Por Damián Quevedo
Finalmente se reunió la tan mentada “mesa política” del Frente de Todos, en la que se juntaron las fracciones del peronismo, entre las que se cuentan el Albertismo, el PJ oficial, el Kirchnerismo, el entorno del ministro de economía Sergio Massa, los burócratas sindicales y quién sabe cuántas bandas más.
El eje de convocatoria del encuentro,
era, en principio, la discusión sobre las elecciones, en concreto, la búsqueda
de que el presidente abandone la pretendida reelección, aunque de eso no hubo
noticias. Si se discutió, evidentemente no llegaron a ningún acuerdo y las
cosas continúan como antes de la reunión.
En el fondo, este ha sido un triunfo de
Alberto Fernández, ya que impuso su decisión de mantener la competencia interna
a través de las PASO. El kirchnerismo y el resto de las facciones están
contando cada posible voto para subir los magros porcentajes que le dan las
encuestas, para lo cual creen necesario reducir la nómina de competidores.
Esto demuestra la debilidad del peronismo
en su conjunto, ya que el actual presidente, en su peor momento, le pudo
imponer al resto un encuentro en donde reafirmó que no resignará su candidatura.
La reunión de la “mesa” fue, en definitiva, un adelanto del desastre, de
características catastróficas, que pueden ser las elecciones nacionales.
La reclamada mesa del Frente de Todos para
definir la estrategia electoral de cara al 2023 tuvo este jueves su primer
encuentro. En ella participaron, además de Larroque y Fernández, Máximo
Kirchner, Eduardo "Wado" De Pedro, Agustín Rossi, Juan Manuel Olmos,
Sergio Massa, Axel Kicillof, Pablo Moyano, Héctor Daer y otros representantes
de las distintas terminales pan peronistas.
El encuentro duró hasta la madrugada y tuvo un
documento final titulado "Democracia sin proscripciones. Unidad para
transformar", a tono con las acusaciones de Cristina Fernández de Kirchner
contra la justicia por el fallo en la causa conocida como Vialidad[1].
En ese marco, el peronismo, en su versión
FTD, no consiguió pactar la tregua buscada para las elecciones, ni tampoco, el súper
ministro Massa, pudo lograr que se avanzara con la implementación de algunas
medidas de consenso, para enfrentar la inflación, algo que tiene y seguirá
teniendo una influencia directa en las próximas elecciones.
Cumplir la promesa de baja de la inflación tiene
importantes derivaciones políticas. Para Massa podría ser la diferencia entre
ser o no candidato a presidente por el Frente de Todos. Y para eso precisa
resultados rápidos en materia inflacionaria, que hasta ahora no se le están
dando. Por ahora, su mérito es haber impedido una “espiralización” con peligro
de híper tras la salida de Martin Guzmán del ministerio de economía. Pero la
“desinflación” luce aún lejana.[2]
Los números oficiales de enero ya dieron
un 6%, lo que se aleja de los anuncios y las metas acordadas con el FMI., La canasta
básica total, que además de comida incluye otros rubros como indumentaria y
transporte, también subió 7,2%, por lo que una
familia tipo (dos adultos y dos niños) necesitó percibir ingresos por $163.538
para no ubicarse por debajo de la línea de pobreza[3].
Con la oposición patronal en medio de una
guerra y el peronismo muy lejos de tener una nueva chance en las
presidenciales, las elecciones pueden terminar siendo una “Caja de Pandora”,
una sorpresa enorme para todos y en cualquiera de los casos, la mayor
probabilidad es que agudicen la crisis del régimen.
La fragmentación de los partidos
patronales y la crisis crean la posibilidad de que la izquierda realice una
elección histórica. En ese sentido, el FITu debería poner el resultado al servicio
de construir una nueva dirección política y sindical de la clase obrera,
agitando con fuerza la necesidad de que las masas ganen las calles para acabar
con los ajustadores e implementar un cambio revolucionario de la sociedad.
Los parlamentarios socialistas tienen que
ubicarse a la altura de las circunstancias. Para eso, cada declaración o
actividad tiene que servir para que avancen las luchas, pero, sobre todo, para
sembrar desconfianza en las instituciones “democráticas” y el aparato represivo
de la burguesía, que son las herramientas que, hoy por hoy, utiliza la
burguesía para mantener su dominio.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario