Paro y Plan de Lucha de la UOM... la clase obrera industrial a punto de ubicarse a la cabeza de la resistencia contra el ajuste


Por Damián Quevedo y Juan Giglio

La situación política de cualquier país cambia drásticamente cuando la clase obrera se lanza a la pelear, incluso cuando esa lucha está contenida y controlada por la burocracia, como sucede con el paro y plan de lucha lanzado por la UOM, cuya conducción peronista, en los hechos, se vio obligada a decretar la huelga en el marco de un gobierno de su propio signo.   

Este conflicto refleja lo que está sucediendo en las bases de todo el movimiento obrero industrial, que, aunque aún tiene trabajo, de conjunto recibe sueldos muy bajos, que, además, están cayendo en picada debido al impuesto inflacionario. Ayer, en la concentración frente al edificio de Techint, se concentraron miles de obreros jóvenes que marcharon desde sus fábricas con un gran espíritu de lucha, porque son víctimas del ajuste de Massa y los suyos. 

Estos jóvenes, cuyas edades oscilan entre 25 y 35 años, mayoritariamente tienen pareja e hijos, no cuentan con vivienda propia y gastan buena parte de sus sueldos en alquilar y comprar los elementos básicos para vivir en el supermercado. Ellos y ellas perdieron los "lujos" que años atrás disfrutaba la clase trabajadora argentina, que comparada con otras del continente, tenía un altísimo poder adquisitivo, debido a un salario directo y indirecto relativamente alto. 

Esta clase obrera joven tiene puntos de coincidencia con los miles de docentes de su misma edad, que no casualmente están a la vanguardia de la lucha en varias provincias, ya que tienen que matarse para llegar a fin de mes, tomando muchas horas o cargos para mantenerse en pie. Casi seguramente, ambos sectores serán vanguardia del ascenso obrero y popular que se avecina, de la mano de una recesión que profundizará los niveles de pobreza y provocará lo que ahora no está ocurriendo: desocupación. 

Esto implica que no habrá tanto trabajo ni tantas posibilidades, como ahora, de recuperar el poder adquisitivo perdido metiendo extras o tomando más cargos. Es más, será necesario cuidar el puesto de trabajo, porque comenzarán los despidos, que ya comenzaron, aunque con una política de “goteo”, en el área de los contratados. 

Además, existirá un marco político que condicionará todo, será el hecho -el más probable dada las actuales circunstancias- de que habrá un gobierno de Juntos por el Cambio. Esta situación obligará a la burocracia peronista a posicionarse, al menos de palabra, en contra de las políticas de ajuste de este ejecutivo, que estará obligado a profundizar el actual ajuste, de manera de pagar la deuda y mantener el nivel de ganancias de las empresas que puedan sostenerse en el marco recesivo. 

La burocracia, como ya sucede en el proceso de luchas docente, donde prima la autoconvocatoria, no podrá contener la combatividad, que surgirá desde las bases, con una juventud acostumbrada a trabajar y a no perder su condición de trabajador activo. Por eso, las asambleas democráticas y nuevos organismos de coordinación de los conflictos serán moneda corriente, una realidad que debe impulsar la izquierda revolucionaria desde ahora mismo, para colaborar con la tarea central: la construcción de una dirección clasista, democrática y combativa que lidere con éxito esta nueva etapa de la resistencia obrera.

Volver a página principal

Comentarios