Por Damián Quevedo
La semana terminó con un golpe de timón, en el que se bajaron todos los candidatos de Unión por la Patria. Luego de la tan mentada pre candidatura de Wado de Pedro, un delfín de Cristina Fernández y de los rumores de que Manzur lo acompañaría, el peronismo terminó cerrando con una fórmula única, producto de desesperadas horas de negociaciones.
La definición llegó este viernes al cabo de una jornada signada por frenéticas negociaciones, que tuvieron como protagonista al propio Massa y a la vicepresidenta Cristina Kirchner. Como resultado de las conversaciones, que incluyeron un contacto telefónico entre la jefa del Senado y Alberto Fernández, tanto Eduardo de Pedro como Daniel Scioli declinaron sus precandidaturas presidenciales[1].
Este volantazo de última hora deja en evidencia dos cuestiones. Por un lado, Cristina Fernández ya no dispone de la "lapicera" para definir todo, lo cual refleja la decadencia política del kirchnerismo, fuertemente golpeado por el femicidio de Cecilia y la debacle de Capitanich. Por otro lado, también se confirma que el PJ no está en condiciones de soportar dos elecciones consecutivas.
En el actual contexto, signado por los acontecimientos chaqueños, la presión de la deuda, el rojo en el BCRA y la ausencia de dólares, con un candidato oficialista vapuleado, el gobierno no estaría en condiciones de mantenerse en pie hasta octubre. ¡La unidad impuesta -desde la embajada yanqui y las oficinas del FMI- no es un acuerdo para ganar elecciones, sino para que no caiga el régimen y, de esa manera, garantizar la continuidad del ajuste con el próximo gobierno!
La fragmentación existente en el peronismo no es causada por las ambiciones personales de algunos funcionarios, sino por la vinculación de estos con las diferentes fracciones del imperialismo, que están disputándose el mercado mundial. Por eso, después de las elecciones volverá el clima de guerra civil que impera en todos los partidos patronales, un clima propio de la guerra comercial que enfrenta a las grandes potencias.
La imposición de Massa para encabezar la fórmula presidencial peronista no deja de ser una ruleta rusa. Es que el superministro no podrá entregar ni una sola dádiva al movimiento de masas, y a que continuará aplicando el ajuste que exigen desde el FMI y las casas matrices de los grandes monopolios nacionales e internacionales. ¡La campaña de la Unión “por el FMI” carecerá de la tradicional caja que hizo fuerte al populismo local!
El gobierno, en todas sus facciones, sabe que las movilizaciones en Jujuy y Chaco son recién un anuncio de lo que vendrá, porque para los capitalistas no hay salida a la crisis sin un ataque más grande contra el salario. Los trabajadores también saben, y el que no lo sabe lo intuye, que no hay salida con cada una de las opciones patronales que compite en las elecciones, que más tarde o más temprano deberán seguir el camino de Jujuy.
La izquierda debe
aprovechar esta crisis terminal del peronismo y poner en el centro de su campaña
electoral la necesidad de romper con todas las fracciones burguesas y
construir, desde abajo, la huelga general activa -Argentinazo- que reclaman las
actuales circunstancias, para cambiar todo de una vez y para siempre, con un
gobierno obrero, popular y revolucionario.

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