La relación entre el freno del desarrollo de la Inteligencia Artificial y ley de la baja tendencial de la tasa de la ganancia


Por Damián Quevedo y Juan Giglio

Hace algunos días en varios periódicos se difundieron declaraciones polémicas de algunos grandes capitalistas, como el dueño de Tesla, acerca de la nueva tecnología, denominada inteligencia artificial.

Un grupo integrado por académicos, expertos en inteligencia artificial (AI, por sus siglas en inglés) y ejecutivos como Elon Musk están pidiendo una pausa de seis meses en el desarrollo de sistemas más potentes, que recientemente ha lanzado GPT-4 de Open AI, en una carta abierta que cita riesgos potenciales para la sociedad y la humanidad[1].

A primera vista sorprende, que empresarios que están entre los más poderosos en esa rama de la producción, la informática, se manifiesten contrarios a la salida al mercado de nuevos desarrollos, que, aparentemente, los beneficiarían más que a nadie.

Un punto de peso en esta pelea entre capitalistas puede ser una cuestión de competencia, razón por la cual, algunos empresarios estarían intentando frenar la salida de un producto que les puede quitar ganancias cuando estos no lo controlan, como sucede con EEUU y la tecnología 5G, que está más desarrollada entre los chinos.

Sin embargo, esto es solo un aspecto del problema que no puede ser el determinante en cuanto a pedir el freno en el desarrollo de determinada mercancía. Existen otros elementos de mayor peso que pueden llevar a que estas contradicciones tomen estado público, convirtiéndose en una disputa fenomenal.

Uno de ellos es la existencia, en la actualidad, de una nueva crisis de sobreproducción, que afecta significativamente a la rama de la producción de tecnologías de avanzada, como las que se diseñan y proyectan en lugares emblemáticos, como el Silicon Valley de los Estados Unidos. La reciente quiebra del Silicon Bank es una expresión, financiera, muy clara, de este proceso, que afecta al capitalismo periódicamente y cada vez con más potencia.

Los capitales relacionados a este rubro, dominado por personajes como Bill Gates y el propio Elon Musk, gracias al gran encierro producido durante la pandemia, se habían preparado para vender sus mercancías en un mercado cada vez más grande, fogoneado por las medidas de la OMS. ¡No casualmente, este organismo, tiene como principal “aportante”, a Bill Gates, que además produce vacunas en gran escala!

La derrota de la política de cuarentenas, producida por el accionar de las masas, que se negaron a seguir quedándose en sus casas, pudo un freno brusco al desarrollo del mercado de la virtualidad, lo que dejó a grandes capitales sin poder continuar o viendo ralentizado su proceso de acumulación.

Por un lado, las investigaciones de Microsoft sugieren que los desarrolladores puedan realizar tareas un 50 por ciento más rápido cuando se usa un asistente IA. Las empresas que ofrecen está tecnología pueden atraer a los desarrolladores a sus herramientas de codificaciones. Por otro lado, Amazon ha desarrollado una herramienta de codificación de IA llamada Code Whisperer, y Meta también está trabajando en una para uso interno. En el que Apple está también en esa carrera[2].

Otro aspecto, directamente relacionado a la crisis de sobreproducción, es el efecto que puede generar esta nueva tecnología en la producción propia y de otras mercancías, con las que colabora a través de la robótica. Como todo gran avance científico, sirve para incrementar la productividad del trabajo, lo cual acelera la tendencia decreciente de la tasa de ganancia[3], cuando disminuye en la composición del capital su parte constitutiva variable -los obreros- cuya fuerza de trabajo valoriza las mercancías.

Al incrementar la productividad con nuevas tecnologías, los capitalistas prescinden de una porción de la fuerza de trabajo que hasta entonces explotaban, despidiendo trabajadores. Esta reducción hace descender la plusvalía, ya que el capital variable es menor en relación a las maquinarias, es decir al capital constante, que no crea ningún valor.

Para resolver esta contradicción, que se produce siempre que los capitalistas incorporan nuevas tecnologías, con el propósito de producir más que antes, sus gobiernos y tecnócratas deben, sí o sí, imponer un aumento en la explotación obrera.

Este incremento, se concreta rebajando sueldos o aumentando los ritmos productivos -flexibilización laboral- no se puede imponer de manera eficaz en las actuales circunstancias, porque la clase trabajadora, en general, está atravesando un período de ascenso en sus luchas que lo impide. Además, las instituciones que deberían lograr esa meta, están en crisis, debido a la crisis general de los regímenes.

Si bien este proceso de incorporación de nuevas tecnologías, está proyectado para el mediano o largo plazo, que en general es apreciable tomando varios ciclos de acumulación de capital, en medio de una crisis como la actual se hace más visible -para los capitalistas- entonces, estos tratan de frenarlo, ralentizando el desarrollo tecnológico.

En definitiva, de lo que se trata, es que estamos frente a una nueva situación, probablemente frente a una de las peores, probablemente la peor de su historia, para la burguesía de conjunto. Una realidad que está dando lugar al surgimiento de una nueva relación de fuerzas entre las clases, lo que desde el marxismo denominamos situación prerrevolucionaria, que es el preludio de grandes insurrecciones obreras y populares.

Ante esa realidad, los capitalistas más grandes, los más lúcidos, los mismos que pretendieron utilizar la pandemia para imponer un cambio contrarrevolucionario, a través de los encierros masivos, ahora son más que precavidos. Por eso, mientras se preparan para enfrentar las rebeliones, como la que ya está explotando en Francia, desalientan la inversión en cuestiones que, hoy por hoy, les pueden resultar altamente negativas, no redituables desde el punto de vista de los ingresos.

Los revolucionarios y las revolucionarias debemos profundizar nuestro análisis de la situación actual, teniendo en cuenta este tema, que es, en definitiva, la expresión de la debacle catastrófica del sistema capitalista. Por eso, hoy más que nunca, tenemos que dotarnos del programa que nos sirva para agitar, con éxito, la necesidad de llevar adelante una Revolución, una Revolución Obrera, Socialista e Internacionalista.



[1] La Nación 04/04/2023

[2] Infobae 01/04/2023

[3] K. Marx, El Capital , Libro III.


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