Argentina vs Inglaterra, algo más que un partido de fútbol
Por Damián Quevedo
Este miércoles se enfrentarán el seleccionado argentino y
el de Inglaterra, en una de las semifinales del campeonato mundial de los
Estados Unidos. A pesar de que Scaloni quiso bajar la tensión, señalando que se
trata solo de una competencia deportiva, la realidad es que este encuentro, que
carga con un sinnúmero de acontecimientos históricos, sociales y culturales, impulsa
un sentimiento mucho más político que deportivo.
La rivalidad con el imperio británico tiene más de 200
años, pero se avivó con la guerra de Malvinas, que entró de lleno en el mundo
futbolero a partir de México 86, con la “mano de Dios” y el histórico segundo
gol de Maradona. La cercanía con aquella guerra le dio épica a este gran
partido y lo transformó en un suceso político trascendental.
La crisis general y la presión de las masas semicoloniales
imprimen a este nuevo partido un
carácter que excede a los jugadores y al cuerpo técnico. Es el peso de la lucha
de clases, que atraviesa todos los planos de la vida social, como la lucha palestina,
que se expresó en el mundial con las declaraciones y gestos del técnico egipcio,
que festejó sus triunfos agitando la bandera de ese pueblo heroico.
Algo de esto está pasando en Bangladesh, cuyo pueblo, que
sufrió la colonización inglesa como pocos, apoya masiva y efusivamente a la
selección argentina, recordando los goles de Maradona en México.
El pasado colonial de la región resulta clave
para comprender el presente debido a que el territorio de Bangladésh sufrió 300
años de dominación británica, un período marcado por la opresión y tragedias
humanitarias severas como la hambruna de Bengala de 1943.
"Nosotros sufrimos 300 años todo el mal
hecho por ellos. Por ese motivo, ese gol, justo después de la guerra de
Malvinas, nosotros también lo sentimos", aseguró a La Prensa Talukder Alim
Al Razi al analizar el impacto de aquel encuentro[i].
Aunque estas expresiones deportivas de bronca de los
pueblos oprimidos no suplantan la lucha, cada vez más necesaria, por su
independencia definitiva, ayudan a motorizarla, porque desarrollan y exacerban
su conciencia antiimperialista, sin la cual no habrá combates reales y
contundentes contra los colonialistas. La crisis capitalista y las disputas
entre las grandes potencias, colaboran con esta perspectiva.
Los revolucionarios debemos prestar atención a este tipo
de manifestaciones, porque son el preámbulo de las grandes peleas
emancipatorias que se avecinan. La izquierda debe ponerse a la cabeza de las
mismas, planteando la necesidad de imponer un gobierno revolucionario de la
clase trabajadora y el pueblo, única manera de conquistar la segunda y
definitiva independencia nacional que posibilite la reindustrialización que
niegan todos los imperialistas.

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