El papel de las nuevas tecnologías en el desarrollo de la consciencia obrera


Por Claudio Colombo

Por Ernesto Buenaventura

Aunque se afirme que "estamos hechos de sueños", construimos buena parte de nuestra consciencia a través de palabras, que articulamos para comunicarnos y crear conceptos que agilizan el funcionamiento de nuestro razonamiento. Ese proceso dio sus primeros pasos cuando nuestros ancestros comenzaron a ponerle nombre a todo, abandonando la etapa primitiva en la cual los pensamientos solo se construían con imágenes.

Según Lev Vygotsky, la sociedad proporciona a las personas estos “mediadores”, que emplea para relacionarse con la naturaleza, todos los objetos y otras personas, como las herramientas de producción o los signos, surgidos entre los cazadores recolectores. Para el psicólogo ruso, en los procesos de “interiorización”, con los que se construye la conciencia individual y social, participan todos estos instrumentos, especialmente el lenguaje articulado. 

Analizando el uso de los signos lingüísticos, el director del Laboratorio de Psicología Experimental y Neurociencias del Instituto de Neurociencia Cognitiva y Traslacional de Estados Unidos, Adolfo García, dijo: “todavía es un misterio cómo hace el cerebro para decodificar esos garabatos escritos y articulaciones sonoras.” (La Nación, 17 de junio)  “Hace tiempo que los científicos se preguntan cuáles son los caminos que trazan las palabras entre las neuronas. En sus investigaciones, mostraron que al ver o escuchar una palabra que denota un movimiento corporal (por ejemplo, "aplaudir"), se registran picos de activación en los circuitos cerebrales que permiten realizar esa acción (es decir, se da una especie de simulación mental del acto de aplaudir).”

“También se activan regiones cerebrales que integran esa simulación del movimiento con otros tipos de información, como la imagen visual de las manos, la sensación táctil generada por el choque de ambas palmas o el sonido del aplauso. Dicho de otro modo, el cerebro pone en juego por lo menos dos grandes sistemas: uno que reactiva las experiencias evocadas y otro que permite acceder a un concepto global".

Las investigaciones reafirman el papel de las palabras al servicio de los mecanismos de razonamiento superiores, basados en conceptos o generalizaciones. Esto le ha permitido al ser humano imponer su dominio por sobre el resto de los seres vivientes y afrontar el desafío estratégico de acabar con la alienación, que en otras palabras significa hacerse cargo de su propia historia, luego de destruir al Capitalismo y acabar con la explotación.

No habríamos llegado a esta situación y a esta posibilidad histórica sin haber conquistado la posibilidad de trabajar socialmente, una dinámica que comenzó con la cacería en equipo, pegó un salto con el desarrollo de las sociedades agrícolas basadas en el riego, y explotó a partir de la  Revolución Industrial burguesa, que dio lugar a un proceso inigualable de avances científicos y tecnológicos.  

Cuando las fuerzas productivas de la humanidad adquieran un estándar muy superior al actual, en el Socialismo, el uso de nuevas técnicas ayudará a los hombres y las mujeres libres a comunicarse y razonar de manera más eficiente. En ese período, la comunicación y creación de conceptos podría valerse de nuevos canales, como la telepatía u otros, hasta ahora desconocidos o impensados.

Esto será posible porque en la sociedad socialista avanzada, las máquinas harán gran parte del trabajo que ahora realizan los seres humanos, lo cual permitirá que las personas se dediquen a tareas mucho más creativas y gratificantes, como la investigación, el arte, los deportes, los viajes intergalácticos o el simple ocio. Los hombres y las mujeres conquistarán lugares recónditos, en la profundidad de los mares, en otros planetas y el interior de sus propios cerebros.

Como en todo proceso vivo, ese cambio revolucionario ya está teniendo lugar en el vientre de la clase que lo va a parir, el proletariado, que como sujeto social del cambio muestra ciertos indicios del lenguaje sobre de los hombres y las mujeres socialistas. Esta dinámica se expresa en las acciones de vanguardia de la clase trabajadora, particularmente en los organismos su autodeterminación que crea cada vez que pasa a la ofensiva.

Para detectar la existencia de ese lenguaje revolucionario es necesario bucear en el interior de estos procesos, de manera de encontrar los nuevos “códigos” comunicativos de los trabajadores de vanguardia, que tienen lazos directos con aquellos que ya utilizan los jóvenes de las barriadas obreras. Estos signos son extraños a los oídos de la mayoría de los "estudiosos", incluso la mayoría de los marxistas “de” formados por la universidad capitalista.

Escuchar pacientemente a los jóvenes de la clase trabajadora es una tarea imprescindible para comprender las rebeliones que se aproximan, porque será el nuevo proletariado el gestor principal de las mismas, el “sujeto histórico” que maneja las nuevas tecnologías sobre las que se asienta el proceso productivo en las fábricas y empresas.

La consciencia proletaria, que está desarrollándose en el interior más profundo de esa “tormenta” social y tecnológica, descoloca a la intelectualidad izquierdista, que, en general, considera que existe un retroceso generalizado de la consciencia obrera. Estos académicos, que analizan todo en base a vetustos silogismos, serán arrollados por la dinámica de los acontecimientos.

Para crear las consignas que ayuden a construir revoluciones victoriosas no alcanza con caracterizar la dinámica de las luchas obreras, es necesario analizar la de la clase trabajadora con las nuevas tecnologías en el marco de la mayor crisis capitalista. En ese sentido, habría que continuar la elaboración de Federico Engels, con un texto que vaya más allá del “Papel del trabajo en la evolución del mono al hombre, algo así como “El papel de las nuevas tecnologías en el cambio del lenguaje humano y su manera de razonar”.

Volver a página principal

Comentarios