Guerra interimperialista y guerra contra la clase obrera, las únicas alternativas que ofrece el capitalismo en crisis


Por Damián Quevedo

El proceso de recesión mundial actual es parte de un ciclo largo de crisis y estancamiento, un período mucho más prolongado que las crisis del capitalismo naciente. Marx describió en el siglo XIX, la existencia de ciclos de diez años de expansión y acumulación capitalista, que se frenaban a raíz de la imposibilidad de transformar la plusvalía o el trabajo excedente en ganancia, es decir de realizar la plusvalía con la venta de las mercancías. 

Esto implicaba un doble proceso de sobreproducción, de mercancías y de capital, cuyo volumen era mayor a la rentabilidad o a la tasa de ganancia obtenida. Estos ciclos de crisis periódicas se aceleraron en el siglo XX, con la transformación del capitalismo de libre competencia en capitalismo monopolista, en imperialismo. 

Esta transformación en absoluto significa la desaparición de la competencia entre capitales, al contrario esta se agudizó al punto de transformar las disputas comerciales en grandes guerras. Fueron necesarias para el capitalismo dos grandes guerras, 1914 y 1934, para destruir las fuerzas productivas suficientes, que permitieron un nuevo ciclo de acumulación capitalista. 

Desde fin de la segunda guerra mundial, las guerras de imperialistas de rapiña no cesaron, hoy el capitalismo atraviesa una crisis profunda, cuyas raíces debemos buscar en el crack del 2008. La explosión de la burbuja hipotecaria, atribuida en sus primeros estertores al resultado de la voracidad financiera de algunos especuladores, mostró -en una semana- la verdadera raíz, el proceso de sobreproducción de mercancías y sobre acumulación de capital, con la quiebra de General Motors. 

Centralmente es la interrupción del proceso de acumulación lo que constituye la crisis capitalista. Esto significa sobreproducción de medios de producción, medios de trabajo y medios de subsistencia, susceptibles de funcionar como capital, es decir, de ser empleados de explotar el trabajo hasta un cierto grado de explotación, ya que al descender este grado de explotación por debajo de cierto límite se producen perturbaciones y paralizaciones del proceso de producción, crisis y destrucción de capital[1]. 

Esto implica que el capitalismo tiene dos opciones para superar el estancamiento, la mencionada guerra, se puede decir que es el camino "clásico" para superar las crisis y es, parafraseando a Clausewitz, la continuación de la competencia capitalista por otros medios. La otra respuesta burguesa, es la profundización de la explotación de los trabajadores, llevándola a un grado que supere el capital acumulado hasta entonces, de manera tal de contrarrestar la caída de la tasa de ganancia. 

Entonces, el capital, para sobrevivir y superar la crisis actual, debe ir a la guerra de cualquier manera, una, de carácter inter imperialista -por un nuevo reparto de los mercados existentes- u otra, de manera brutal contra la clase obrera, para someterla a niveles de explotación nunca vistos. Esta última es la que se intentó, y fracasó, con el proceso de cuarentenas y restricciones, que, desde nuestra corriente, hemos denominado Contrarrevolución Covid. 

En cualquiera de los dos casos, los trabajadores seremos las víctimas de la recomposición capitalista, ya que un nuevo ciclo de acumulación tendrá lugar, solamente, sobre la sangre, el sudor y las lágrimas de millones de obreros. Es por eso, que desde la izquierda, junto con la vanguardia de la clase trabajadora, debemos plantear la necesidad de unir y coordinar las luchas, no solo para pelear por las reivindicaciones insatisfechas, lucha sindical, sino para elevar estos conflictos al plano político, bregando por la destrucción del capitalismo, que, de continuar, nos llevará a la barbarie.   



[1] K. Marx; El Capital, libro III.

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