La izquierda debe convocar a una gran asamblea obrera y popular que organice la resistencia y vote un programa alternativo
Por Damián Quevedo
Massa todavía está buscando una carta salvadora en un mazo que ni siquiera puede ver. El único plan, entonces, es probar suerte y seguir esperando que con el próximo desembolso de dólares del FMI se frene un poco la crisis económica y política, que se profundiza a una velocidad terrible.
El trasfondo de la crisis excede sin embargo a la administración Massa: la Argentina parece estar frente al agotamiento de un sistema que, sin flujos por la imposibilidad de tomar deuda, funcionó mientras hubo stocks. “La sequía”, explica el ministro. Que el fin de ciclo le haya tocado a él, gran interlocutor del establishment económico, es además sintomático: como el desastre es estructural, tampoco se arregla con acuerdos corporativos. Aunque su instinto de lobbista y la falta de estrategia lo empujen a hacer lo que ha hecho siempre[1].
En este marco catastrófico, la llegada de dinero del Fondo Monetario Internacional ya no sirve para nada, por más que en algún momento haya servido para frenar la suba del dólar y la inflación. Hoy por hoy, ese mecanismo, que incluye las ventas de verdes por parte del Banco Central, ya no funciona.
El otro recurso, recontra gastado y desautorizado por la realidad, es el control de precios, que no sirvió ni sirve para nada. Por eso, ahora, con un gobierno más devaluado que el peso, sin autoridad sobre ningún sector de la sociedad, intentar otro acuerdo de precios, es otra muestra de impotencia política.
Las elecciones primarias no solo dejaron en evidencia, una fenomenal crisis del régimen político, sino que mostraron un suceso nuevo, el hundimiento del peronismo. Este hecho histórico está aconteciendo de manera distorsionada, no como un “2001 del populismo”, porque aún no hay helicóptero y grandes movilizaciones, sino una fenomenal derrota electoral.
Se está yendo a pique el partido que garantizó el ajuste y los principales ataques contra la clase obrera de los últimos cuarenta años, el verdadero partido del orden. Este es el principal síntoma del derrumbe institucional, aunque todavía no se puedan ver huelgas generales o la aparición de organismos obreros y populares en condiciones de disputarle el poder a la burguesía.
Hay todavía un
trayecto muy largo hasta octubre y es prácticamente imposible que el gobierno
revierta el resultado electoral. Eso implica que la tendencia principal será hacia
la profundización de la crisis, con un nuevo salto luego de la elección
general, razón por la cual no es impensable que el peronismo deba adelantar el
traspaso gubernamental en medio de una hecatombe social.
Es por eso, aunque desde el campo revolucionario resulte correcto participar en la campaña electoral, de manera de denunciar que tanto el oficialismo como las otras variantes opositoras, comparten el mismo plan de ajuste, es urgente convocar a las masas a enfrentar el ajuste ahora mismo.
La izquierda debe convocar a todos los luchadores y luchadoras dispuestos a pelear contra las políticas de este gobierno y del que se viene. Una gran asamblea que organice la resistencia y no se limite a los partidos que se reclaman socialistas, sino a todos los sectores que estén dispuestos a preparar las peleas de fondo contra el ajuste y a discutir, en asambleas de base, un programa obrero alternativo.



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