, en pesos.
De concretarse, el plan Milei no
solo significará tierra arrasada para los trabajadores, sino que terminará
liquidando a una porción significativa del capitalismo local, que no podrán
sostener costos productivos mucho más caros que los actuales. En ese sentido,
un gobierno del libertario tendría pocas posibilidades de sostenerse, ya que
unificaría enemigos por todas partes.
La debilidad del oficialismo actual
y del que probablemente lo suceda, pone y continuará ubicando a la clase
trabajadora en una relación de fuerzas más que favorable. Esta situación tiene
que ser aprovechada por los luchadores y luchadoras más consecuentes y la
izquierda revolucionaria, que están en condiciones de comenzar a construir la nueva dirección
obrera que, en ese marco, organice los grandes combates que se avecinan.




Comentarios
Publicar un comentario