Gran oportunidad electoral de la izquierda, debido a la crisis general y a la derechización del peronismo


Por Damián Quevedo

En varias notas señalamos que el populismo tiene un límite estructural, que se acaba cuando no hay recursos para otorgar concesiones al movimiento de masas. Es ahí donde termina la "mística" y la épica del relato “nacional y popular” y aparece su verdadera esencia, que tiene un carácter contrarrevolucionario. 

En este verdadero culebrón argentino, que empezó con la designación de Sergio Massa como ministro de economía -con superpoderes sobre otras carteras del Estado- y culmina con la anunciada candidatura presidencial del tigrense, vemos también los últimos estertores del kirchnerismo. 

Sergio Massa se quedó con todo. El globo de ensayo de la fórmula Wado de Pedro-Juan Manzur explotó en el aire y una rebelión del peronismo territorial terminó por provocar un terremoto político sin precedente, al filo del cierre de listas. Quedó expuesta una novedad política de primer orden: el declive de Cristina Kirchner como conductora indiscutida del justicialismo[1]. 

La caída a pique de la vicepresidente, es la debacle del relato progresista, pero también la peor crisis del peronismo, que, si bien siempre tuvo internas, hoy no tiene jefes con autoridad o votos como para ordenar y alinear a los demás. Tampoco aparece alguien que se pueda imponer a través del manejo de la caja del Estado, como lo hizo el kirchnerismo durante años, porque ese recurso ya no existe. 

El peronismo kirchnerista, ahora Unión por la Patria, canalizó en los últimos años el voto progresista de un sector de la clase media local, que se constituyó como “núcleo duro” de este movimiento. Ahora, esa fracción de la sociedad, no puede ser retenida solo con las notas de Página 12, ya que necesita algún correlato, por mínimo que sea, entre el relato y la realidad. 

Estos años de inflación, endeudamiento y corrupción explícita -basta recordar los vacunatorios VIP y las fiestas en la quinta presidencial en pleno encierro- fueron erosionando la relación entre el núcleo duro y sus jefes. La merma en la capacidad de movilización y convocatoria de Cristina, es una muestra cabal de ese declive. 

Eduardo "Wado" de Pedro era, en ese sentido, la última carta o atisbo de materialización del relato progresista, como para retener a esa porción significativa de la sociedad. Sin embargo, con la pre candidatura de Massa esa posibilidad prácticamente ha desaparecido, razón por la cual desde el PJ han dejado correr la candidatura de Grabois, como intento de evitar la fuga “por izquierda” de esa parte de su electorado. 

Esta situación pone a la izquierda en condiciones casi impensadas, más bien excepcionales, para disputar millones de votos en la próxima elección. ¡Entre la derecha abierta de Cambiemos y Milei, está la derecha del peronismo, pero ya sin el disfraz progresista! Esto es uno de los factores que puede volcar parte de ese electorado kirchnerista hacia el FITu, el otro es la profunda crisis económica y política. 

Esto no significa que la izquierda deba lavar su discurso para atraer al progresismo, todo lo contrario, tiene que seguir radicalizando su política en concordancia con la situación. Bregman, Del Caño y compañía deben aprovechar cada espacio mediático para señalar que la clase obrera y el pueblo, además de castigar al gobierno en las elecciones, tiene que construir desde las bases la rebelión social que reclaman las actuales circunstancias.

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[1] La Nación 24/06/2023

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